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El crecimiento del comercio electrónico y de las entregas a domicilio ha aumentado la relevancia de la última milla dentro de la cadena logística. Junto con mayores exigencias de rapidez y trazabilidad, esta etapa también enfrenta una creciente exposición a robos, pérdidas, fraudes y otras contingencias que pueden afectar tanto la continuidad operacional como la experiencia del cliente.
Frente a este escenario, la prevención adquiere un rol cada vez más importante. De acuerdo con un análisis de Colcom GPS, una gestión adecuada de los riesgos debe considerar la planificación de las operaciones, el monitoreo de los vehículos y la carga, el control de los recorridos y la capacidad de reaccionar oportunamente frente a situaciones anómalas.
Entre las buenas prácticas se encuentra definir previamente las rutas y zonas de mayor exposición, evitar detenciones innecesarias y mantener visibilidad sobre el desarrollo de cada viaje. Asimismo, contar con información actualizada de conductores, vehículos y entregas permite detectar desviaciones y tomar decisiones con mayor rapidez.
La tecnología también cumple un papel relevante. Herramientas de geolocalización, monitoreo en tiempo real y dispositivos asociados directamente a la carga permiten complementar el seguimiento tradicional del vehículo y elevar los niveles de control durante el trayecto.
Otro aspecto clave es establecer protocolos claros frente a incidentes, de modo que conductores, operadores y equipos de monitoreo conozcan cómo actuar ante una alerta o situación de riesgo. A ello se suma la importancia de capacitar periódicamente a quienes participan en la operación.
En un contexto en que la última milla concentra una parte cada vez más relevante de la actividad logística urbana, combinar prevención, tecnología, información y capacidad de respuesta aparece como una condición necesaria para avanzar hacia operaciones de distribución más seguras y confiables.
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