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TRANSPORTE Y GESTIÓN DE FLOTAS
Eficiencia, datos y sostenibilidad en una industria bajo presión

En una nueva Mesa de Conversación organizada por Revista Negocios Globales, importantes actores del sector abordaron los desafíos que enfrenta el transporte en Chile, en un escenario marcado por mayores costos, nuevas exigencias normativas y transición energética, donde avanzar hacia operaciones más eficientes, seguras, colaborativas y sostenibles se vuelve imprescindible.

La industria del transporte en Chile enfrenta un escenario especialmente desafiante. El alza del diésel, la transición normativa hacia Euro 6, el aumento de insumos como neumáticos y repuestos, y la presión por avanzar hacia operaciones más sostenibles están tensionando los modelos tradicionales de gestión de flotas. En este contexto, la conversación dejó en evidencia que la transición energética ya no puede analizarse solo desde la reducción de emisiones, sino también desde la continuidad operacional, la rentabilidad y la resiliencia logística del país.

Uno de los factores que más ha impactado al sector es el incremento de los costos operacionales. Juan Ramón Caulier, Subgerente Livianos y Electromovilidad de SKC, planteó que el aumento del diésel cambió el escenario para muchos transportistas, que hoy enfrentan dificultades para traspasar esos mayores costos a sus tarifas. En ese contexto, explicó, la electromovilidad comienza a ganar espacio no solo como una respuesta ambiental, sino también como una alternativa económica. “Hoy aparece el costo operacional, el TCO, y una operación eléctrica puede ser bastante más barata que una operación con diésel”, señaló.

Sin embargo, el impacto no se limita al combustible. Para Sven Ålund, Gerente General de Transportes San Gabriel, una de las mayores preocupaciones está en los efectos posteriores de esa alza, especialmente en insumos como neumáticos, repuestos y mantenciones. Si bien el aumento del diésel abrió ciertas conversaciones tarifarias con los clientes, estos costos de “segunda ola” son más difíciles de renegociar y golpean con especial fuerza a pequeños y medianos transportistas.

Juan Ramón Caulier, SKC.
Sven Ålund, Transportes San Gabriel.
Ricardo Martínez, VIVIPRA.
Orlando Villalobos, GAMA MOBILITY.
Pedro Peña, SOTRASER.
Aníbal Carracedo, GRANDLEASING CHILE.
Mabel Leva, CONECTA LOGÍSTICA.
Camila Toro, ENERLINK.
Javier Rivera, CONECTA LOGÍSTICA.
Pedro Bulnes, MOVENER.

A esta presión se suma el cambio tecnológico y normativo que vive el mercado de camiones. Ricardo Martínez, Gerente de Camiones Chevrolet de VIVIPRA, advirtió que la migración desde Euro 5 a Euro 6 también ha elevado los costos de adquisición, generando un periodo de incertidumbre y postergación de decisiones de compra. Aunque la electricidad aparece como una oportunidad por su menor costo operativo, sostuvo que la infraestructura de carga sigue siendo una barrera relevante.

La electromovilidad, por tanto, aparece como una alternativa cada vez más atractiva, pero no exenta de matices. Orlando Villalobos, Gerente Comercial de Gama Mobility, recordó que la operación eléctrica tiene una promesa válida de menores costos, pero debe probarse caso a caso. No todas las rutas, cargas ni modelos de servicio son aptos para electrificarse, por lo que el desafío está en identificar dónde esta tecnología realmente genera valor.

Esa visión fue compartida por otros participantes, quienes coincidieron en que el futuro del transporte no dependerá de una sola tecnología. Pedro Peña, Gerente de Electromovilidad y Nuevas Energías de Sotraser, sostuvo que Chile debe avanzar hacia una menor dependencia de los combustibles fósiles importados y abrir espacio a distintas alternativas energéticas. Electromovilidad, hidrógeno, GNL, generación solar, microgrids y almacenamiento pueden formar parte de una matriz más amplia, capaz de responder a distintas necesidades operacionales. “No creo que todo sea 100% eléctrico o 100% hidrógeno; va a haber un mix”, afirmó el ejecutivo.

