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PROTECCIÓN CONTRA INCENDIOS
Del cumplimiento a la gestión del riesgo

Diseño, mantenimiento, capacitación y fiscalización fueron parte del debate en la Mesa de Conversación de Revista Negocios Globales. Especialistas analizaron las brechas de bodegas, centros de distribución e industrias, junto con las tecnologías disponibles y los desafíos que plantea la electromovilidad.

Disponer de un sistema contra incendios no significa estar preparado para una emergencia. Su efectividad depende del diseño, la instalación, el mantenimiento y las personas que lo operan. Este diagnóstico recorrió la Mesa de Conversación de Revista Negocios Globales, que reunió a especialistas en ingeniería, detección, extinción, protección pasiva, materiales y servicios.

Las intervenciones mostraron una preocupación compartida: cumplir una exigencia mínima no equivale a gestionar el riesgo. Para Carlos Vásquez, Gerente Comercial de Covisa, “falta una mejor gestión de los riesgos” que permita identificar amenazas, preparar la respuesta y recuperar la actividad después de un siniestro. El costo de una paralización y el tiempo de recuperación también deben considerarse al invertir.

Los avances son desiguales. La minería y las grandes compañías responden a mayores exigencias corporativas y de sus aseguradoras, mientras otras mantienen niveles básicos de protección. Pablo Araos, Gerente Comercial de Vighile, preguntó cuántas personas tienen un extintor en la cocina de su casa. Esa distancia entre reconocer el peligro y actuartomar medidas concretas también se observa en las pymes. Por eso, afirmó, “hay mucho trabajo por hacer”.


Diseñar antes de que el presupuesto se agote

La discusión condujo al lugar secundario de la protección contra incendios dentro de los proyectos. Marcelo León, Gerente Comercial de Grupo Almma, explicó que suele perder prioridad cuando el presupuesto se reduce. La consigna “tenemos que ahorrar” puede traducirse en menos dispositivos, cambios de componentes o productos de menor calidad, sin evaluar el conjunto.

Carlos Vásquez, COVISA.
Pablo Araos, VIGHILE.
Marcelo León, GRUPO ALMMA.
Mauricio Sepúlveda, BASH SEGURIDAD.
Carlos Cid, BASH SEGURIDAD.
Francesco Ognio, CODELPA CHILE.
Jonathan Hurtado, SIEMENS.
Álvaro González, ENLACE INGENIERÍA.
Claudio Orellana, KOALITION.
Jorge Oberg, FAYERE.
Miguel Lorca, KOALITION.
Ariel Guajardo, DIPROSEG.
Cristóbal De Quevedo, A33 RESCUE AND FIRE.
José Mena, HONEYWELL.
Alejandro Ovalle, CALL FIRE.

No basta con disponer de detección o supresión: hay que saber qué riesgos cubren. Mauricio Sepúlveda, Jefe de Estudios e Ingeniería de Bash Seguridad, observó que la protección suele percibirse como una imposición. Aunque se recomiende algo mejor, el cliente puede responder: “Esto es lo que tengo para gastar y eso es con lo que vamos”. El resultado compromete la reputación del instalador, pese a las restricciones impuestas al proyecto.

Carlos Cid, Representante Comercial de Bash Seguridad, recordó un centro de distribución cuyo sistema de protección debería haber comenzado a ejecutarse tres meses antes. La obra estaba casi terminada cuando se exigió incorporarlo, obligando a cotizar y construir con urgencia: “Quieren acotarte a un presupuesto determinado y la mala noticia es que lo quiero para ayer”, resumió.

La responsabilidad es compartida. Cid citó un proyecto asociado a sistemas BESS donde se pretendía utilizar un cable de menor calidad que el solicitado y que no era libre de halógenos. El proveedor alertó al mandante. El precio inicial no puede analizarse al margen de la seguridad ni de sus consecuencias operacionales.

La anticipación también es decisiva en protección pasiva. Francesco Ognio, Gerente de Marca de Codelpa Chile, explicó que los perfiles y espesores del acero condicionan las alternativas para proteger un galpón. Incorporar revestimientos con la obra terminada puede agregar un peso que la estructura no fue calculada para soportar. “Este problema viene cuando ya el galpón está hecho”, advirtió, insistiendo en considerar el fuego desde el origen.

