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Claves para una calefacción más eficiente
Por Fabián Hormazábal P., Gerente de la unidad Ingeniería Térmica y Medio Ambiente DICTUC.
Ya se acerca el invierno y, por lo tanto, los meses más lluviosos y fríos en las ciudades del centro y sur de Chile. Sin embargo, como es habitual, desde hace algunas semanas ya comenzó la oferta de diversos equipos de calefacción domiciliaria en tiendas y centros comerciales.

En los edificios habitacionales y de oficinas probablemente ya se están preparando para “encender la calefacción central” o para comenzar a programar los termostatos del sistema de aire acondicionado en modo “Heat” o “Calor”. Frente a este escenario y las variadas opciones de calefacción surge la interrogante de cuál es la mejor alternativa. Una decisión que puede afectar tanto en lo económico, como a la salud y al medio ambiente.


La importancia de una buena aislación térmica

Este artículo no pretende resolver la inquietud antes mencionada, ya que “la mejor” opción no existe como tal. Sí se puede definir la alternativa más adecuada, pero depende de cada caso particular. Por ello, lo que es posible y se busca con esta columna es plantear algunos antecedentes y variables a tener en cuenta, al momento de escoger o utilizar un equipo o sistema de calefacción. Antes de continuar, siempre es importante recordar por qué se necesita utilizar artefactos, equipos o sistemas de calefacción, especialmente durante el invierno. Cuando el interior de una casa o edificio está a una temperatura mayor que la del ambiente externo, se producen pérdidas de calor a través de los muros, ventanas y también a causa del aire frío que pudiera ingresar al recinto. Frente a esto, es necesario utilizar un artefacto, equipo o sistema que compense dichas pérdidas, aportando calor y de esta manera mantener una temperatura constante al interior del inmueble, de modo que sus ocupantes o usuarios se sientan confortables. En este sentido, mientras menores sean las pérdidas de calor, menor será el requerimiento de calefacción y, por ende, disminuirá el consumo de energía asociado a producir el confort térmico para las personas. Para cumplir este objetivo, es fundamental que los recintos tengan una adecuada aislación térmica y que el ingreso de aire frío esté lo más controlado posible.

La aislación térmica de una vivienda u oficina tiene que ver, principalmente, con los materiales con que fue construida, lo que no es fácil ni económico modificar. Sin embargo, la aislación térmica también tiene relación con las superficies vidriadas, como lo son las ventanas o ventanales, ya que éstas facilitan que se produzcan pérdidas de calor, la cuales se pueden minimizar, reemplazando las ventanas corrientes por unas aislantes como termopaneles o con doble vidrio. Un dato práctico que no implica una gran inversión es procurar utilizar algún elemento que bloquee la pérdida de calor por las ventanas, como pueden ser cortinas aislantes tipo black out. Lo anterior permite que el consumo de energía disminuya y por ende aumente la eficiencia de calefacción.


Alternativas de calefacción

¿Qué alternativas existen en artefactos, equipos o sistemas para calefaccionar? En el caso de los hogares las opciones son múltiples. Sin embargo, existen ciertas tendencias que predominan dependiendo de la región del país. Según datos de la encuesta Casen 2015, mientras que en la región de Arica y Parinacota, en el 94% de los hogares (por razones obvias) no se utiliza energía para calefacción, en la región de Aysén en ese mismo porcentaje de viviendas se utiliza leña. En la región Metropolitana, el 51% de los hogares usa gas (licuado o natural), mientras que en la región de Magallanes este valor llega a 97%, debido al mayor acceso a gas natural. Si se analiza el tipo de energético por niveles de ingreso, la leña predomina en el quintil I (población más pobre) mientras que el gas lo hace en el quintil V (población más rica). En tanto, la parafina se distribuye relativamente pareja entre los distintos estratos socioeconómicos siendo utilizada en cerca del 13% de los hogares a nivel país.

Respecto de su impacto en la salud y el cuidado del medio ambiente, hay que distinguir entre equipos que producen emisiones al interior de los recintos calefaccionados, los que lo hacen hacia el exterior y los que no generan emisiones contaminantes. Desde este punto de vista, los que tienen menor impacto serían estos últimos (equipos eléctricos), seguidos de los que descargan sus productos de combustión hacia el exterior y cuyas emisiones sean bajas, como los equipos a gas seguidos de los a parafina. Mientras que los más contaminantes serían los a leña, los cuales descargan sus productos de combustión hacia el exterior.

En términos económicos, uno de los aspectos relevantes para lograr una calefacción más eficiente es siempre considerar el tamaño del espacio a calefaccionar, con el fin de adquirir un artefacto con una potencia adecuada, independientemente del tipo de energético que se utilice. Para espacios pequeños, en general se recomienda un equipo de menor potencia a uno de mayor que sería más eficiente en recintos más espaciosos. Mientras mayor potencia tenga un artefacto, mayor será su consumo por unidad de tiempo.

Asimismo, en relación a la eficiencia, las alternativas varían según aquellos equipos con potencia fija y aquellos que pueden variarla o que tengan incorporados termostatos o sistemas de control electrónico, ya que en general es posible adecuar su funcionamiento dependiendo de la temperatura que exista en la habitación. Del mismo modo, artefactos que tengan incorporado un ventilador permitirán obtener temperaturas más homogéneas dentro de una habitación y, por ende, consumir menos energía.

Para el caso de edificios de oficinas, es típico que los termostatos del sistema de aire acondicionado estén programados a una temperatura innecesariamente alta, lo cual se traduce en un aumento de consumo de entre un 5% o más por cada grado adicional. Otro error muy típico en oficinas es que un mismo termostato controle la temperatura de dos recintos distintos. De esta forma, si en uno de ellos hay más personas o llega más radiación solar, la temperatura deseada se alcanzará más fácilmente y el equipo de calefacción dejará de funcionar, aun cuando en el otro recinto la temperatura sea baja. Lo anterior produce el típico problema de encender y apagar el sistema o de subir y bajar la temperatura del termostato constantemente haciendo que el funcionamiento del sistema no sea óptimo.

En definitiva, frente a la disyuntiva de escoger la “mejor” opción de calefacción, la respuesta debe venir luego de un análisis de los factores y las situaciones particulares de cada caso para tomar la decisión correcta en lo económico, la salud y el medio ambiente.

Mayo 2017
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