Desde la perspectiva del financiamiento, Aníbal Carracedo, Gerente Comercial de GrandLeasing Chile, coincidió en que los vehículos eléctricos han ganado competitividad gracias a la entrada de nuevos actores, mejores autonomías y menores precios. No obstante, advirtió que la adopción exige revisar la operación completa: rutas, autonomía, puntos de carga, tiempos muertos, inversión en infraestructura y disponibilidad energética.

En una mirada más sistémica, Mabel Leva, Directora Ejecutiva de Conecta Logística, planteó que el actual escenario debe entenderse como una crisis, pero también como una oportunidad para acelerar cambios estructurales. A su juicio, la dependencia de una sola fuente energética deja en evidencia la baja resiliencia del transporte carretero frente a shocks externos. Por ello, avanzar hacia una matriz diversificada, mejorar la gestión de flotas e incorporar tecnología no solo responde a una agenda ambiental, sino también a la necesidad de fortalecer la continuidad de las cadenas de suministro.

Así, el diagnóstico compartido por la mesa fue claro: el transporte chileno está en un punto de inflexión. La presión de costos, las nuevas exigencias normativas y la agenda de sostenibilidad están obligando a repensar decisiones de inversión, modelos operacionales y estrategias energéticas.


Datos, infraestructura y colaboración: claves para acelerar la transición

El alza del petróleo no solo tensionó los costos del transporte, sino que también puso en vitrina alternativas que hasta hace algunos años eran vistas con mayor distancia por parte de la industria. En ese escenario, Camila Toro, Key Account Manager de Enerlink, señaló que el interés por la infraestructura de carga y la electromovilidad se ha acelerado, pasando desde una etapa de curiosidad a conversaciones más concretas. A su juicio, este avance exige tomar decisiones con buena información, entendiendo que no todas las operaciones pueden electrificarse de la misma forma ni al mismo ritmo.

En esa línea, la ejecutiva subrayó que la gestión de datos será fundamental para definir dónde instalar puntos de carga, cómo planificar rutas y qué tipo de energía utilizar según cada operación. La conclusión compartida por la mesa fue que el transporte avanzará hacia un mix energético, donde la electricidad tendrá un rol relevante, pero deberá convivir con otras tecnologías de acuerdo con las características de cada ruta, carga y modelo operacional.

Pedro Peña coincidió en que el alza del petróleo ha acelerado la transición, pero advirtió que eso no implica desestimar el diésel. Desde su perspectiva, los motores de combustión aún tienen puntos de eficiencia relevantes bajo ciertas condiciones operativas y, combinados con soluciones eléctricas, pueden entregar buenos resultados para los operadores logísticos. En ese sentido, planteó que la transición no será inmediata ni total, sino progresiva, con distintas tecnologías conviviendo durante varios años.

La necesidad de avanzar con datos concretos también fue reforzada por Javier Rivera, Director de Sostenibilidad de Conecta Logística, quien recordó que, según información disponible en Laboratorio Logístico, la inscripción de vehículos de baja emisión todavía representa menos del 1% del parque total. Este bajo nivel evidencia que aún faltan condiciones habilitantes para masificar la adopción, desde infraestructura y financiamiento hasta información pública que permita reducir la incertidumbre.

Para Juan Ramón Caulier, uno de los desafíos centrales es visibilizar la información disponible. Desde su experiencia en el Comité de Electromovilidad de ANAC, sostuvo que entregar data al mercado es clave para que empresas, clientes, ministerios, universidades y nuevos actores puedan tomar mejores decisiones. También destacó el rol de la infraestructura flexible como punto de partida para la adopción, comenzando con cargadores portátiles y avanzando gradualmente hacia soluciones más robustas, especialmente cuando las empresas cuentan con conexión trifásica disponible en instalaciones industriales.

