Héctor Chávez, académico del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Usach; y Camilo Basay, docente de la Escuela de Ingeniería y Recursos Naturales de Duoc UC.
En un contexto de mayores exigencias operacionales y presión sobre los costos energéticos, la gestión de la demanda eléctrica —especialmente en horas punta— se ha convertido en un factor crítico no solo para centros de distribución y bodegas, sino para operaciones intensivas en energía a lo largo de distintas industrias, desde la logística y las operaciones portuarias hasta sectores como alimentos, agroindustria y minería, donde la continuidad operacional y la eficiencia de costos dependen cada vez más de cómo se gestiona el consumo eléctrico.
Héctor Chávez, académico del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Usach, explica que los centros de distribución concentran una demanda importante en la tarde-noche, principalmente por la iluminación interna, coincidiendo con el período punta. “Esto hace que los consumos presentes en horario punta sean significativos en cuanto a la facturación eléctrica”, advierte.
A este escenario se suma una barrera relevante: la complejidad de la facturación eléctrica. Según Chávez, este factor dificulta analizar el impacto de modificar los perfiles de consumo, lo que limita la exploración de estrategias como el recorte en punta, pese a su potencial económico.
Una estructura tarifaria que amplifica el impacto
Camilo Basay profundiza en el contexto regulatorio y su impacto en la operación. Explica que en Chile las horas punta —entre 18:00 y 22:00, principalmente entre abril y septiembre— incorporan cargos por potencia que se calculan en base a las mayores demandas registradas y se prorratean durante el año. “Un peak de demanda en invierno se traduce en un sobrecosto repartido en 12 meses, impactando directamente en el costo por pallet o pedido despachado”, señala.
En este marco, la interacción entre energía (kWh) y potencia (kW) se vuelve un factor crítico en la estructura de costos. Basay advierte que incluso peaks breves pueden transformarse en costos fijos relevantes, afectando la competitividad de la operación.
Desde otra perspectiva, Héctor Chávez advierte que la propia complejidad de la facturación eléctrica es una barrera relevante, ya que dificulta analizar el impacto de modificar los perfiles de consumo y, con ello, limita la exploración de estrategias de gestión de demanda.
A esto se suman brechas persistentes, como la falta de monitoreo detallado de la curva de carga, el desconocimiento de herramientas normativas disponibles y una baja integración de la variable energética en la planificación logística, lo que restringe la capacidad de anticiparse y gestionar de manera eficiente estos impactos.
Estrategias en evolución
Bajo estas condiciones, las empresas han comenzado a adoptar distintas estrategias para gestionar su consumo energético de manera más eficiente. Chávez señala que tradicionalmente se han utilizado generadores diésel con tableros de transferencia para desconectar procesos de la red en horario punta y llevar la demanda a cero, una práctica que ha permitido contener costos en determinados contextos. Sin embargo, las crecientes exigencias regulatorias, especialmente en entornos urbanos, han impulsado la incorporación de alternativas más sostenibles, como sistemas de almacenamiento basados en baterías.
Basay complementa que hoy se observa una evolución hacia estrategias más integrales, que combinan gestión operativa, optimización tarifaria y tecnología.
Entre ellas destacan la reprogramación de consumos intensivos fuera del bloque punta, el “corte de punta” como herramienta de control de demanda, y la incorporación de soluciones como BESS y sistemas fotovoltaicos con control de demanda. Este enfoque permite avanzar desde acciones puntuales hacia una gestión energética más estructurada, alineada con los objetivos de eficiencia y continuidad operacional.
Del respaldo a la gestión activa
En este contexto, el rol de los grupos electrógenos también está cambiando. Si bien históricamente han sido utilizados como respaldo ante cortes de suministro, hoy comienzan a posicionarse como una herramienta activa de gestión de demanda, incorporándose de manera más estratégica en la operación energética de las empresas. Basay explica que estos equipos pueden operar estratégicamente en horas punta para reducir la potencia demandada desde la red, incluso integrándose con baterías y sistemas de control automatizado que permiten definir cuándo y cuánto generar. De esta forma, dejan de ser un recurso reactivo y pasan a formar parte de una gestión más planificada, orientada a optimizar costos sin comprometer la continuidad operacional.
Dónde están las mayores oportunidades de gestión
Respecto a los sectores con mayor potencial, Chávez identifica oportunidades en retail y centros de distribución, debido a su alta demanda en horario punta, especialmente asociada a la iluminación y a la intensificación de la operación en la franja vespertina. En contraste, señala que los packings de frío presentan peaks diurnos, por lo que el beneficio en este ámbito es menor en términos de gestión de demanda en punta.
Basay coincide en el alto potencial en centros de distribución y retail, sumando también cámaras de frío y operaciones con alta actividad vespertina, donde los consumos son elevados, relativamente predecibles y, en muchos casos, técnicamente gestionables. En este tipo de operaciones, la combinación de generación propia o soluciones híbridas permite abordar de forma más eficiente los peaks de demanda, con impacto directo en la estructura de costos energéticos.
Evaluación financiera y toma de decisiones
Desde el punto de vista económico, Chávez plantea que la evaluación requiere modelar el perfil de potencia y su impacto en la tarifa, lo que implica analizar al menos un año de operación para obtener predicciones precisas y capturar adecuadamente las variaciones estacionales de la demanda.
Basay agrega que este análisis debe incorporar datos de alta resolución, simulación de escenarios y evaluación de indicadores como VAN, TIR y payback, considerando tanto costos de inversión como de operación. De esta forma, las decisiones dejan de basarse en estimaciones generales y pasan a sustentarse en modelos que reflejan el comportamiento real de la operación y del sistema tarifario.
Integrar la energía en la logística
Ambos expertos coinciden en que el primer paso es comprender el perfil de consumo. Chávez recomienda analizar el comportamiento de la potencia a partir de datos de medición, mientras que Basay enfatiza la necesidad de integrar la variable energética en decisiones logísticas como turnos, layout y automatización, incorporándola como un criterio más dentro del diseño operativo.
En un entorno donde la eficiencia operativa está cada vez más ligada al uso inteligente de la energía, los grupos electrógenos dejan de ser una solución de respaldo para consolidarse como un componente estratégico dentro de la operación logística, aportando flexibilidad y capacidad de gestión frente a escenarios de mayor exigencia.
En esta línea, la evolución hacia una gestión más activa de la demanda no solo responde a una lógica de eficiencia interna, sino que también se alinea con un sistema eléctrico que avanza hacia mayores niveles de flexibilidad. En ese contexto, la capacidad de las empresas para gestionar su consumo —incluyendo el uso estratégico de generación propia— comienza a posicionarse como una ventaja competitiva, con impacto no solo en costos, sino también en resiliencia operativa y adaptación a futuros cambios regulatorios.