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Este miércoles 22 de julio entra en vigor la aplicación de aranceles del 25% decretada por Estados Unidos contra una parte de las importaciones de Brasil, mientras el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva estudia cómo responder a la nueva ofensiva comercial de la Administración de Donald Trump.
El gravamen es resultado de una investigación de la Oficina del Representante de Comercio de EE.UU. (USTR, por sus siglas en inglés), que concluyó que determinadas políticas brasileñas son "desleales" y perjudican los intereses de las empresas estadounidenses.
Entre esas prácticas incluyó el sistema de pagos automáticos PIX, las trabas para acceder a ciertos mercados brasileños, como el automovilístico o el de combustibles, la lucha contra la corrupción, las leyes de propiedad intelectual y la deforestación ilegal.
Se estima que el nuevo recargo afectará al 18% de las exportaciones brasileñas hacia Estados Unidos, aunque algunas asociaciones comerciales elevan el impacto a cerca de un tercio. Los productos más golpeados serán las máquinas industriales, el azúcar, el etanol, la madera y el calzado.
Sin embargo, Trump eximió del arancel a unos 2.100 productos importantes para el mercado estadounidense, como la carne, el café, el petróleo, las piezas para la fabricación de aviones, el jugo de naranja y las tierras raras.
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