Desde la experiencia del GNL, Sven Ålund planteó que la infraestructura y la información son condiciones indispensables para que cualquier tecnología alternativa pueda escalar. Si bien el GNL lleva cerca de siete años de desarrollo en Chile, explicó que todavía existen limitaciones de cobertura y masa crítica. La red actual ha permitido avanzar hacia el sur, pero aún falta conectar zonas como Copiapó, el norte del país e incluso corredores binacionales.

Otro punto crítico es el financiero. Orlando Villalobos explicó que cualquier desarrollo tecnológico necesita entregar certezas mínimas de rentabilidad a quien invierte. En el caso de los vehículos eléctricos livianos, una de las mayores incertidumbres ha sido el valor residual, es decir, cuánto valdrá el activo al término del contrato o del ciclo de uso. Aníbal Carracedo coincidió en que la falta de información sobre valor residual elevó inicialmente las tarifas de los vehículos eléctricos, aunque el retorno de las primeras unidades usadas está comenzando a generar referencias más concretas para el mercado.

La mirada colaborativa fue reforzada por Pedro Bulnes, Gerente General de Movener, quien planteó que la transición tecnológica exige una industria más abierta y coordinada. A su juicio, por años las empresas de transporte fueron muy cerradas respecto de su información operacional, pero el desarrollo de nuevas tecnologías requiere compartir aprendizajes, articular esfuerzos y avanzar en definiciones comunes. Esto es especialmente relevante en infraestructura, donde una estación de GNL o una electrolinera para flotas de camiones implica inversiones relevantes y requiere niveles de utilización que muchas veces una sola empresa no puede asegurar.

Bulnes también advirtió que la falta de estandarización puede transformarse en una barrera para el desarrollo. En el caso de los conectores de carga, por ejemplo, la coexistencia de distintos estándares puede afectar la operación, la reventa de activos y la confianza de quienes invierten. Por ello, llamó a que operadores, proveedores de tecnología, empresas de servicios e instituciones trabajen de manera más coordinada para construir bases comunes y reducir la incertidumbre.

Desde Conecta Logística, Mabel Leva retomó el punto de los datos como una condición estructural para avanzar. Recordó que, en conversaciones previas con actores del sector, una de las principales razones para no ampliar flotas eléctricas era la falta de información: existía temor por la autonomía, por quedarse sin carga y por el valor de reventa. Esa brecha dio origen a experiencias como Electrologística, donde distintas marcas pusieron vehículos a prueba con empresas, bajo el compromiso de compartir datos abiertos sobre su operación.

Finalmente, Caulier puso sobre la mesa otro elemento relevante: el rol de las baterías en el valor futuro de los vehículos eléctricos. Explicó que una parte importante del costo del vehículo está en la batería, por lo que conocer su estado de salud será determinante para construir modelos de retoma, segunda vida y almacenamiento energético. En vez de mirar las baterías usadas solo como un riesgo, planteó que pueden convertirse en una oportunidad, especialmente en el marco de la Ley REP y del desarrollo de soluciones de almacenamiento de energía.

Así, la transición hacia un transporte más sostenible no depende únicamente de sumar vehículos eléctricos o nuevas tecnologías. Requiere información abierta, infraestructura disponible, estándares claros, colaboración entre actores, modelos financieros viables y una red que entregue confianza a quienes están dispuestos a invertir e innovar.


La data existe, el desafío es usarla bien

En una industria que ya cuenta con telemetría, conectividad y plataformas de gestión, el debate no está solo en generar información, sino en transformarla en decisiones útiles para reducir costos, mejorar seguridad, optimizar mantenimiento y avanzar hacia flotas más eficientes.

