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COMBUSTIBLES AL ALZA
La presión estructural que está redefiniendo la logística en Chile

El alza sostenida del diésel dejó de ser una variable coyuntural para convertirse en una condición estructural que está tensionando a toda la cadena logística. Más que un incremento puntual de costos, se trata de un cambio de escenario que obliga a operar con mayor precisión, eficiencia y capacidad de anticipación.

Hoy, el combustible ya no es solo un insumo: es un factor crítico que redefine la competitividad. En este contexto, el transporte —uno de los componentes más intensivos dentro de la logística— amplifica el impacto. El diésel puede representar entre un 30% y un 40% de los gastos de transporte, lo que hace que cualquier variación se traslade rápidamente a tarifas, distribución y precios finales. “Actualmente, el costo del diésel se ha convertido en uno de los principales obstáculos para la eficiencia logística”, advierte Alfredo Iturrieta, jefe disciplinar de Logística del Instituto Profesional IACC.


Eficiencia como exigencia

El impacto no es homogéneo. Las pymes —y especialmente los transportistas independientes— enfrentan una exposición mayor, donde cada variación en el precio del combustible impacta directamente en su operación diaria y en sus márgenes. “El problema no es únicamente económico, sino también estratégico: la baja eficiencia energética en operaciones logísticas amplifica la exposición a la volatilidad de precios”, explica Lorenzo Reyes, decano de la Facultad de Ingeniería y Negocios de la Universidad de Las Américas.

En la práctica, cada ineficiencia —cada kilómetro innecesario, cada carga mal planificada— tiene hoy un costo significativamente mayor. Por lo mismo, el desafío ya no es solo seguir operando, sino hacerlo de forma eficiente para sostener la actividad en un entorno cada vez más exigente.

En esa línea, la respuesta del sector ha sido avanzar hacia una logística más inteligente, donde la tecnología y los datos permiten anticiparse en lugar de reaccionar. Herramientas como TMS, ERP, GPS y analítica avanzada están permitiendo monitorear operaciones en tiempo real, optimizar recursos y proyectar escenarios, elevando el estándar de gestión. “No basta con operar mejor: el desafío es anticiparse”, plantea Iturrieta.

Alfredo Iturrieta, Jefe Disciplinar de Logística del Instituto Profesional IACC.
Lorenzo Reyes, Decano de la Facultad de Ingeniería y Negocios de la Universidad de Las Américas.
Gonzalo Labbé, Gerente General de DAF Chile.
Richard Studer, Coordinador de Posventa de Camiones Chevrolet.
Diego Mendoza, Secretario General de ANAC.

Los resultados son concretos: la optimización puede reducir entre un 10% y un 25% los costos de transporte, mientras que mejoras en eficiencia energética pueden superar el 25% en reducción de consumo. A esto se suma una gestión de inventarios más precisa, donde mejores modelos de pronóstico permiten reducir sobrestock, evitar quiebres y disminuir costos asociados a almacenamiento y urgencias operativas.

Sin embargo, estas mejoras tienen un límite y están dando paso a transformaciones más profundas en el diseño logístico.


Tecnología y renovación

El alza sostenida de los combustibles está impulsando cambios estructurales. Acercar centros de distribución, optimizar la última milla y reducir distancias recorridas se vuelve clave para disminuir la dependencia del diésel. A esto se suma la incorporación progresiva de flotas más eficientes.

En este contexto, la entrada en vigencia de la normativa Euro 6 en 2026 marca un punto de inflexión. Más allá de su impacto ambiental, esta tecnología permite optimizar el consumo de combustible, mejorando directamente la rentabilidad del transporte.

En el caso de los camiones DAF, sus motores PACCAR MX-13 han sido desarrollados con ese foco, permitiendo ahorros de hasta un 10% en consumo frente a tecnologías anteriores. “La eficiencia no es solo un número: es una herramienta concreta para enfrentar mejor estos escenarios”, señala Gonzalo Labbé, Gerente General de DAF Chile.

A esto se suman otras soluciones disponibles en el mercado, donde mejoras en motorización, sistemas de inyección y transmisión permiten reducciones aún mayores. “En condiciones comparables, un camión Euro V puede promediar en torno a 6,5 km/l, mientras que un Euro VI puede alcanzar entre 8,5 y 9 km/l”, explica Richard Studer, coordinador de Posventa de Camiones Chevrolet con tecnología Isuzu.

Esto puede traducirse en ahorros de hasta un 30% en consumo, impactando directamente en los costos operativos y en la sostenibilidad del negocio.

En este escenario, la renovación de flota deja de ser una decisión exclusivamente técnica o ambiental, para transformarse en una estrategia de continuidad operacional. El transporte de carga en Chile depende en más de un 97% del diésel, por lo que cualquier mejora en eficiencia tiene un impacto directo en la estabilidad del negocio.

“Sabemos que detrás de cada camión hay una familia, un esfuerzo y una historia. Este es un momento difícil para muchos transportistas, y por eso creemos que la tecnología tiene que ser un apoyo real en su día a día”, agrega Labbé.


Incentivos y transición

En paralelo, el debate comienza a incorporar con mayor fuerza el rol de los incentivos para acelerar este proceso. Desde la Asociación Nacional Automotriz de Chile (ANAC) plantean que la transición hacia tecnologías más eficientes requiere condiciones que faciliten el acceso, especialmente para los actores más pequeños del sistema.

“Sabemos que cada alza de la bencina golpea directamente el presupuesto de las familias y de miles de trabajadores. Como gremio queremos aportar con ideas que permitan reducir el gasto en combustible y facilitar el acceso a vehículos más eficientes”, señala Diego Mendoza, secretario general de ANAC.

Entre las propuestas destacan incentivos a la renovación de flotas hacia tecnologías como Euro 6, así como medidas para facilitar el acceso a vehículos eléctricos e híbridos, reduciendo su carga tributaria y costos de circulación.

El objetivo es doble: aliviar la presión inmediata de costos y, al mismo tiempo, avanzar hacia un sistema de transporte más eficiente y sostenible. Considerando que más del 90% de la carga en Chile se mueve por vía terrestre, el impacto de estas medidas es directo sobre la competitividad del país.

“Es clave que las políticas públicas se orienten a aliviar el gasto diario y a construir un sistema de transporte más justo y sostenible”, concluye Mendoza. El escenario actual deja una conclusión clara: la gestión energética pasó a ser un componente central de la estrategia logística. Desde la optimización operativa hasta la incorporación de nuevas tecnologías, el uso de datos y el rediseño de redes, las empresas están internalizando que la eficiencia energética no es solo una variable de costo, sino un factor estructural de competitividad.

“Las pymes que realicen una gestión energética inteligente no solo mitigarán el impacto inmediato, sino que fortalecerán su competitividad en un entorno cada vez más exigente”, indica Reyes. En este nuevo escenario, la diferencia ya no estará en quién transporta más, sino en quién lo hace mejor: con menor consumo, mayor visibilidad y una operación capaz de adaptarse a un entorno donde la incertidumbre energética dejó de ser una excepción para convertirse en regla.

Abril 2026
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