La protección pasiva y los sistemas activos deben responder, por tanto, a una misma operación. Jonathan Hurtado, Portfolio Consulting Professional - SI Buildings de Siemens, propuso comenzar con un estudio de carga de fuego y reconocer los peligros de cada sector antes de seleccionar equipos. Distribuir detectores sobre un plano con una separación estándar no reemplaza ese análisis. En la misma línea, Carlos Cid añadió que el diagnóstico debe revisarse cuando cambia el almacenamiento: una bodega evaluada para ciertos productos puede recibir después pinturas u otras mercancías inflamables.

Carlos Vásquez relató que informar a un centro logístico que su empresa almacenaría baterías no generó una evaluación específica de la administración. Debieron adoptar sus propias medidas, reforzando la necesidad de definir responsabilidades y relacionar la infraestructura con los productos almacenados.

Al cambio en los productos se suma el crecimiento en altura. Álvaro González, Gerente Comercial de Enlace Ingeniería, mencionó rociadores para bodegas de hasta 16 metros, cuya aplicación depende de la carga combustible, la disposición del almacenamiento y los espacios entre racks. La capacidad del equipo debe evaluarse dentro del diseño completo.

González destacó además el papel de las constructoras en las primeras decisiones del mandante. A través de la Cámara Chilena de la Construcción, su empresa busca incorporar la seguridad desde esa etapa, cuando todavía se puede influir en la definición de la obra. Su punto de partida fue claro: “Protegemos a las personas”. Por eso, la protección contra incendios no puede ser una especialidad que se contrata después de resolver todo lo demás.


Normas que necesitan aplicación y continuidad

La conversación distinguió entre disponer de referencias técnicas y aplicarlas. Carlos Cid recordó las normas sobre almacenamiento, evacuación, protección personal, detección y extinción, y destacó el conocimiento recogido por la NFPA. Pablo Araos profundizó en la distancia entre esas referencias y su cumplimiento: “Si existen decretos hay que cumplirlos, y eso no se está cumpliendo hoy día”. Desde su experiencia en extintores, mencionó brechas en la aplicación del Decreto 44 del Ministerio de Economía y subrayó que las exigencias deben traducirse en revisiones, mantenimiento y servicios adecuados. “A nivel país nos falta una autoridad que regule todo esto”, complementó Claudio Orellana, Gerente de Operaciones de Koalition, diferenciando las normas técnicas de las exigencias obligatorias.

Orellana mencionó como referencia a la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC). Carlos Vásquez coincidió en que las sanciones favorecen el cumplimiento, aunque no resuelven todas las brechas. Se requiere una articulación que no dependa exclusivamente de lo solicitado por cada mandante o aseguradora.

Jorge Oberg, Director de Operaciones de Fayere, destacó las iniciativas de la Asociación Nacional de Protección Contra Incendios, ANAPCI Chile, y las instancias técnicas vinculadas al Instituto Nacional de Normalización (INN). Sin embargo, desarrollar una norma no basta para convertirla en una exigencia aplicable a todos los proyectos. Además, advirtió que “la normativa, muchas veces, es más lenta que la industria”, lo que dificulta responder a cambios en materiales, tecnologías y formas de almacenamiento.

La fragmentación también aparece en trámites de ampliación o regularización.

Miguel Lorca, Gerente General de Koalition, mencionó solicitudes sobre redes contra incendios que pueden surgir en gestiones con Aguas Andinas. Existen requerimientos en distintos ámbitos, pero falta una estructura que los articule. Su observación sobre el cumplimiento fue directa: “Lamentablemente aprendemos a punta de multa”. El desafío es que las medidas se adopten como parte de la gestión y no únicamente frente a una sanción.

Para Ariel Guajardo, Jefe de Servicios de Diproseg, la respuesta debe trascender las prioridades de cada gobierno: “Si no es política de Estado, nunca va a ser prioridad”. Vinculó la protección contra incendios al resguardo de las personas y de las comunidades que conviven con instalaciones industriales. Desde su experiencia minera, mencionó las preparaciones apresuradas ante inspecciones de Sernageomin: algunas empresas conocen sus brechas, pero reaccionan a la visita en lugar de mantener condiciones de seguridad permanentes.

Oberg advirtió además que faltan datos consolidados sobre incendios, causas y pérdidas económicas. Reunir antecedentes de organismos públicos, aseguradoras y Bomberos permitiría reconocer patrones, fundamentar inversiones y definir prioridades antes de un siniestro.