Tras abordar el hidrógeno y sus desafíos de homologación, la conversación volvió a un punto transversal para la gestión moderna de flotas: el uso de los datos. Ricardo Martínez planteó que, si bien existen empresas con sistemas de control de gestión avanzados, una parte importante del transporte —especialmente en actores medianos o más atomizados— aún no utiliza de manera sistemática la información disponible. A su juicio, la telemetría solo genera valor cuando permite optimizar el TCO, controlar costos operacionales y tomar mejores decisiones.

Mabel Leva amplió la mirada y planteó que esta brecha no es exclusiva del transporte, sino también un desafío país. Desde su experiencia trabajando con generadores de carga, señaló que muchas empresas tienen dificultades incluso para encontrar, ordenar o comprender sus propias bases de datos.

Por eso, antes de hablar de inteligencia artificial o analítica avanzada, advirtió que todavía existe un problema básico de gobernanza, calidad y disponibilidad de la información.

La conversación también mostró que, cuando la data se utiliza correctamente, puede convertirse en una herramienta concreta de valor. Desde la telemetría de buses y camiones, Juan Ramón Caulier explicó que es posible demostrar reducciones de huella de carbono, menor consumo de lubricantes, disminución de mantenciones y otros beneficios operacionales. Más que un respaldo técnico, estos indicadores permiten justificar inversiones, defender contratos y visibilizar el impacto real de nuevas tecnologías.

Pedro Bulnes coincidió en que la toma de decisiones basada en datos aún no es una práctica extendida en Chile. Desde su experiencia, afirmó que las empresas que mejor aprovechan la información son las que logran mayor competitividad. Sin embargo, también advirtió que la información por sí sola no basta: debe traducirse en recomendaciones prácticas para los conductores y en mejoras visibles para la operación. El dato, para ser útil, debe bajar al terreno.

Desde el ámbito de la infraestructura energética, Camila Toro planteó la necesidad de avanzar hacia una mayor estandarización. En operaciones con infraestructura pública, explicó, existen requerimientos específicos para que la información circule hacia repositorios definidos.

En el mundo privado, en cambio, aún falta acordar qué datos se deben reportar, bajo qué parámetros y cómo esa información puede procesarse para apoyar decisiones replicables en otras empresas.

Aníbal Carracedo agregó que, para muchas empresas medianas o transportistas menos formalizados, gestionar datos todavía se percibe como un costo y no como una inversión. Por eso, planteó que existe una oportunidad para entregar analítica como servicio, permitiendo que actores más pequeños accedan a capacidades de gestión sin tener que incorporar necesariamente un equipo interno especializado.

El debate derivó también hacia el capital humano. Mabel Leva sostuvo que no basta con incorporar jóvenes con habilidades digitales: también se requiere una capa intermedia de mentores que sepa orientar el análisis y traducir los datos en problemas reales de negocio. Pedro Bulnes reforzó esa idea desde la práctica, señalando que los perfiles técnicos y analíticos necesitan vivir la operación, subirse al camión, conocer la faena y entender la realidad del conductor para que el dato no se transforme en ruido, sino en una herramienta útil.

Así, el consenso fue claro: la gestión de flotas ya genera enormes volúmenes de información, pero el verdadero desafío está en profesionalizar su uso, depurar los indicadores, formar talento y transformar la data en decisiones concretas. En un escenario de mayores costos, nuevas tecnologías y presión por eficiencia, los datos aparecen como una condición habilitante para avanzar hacia un transporte más competitivo, seguro y sostenible.


Sostenibilidad: cuando la última línea sigue mandando

Aunque la sostenibilidad gana espacio en la agenda del transporte, su adopción sigue dependiendo de variables concretas: costo, continuidad operacional, certeza tecnológica y exigencias del mandante.

Desde la mirada de Mabel Leva, salvo algunas empresas con metas corporativas claras —especialmente compañías internacionales sujetas a estándares globales—, la sostenibilidad aún aparece como una variable secundaria frente a otros criterios de decisión. En la práctica, sostuvo, las empresas priorizan soluciones que permitan reducir costos, mejorar seguridad y asegurar continuidad; si además disminuyen emisiones, ese atributo se valora, pero no siempre define la compra.

