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PLANIFICACIÓN URBANA
Clave para aminorar los efectos de marejadas y tsunamis

Después de las recientes amenazas provenientes del mar que ha sufrido el Gran Valparaíso, los profesores Marcela Soto y Jorge León, del Departamento de Arquitectura de la USM, evalúan posibles medidas para mitigar dichos efectos.

Las consecuencias de vivir junto al océano se han hecho sentir con fuerza este invierno. A las ventajas del paisaje y del turismo que otorgan el ser una región costera, se han sumado los graves daños en el borde costero que dejaron las marejadas que afectaron a la zona central de Chile este pasado agosto.

A esto se suma el recordatorio de que vivir junto al mar implica la posibilidad de ser afectados por un tsunami. En la V Región, así lo vivió la zona de La Boca en Concón, que fue afectada por un tsunami destructivo provocado por el movimiento sísmico grado 8,4 producido en el país el pasado 16 de septiembre.

¿Qué tan preparado está el Gran Valparaíso para resistir este tipo de fenómenos?
De acuerdo con Jorge León, profesor del Área de Territorio y Gestión del Departamento de Arquitectura de la Universidad Santa María, para prevenir los destrozos y tragedias que podría causar el avance del mar hacia la tierra, es necesario considerar estas ocurrencias como propias del ambiente.

“Nos falta entender que fenómenos como este son recurrentes”, explica el profesor León. “No son sorpresivos, han pasado infinitas veces en la historia ambiental y van a volver a ocurrir”. El arquitecto es claro al sostener que los tsunamis son una amenaza más importante que las marejadas que ya experimentamos, por su magnitud.

“Las marejadas, si bien son un fenómeno potente que genera una destrucción muy grande en la primera línea costera -que es lo que vimos en el caso de la Av. Perú y el restorán Tierra del Fuego en Viña del Mar-, tienen más o menos acotada la destrucción a ese primer frente. Con un tsunami, en cambio, los modelos muestran que habría penetración de agua varias cuadras hacia adentro de la ciudad”, indica.


Construcción preventiva y planificación

Frente a los riesgos que implica vivir junto al mar, existen diferentes formas de construcción y planificación urbana que se han desarrollado alrededor del mundo para mitigar sus efectos, explica el profesor Jorge León. Frente a los riesgos que implica vivir junto al mar, existen diferentes formas de construcción y planificación urbana que se han desarrollado alrededor del mundo para mitigar sus efectos, explica el profesor Jorge León.

Una alternativa es no construir junto a la costa, retirando el área urbana hacia el interior y lejos del alcance de las olas; otra opción, implica un tipo de arquitectura pensada para mitigar posibles daños, como construcciones “en altura” sobre un sistema de palafitos; y un tercer modelo, emplea “hardware countermeasures”, como rompeolas, diques o muros diseñados para contener la entrada del mar, método en el que el país líder es Japón.

“Todas estas medidas hay que entenderlas en un contexto de múltiples necesidades que compiten entre sí. Por ejemplo, el usufructo del borde costero, el derecho a la propiedad, y varios problemas que interactúan para poder implementar cualquier tipo de política a largo plazo”, manifiesta el experto.

Una alternativa diferente es la que plantea la profesora Marcela Soto, Coordinadora del área de Territorio y Gestión del Departamento de Arquitectura del Plantel.“Creo que hay dos escenarios posibles, que no se contraponen. Se debiera construir ciudad de forma asociada a la inminente relación con el sistema natural que implica a las marejadas, el tsunami, las bajadas del Marga Marga como cauce, y otros fenómenos naturales”, sostiene la profesora Soto.

De esta forma, considerando las características del sistema, en lugar de construcciones “permanentes” se debiera optar por otras más flexibles o “fusibles”, que puedan recibir los daños de, por ejemplo, las marejadas, y ser reemplazadas fácilmente.

“Hay que pensar en usos temporales, que se pueden dar en temporadas estivales, y no usos que duran todo el año, como si las condiciones se mantuvieran igual”, señala la arquitecta. “En el borde costero se podrían levantar estructuras livianas, porque de seguro en dos o cuatro años se van a perder. La inversión que se hace en uso liviano no es la misma efectuada al poner un hotel o un restorán que está hecho de hormigón armado”, añade.

Asimismo, los profesores Soto y León plantean que, considerando las necesidades de la región y sus características, una solución muy adecuada pasaría por evitar la densidad urbana en las zonas de alto riesgo, disponiendo de espacios públicos, como parques, que actuaran como “colchón” frente al avance de las olas en caso de marejadas y tsunamis.

“Se podría haber hecho un espacio público que mitigara el riesgo con un buen diseño”, señala el profesor León. “Hay ejemplos de eso, donde entendiendo que se está en un lugar vulnerable, se usa el espacio público para generar protecciones a la infraestructura que interesa cuidar”, explica el arquitecto.

“No tenemos capital para construir algo como los muros de Japón. Somos un país que debiera tener parques”, agrega la profesora Soto.

Sin duda, una forma de aprovechar las presentes circunstancias, en las que será necesario reconstruir el borde costero -especialmente en Viña del Mar- después de la destrucción causada por las marejadas de agosto, sería el reconstruir siguiendo un modelo que vaya en más armonía con las características y los riesgos de la costa.

“Capacidad técnica tenemos, lo que falta es consciencia política”, indica al respecto Marcela Soto.

“Lo ideal sería que esos proyectos de reconstrucción o reparación estuvieran listos para ser ejecutados cuando se dé la ventana de oportunidad, porque requieren un gran proceso político para ejecutarlos. Ese proceso político, si no está la solución técnica lista, se entrampa aún más, y lo hace menos viable”, finaliza Jorge León.


Fuente:USM.
Octubre 2015
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