Formación y mantenimiento para sostener lo instalado

Marcelo León valoró la ingeniería disponible, pero observó que gran parte del conocimiento se adquiere mediante experiencia, cursos y diplomados. Recordó su formación en la Universidad de Chile para enfatizar la profundidad técnica de esta actividad. “Hay que legislar y hay que profesionalizar”, planteó, vinculando regulación y formación.

Hurtado destacó la necesidad de formación especializada y de distinguir una capacitación de una certificación profesional. Pablo Araos llevó esta brecha al trabajo de los prevencionistas de riesgos, quienes suelen participar en la selección de extintores y otros elementos de protección, pese a recibir pocos contenidos específicos sobre agentes, detección y extinción. “El problema parte en la casa de estudio”, señaló. A esa preparación insuficiente se suma una estructura de decisiones donde el presupuesto puede pesar más que el criterio preventivo. Para Araos, no basta con asignar responsabilidades: es necesario fortalecer los conocimientos y el respaldo que recibe esta área dentro de la organización.

Guajardo destacó la experiencia de prevencionistas que también son bomberos o rescatistas. Sin embargo, el conocimiento no debe concentrarse en una sola persona: la capacitación tiene que acompañar la operación, los cambios de personal y las modificaciones de la instalación.

Mauricio Sepúlveda señaló que muchas empresas solicitan mantenimiento solo cuando aparece una falla, pese a que un diseño bajo normas NFPA también exige atención posterior. “El sistema no se mantiene”, resumió Jonathan Hurtado. Ese deterioro puede obligar a reemplazar una solución completa que dejó de recibir seguimiento.

La rotación del personal agrega otra dificultad. Si la capacitación se concentra en un guardia, el conocimiento puede desaparecer con su salida. Sepúlveda relató que, incluso en su organización, una central fue desconectada porque emitía alertas por una falla y permaneció más de 20 días fuera de servicio: una molestia cotidiana terminó anulando la protección.

Las alarmas reiteradas también erosionan la confianza. Hurtado advirtió que, si una instalación se evacúa repetidamente por activaciones que no corresponden a una emergencia, las personas pueden dejar de reaccionar. Un diseño adecuado y un mantenimiento oportuno protegen tanto la disponibilidad del sistema como la credibilidad de sus señales. Álvaro González vinculó esta continuidad con la necesidad de “estar con el cliente final”: acompañarlo mediante contratos de mantenimiento y conservar el conocimiento de la instalación después de que se retira la constructora.


Información accesible cuando cada segundo cuenta

La respuesta tampoco puede depender de que esté presente quien habitualmente concentra los antecedentes. Ariel Guajardo cuestionó que, tras un incendio reciente en una empresa de productos químicos de Quilicura, la discusión se centrara en la ausencia del prevencionista. A su juicio, la información sobre productos, riesgos y procedimientos debía estar disponible para los equipos de emergencia, especialmente al manejar sustancias que requieren actuaciones diferentes.

Cristóbal De Quevedo, Gerente Técnico de A33 Rescue and Fire, amplió esta preocupación a la información operativa: “Todos los sistemas son parecidos, pero no son iguales”. Aunque dos instalaciones cumplan la misma normativa, sus salas de bombas, equipos y formas de operación pueden ser distintas. Durante una emergencia, desconocer dónde están o qué sectores abastecen dificulta la respuesta, sobre todo cuando se encuentran alejadas de los accesos o en lugares poco frecuentados.

De Quevedo propuso acceder desde un teléfono a registros visuales, planos y fichas técnicas, e incluso recorrer digitalmente una sala. Los antecedentes permiten preparar la actuación y apoyar inspecciones, sin desplazarse hasta cada dispositivo. La digitalización aporta valor cuando la información está actualizada y llega a quienes deben utilizarla.


Tecnologías que deben responder a cada riesgo

La disponibilidad de soluciones fue otro eje del encuentro. La conversación abordó detección de humo, llama, gases y temperatura, comunicación remota, materiales y extinción. El desafío es seleccionar alternativas adecuadas, integrarlas con la operación y dar a conocer sus prestaciones. José Mena, Ingeniero Especialista de Honeywell: “La detección temprana debe combinarse con sistemas integrados y mantenimiento periódico, para facilitar una respuesta oportuna y proteger a las personas y la continuidad operacional”.