En esa línea, Aníbal Carracedo planteó que muchas veces el avance depende del mandante. Si la empresa contratante cuenta con una estrategia de sostenibilidad clara y exige ciertos estándares, el transportista debe adaptarse. Sin embargo, advirtió que también existen casos donde la sostenibilidad se aborda de manera más superficial, con iniciativas aisladas que no necesariamente transforman la operación.

La brecha también aparece en los indicadores. Javier Rivera señaló que, de acuerdo con mediciones del Barómetro Logístico, la medición de huella de carbono ha aumentado en los últimos años, pero aún se mantiene en niveles acotados. Esto refleja que la sostenibilidad avanza, pero todavía no alcanza una adopción masiva dentro del sector.

Para Sven Ålund, además del costo, la certidumbre es una barrera relevante. La incorporación de tecnologías como el GNL, por ejemplo, exige confianza en que la solución funcionará de manera estable durante toda la operación. Si existe incertidumbre sobre su desempeño, disponibilidad o continuidad, muchos clientes prefieren no asumir el riesgo, incluso cuando la alternativa puede ofrecer beneficios ambientales u operacionales.

Ricardo Martínez reforzó que la “última línea” sigue mandando. Desde su experiencia, incluso cuando las marcas impulsan nuevas tecnologías o normas más exigentes, como Euro 6, el incremento de costos genera resistencia. Por eso, sostuvo que la sostenibilidad debe incorporarse como parte de la propuesta de valor del producto, acompañada de información clara, educación al cliente y herramientas que permitan demostrar beneficios concretos en operación, conducción y eficiencia.

Así, la sostenibilidad aparece como una tendencia inevitable, pero su adopción todavía exige resolver una ecuación práctica: costo competitivo, certeza operacional, infraestructura disponible y beneficios medibles para el transportista y el mandante.


Seguridad: una prioridad que debe permear a toda la cadena

La seguridad fue otro de los temas críticos del cierre de la conversación. Si bien la industria ha avanzado en tecnología, datos y nuevas fuentes energéticas, los participantes coincidieron en que la seguridad operacional sigue siendo una preocupación central, especialmente en actividades de alto riesgo y operaciones intensivas.

Desde la experiencia de Pedro Bulnes, la minería representa un caso particular, ya que en este sector la seguridad puede pesar más que el costo en la decisión de compra. Explicó que ciertas soluciones tecnológicas permiten complementar el desempeño del motor a combustión en condiciones complejas, como frío, barro, lluvia, nieve o pendientes exigentes, entregando mayor potencia y seguridad al conductor. Además, destacó el uso de software con inteligencia artificial que actúa como copiloto, entregando alertas y recomendaciones que ayudan a mejorar la conducción y reducir riesgos.

Sven Ålund coincidió en que la minería prioriza de forma más clara la seguridad, pero advirtió que en otros sectores todavía falta mayor conciencia sobre los riesgos del transporte. Señaló que, en algunas operaciones, los tiempos exigidos por los clientes pueden tensionar las condiciones de seguridad, especialmente cuando se trata de rutas largas, cargas pesadas y ventanas horarias muy ajustadas.

En ese contexto, planteó que la seguridad debe trabajarse como una responsabilidad de toda la cadena y no solo del transportista. Los estándares de velocidad, los tiempos de entrega, la presión operacional y las condiciones reales de ruta deben ser parte de la conversación con los mandantes, porque inciden directamente en el riesgo.

El cierre dejó una idea clara: eficiencia, sostenibilidad y seguridad no pueden analizarse por separado. La transición hacia flotas más modernas requiere tecnologías disponibles, datos útiles, costos viables y una cultura operacional capaz de poner la seguridad al centro de la toma de decisiones.

Junio 2026
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