Desde los materiales, Carlos Vásquez señaló que los compuestos utilizados en cables han mejorado y que la diferencia de costo entre conductores convencionales y alternativas libres de halógenos se ha reducido. Covisa, explicó, trabajó durante dos años en productos con mayores prestaciones frente al fuego. Su adopción depende también de que mandantes e instaladores evalúen los beneficios de seguridad y no solo el precio inicial.

Miguel Lorca presentó una tubería plástica de origen europeo para redes contra incendios, utilizada en hospitales y aeropuertos. Evitar trabajos con llama facilita intervenir recintos existentes, pero una solución probada puede enfrentar resistencia por desconocimiento. De ahí la importancia de explicar sus condiciones de aplicación.

La innovación también puede aportar información para la operación diaria. Jorge Oberg describió sistemas de detección de temperatura para grandes distancias, aplicables a correas transportadoras. Identificar un punto caliente permite advertir una anomalía antes de que se convierta en un foco de fuego y utilizar los datos para mantenimiento. La protección pasa así a ser una herramienta operativa, conectada a los centros de control, y no solamente un equipo que espera una emergencia.

Oberg mencionó además la supresión mediante aerosol condensado, que actúa sobre la reacción en cadena del fuego. Ariel Guajardo sumó espumas sin flúor, agentes limpios y monitoreo de extintores, con información sobre ubicación, temperatura y presión. Este seguimiento complementa, pero no reemplaza, las inspecciones y el mantenimiento. Pablo Araos destacó el desarrollo de extintores con ingeniería propia, como los de Vighile, así como la importancia de preservar sus especificaciones. Como sintetizó Claudio Orellana, “tenemos innovación, pero también tenemos eficiencia”, tanto en sistemas como en materiales.


Electromovilidad: un desafío que exige especialización

Las baterías de ion-litio introdujeron uno de los debates técnicos más intensos. Vehículos eléctricos, puntos de carga, patios de buses y sistemas BESS requieren analizar condiciones que no pueden tratarse como las de cualquier otro almacenamiento. Alejandro Ovalle, Gerente Comercial de Call Fire, mencionó propuestas para separar equipos con baterías dentro de estacionamientos y desarrollar cápsulas de carga orientadas a contener los efectos de una falla. “Es un tema que es nuevo”, señaló al referirse al desarrollo de estas respuestas.

Jorge Oberg y Jonathan Hurtado coincidieron en la complejidad de los eventos, aunque discreparon sobre la eficacia de determinados agentes y métodos de contención. El intercambio mostró la necesidad de distinguir entre detectar una anomalía, controlar sus efectos y evitar una reignición, sin presentar una única tecnología como respuesta universal. Oberg destacó también que una fuga térmica puede relacionarse con daños mecánicos, además de otras condiciones de falla.

La protección debe contemplar ubicación, separación y procedimientos. Mauricio Sepúlveda expresó preocupación por patios de transporte público y baterías próximos a viviendas. Francesco Ognio mencionó iniciativas para identificar vehículos eléctricos durante una emergencia. La recomendación fue evaluar cada aplicación con especialistas y mantener un plan que considere su entorno.


De la inversión inicial a una protección permanente

En el cierre, las recomendaciones volvieron a conectar las distintas etapas. Francesco Ognio insistió en comenzar desde la estructura del proyecto; Pablo Araos, en combinar almacenamiento adecuado, detección, extinción y mantenimiento. Jonathan Hurtado aconsejó “ponerse en manos de especialistas”, sin exigir que un usuario se convierta en experto en una materia ajena a su actividad principal. Carlos Vásquez añadió que inversionistas y usuarios deben considerar la calidad de los proveedores y la seguridad de las empresas a las que confían sus operaciones.

Esa responsabilidad también compromete a quienes ofrecen soluciones. Carlos Cid señaló que su empresa decide no participar en proyectos que no cumplen las condiciones mínimas y resumió el propósito de avanzar hacia “entornos más seguros”. El intercambio entre especialidades permite informar mejor a quienes deciden y compartir experiencias. Ariel Guajardo coincidió en que, además de competir, las empresas del sector pueden actuar como “aliados estratégicos” frente a un objetivo común.

La protección contra incendios exige continuidad entre diseño, instalación y mantenimiento. Para bodegas y centros de distribución, implica conocer el riesgo, disponer de información y sostener capacidades de respuesta. Así, la inversión pasa de ser un requisito de apertura a una condición permanente de seguridad para las personas y la operación.

Septiembre 2026
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