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SEGURIDAD 360° EN LOGÍSTICA
Más complejidad, más riesgos: por qué la seguridad se volvió estratégica

La seguridad en logística ya no puede entenderse como un conjunto de medidas aisladas orientadas a reaccionar frente a incidentes puntuales. Así quedó de manifiesto en la reciente Mesa de Trabajo de Revista NG, “Seguridad 360° en Logística: Una mirada integral a los nuevos desafíos del sector”, donde representantes de la industria coincidieron en que el desafío ya no pasa por sumar dispositivos, sino por integrar personas, procesos, datos y tecnología bajo una lógica de gestión.

Hoy, en un escenario marcado por el crecimiento del e-commerce, la expansión de los centros de distribución, el aumento de la carga valorizada y la sofisticación del delito, la seguridad se ha transformado en un componente estructural de la operación logística.

Así lo evidencian distintos actores del rubro, quienes, desde diferentes veredas, coinciden en que la industria enfrenta un cambio de paradigma. La seguridad dejó de ser un tema secundario o una capa adicional para convertirse en una condición de continuidad operacional. Lo que está en juego no es únicamente la protección de activos, sino también la capacidad de cumplir con el cliente, resguardar la reputación de una marca, sostener la promesa de servicio y responder a un entorno donde las amenazas ya no son excepcionales, sino parte del escenario cotidiano.

En este contexto, la idea de una seguridad “360°” surge no como un eslogan, sino como una necesidad concreta: seguir la operación de punta a punta, entender los puntos críticos y dejar de abordar los riesgos de manera fragmentada.


¿Por qué la seguridad pasó a ser estratégica?

La transformación del negocio logístico ha modificado profundamente la forma en que deben abordarse los riesgos. Según Gonzalo Reyes, Gerente Comercial de Bash Seguridad, en los últimos años los proyectos logísticos se han vuelto “más robustos”, con mayores niveles de integración y una preocupación más evidente por la continuidad operativa, la seguridad, la credencialización y el control de accesos.

A su juicio, “el crecimiento de metros cuadrados construidos, la aparición de nuevas bodegas y la expansión de CD han obligado a elevar el estándar, impulsados también por clientes más exigentes, aprendizajes previos y compañías de seguros cada vez más rigurosas”.

Gonzalo Reyes, BASH SEGURIDAD.
Marcos Jara, BRIGHTCELL LOGISTICS.
Maximiliano Montenegro, PROCENTRO.
Carlos Cid, Bash Seguridad.
Gonzalo Andrade, GL GROUP.
Henry Castro, ACORAZADOS.
Isaías Arancibia, GRUPO AV.
David Meléndez, DAHUA TECHNOLOGY.
Jorge Tamayo, WISETRACK CORP.
Felipe García, ADT.

Esta evolución también fue abordada por Marcos Jara, Gerente Comercial de Brightcell Logistics, quien vincula directamente este cambio con la explosión del comercio digital. A su juicio, el auge del marketplace y del ecommerce desplazó el stock desde la tienda física hacia centros de distribución de mayor escala, configurando una cadena más larga y compleja: el producto pasa por almacenamiento, preparación, transporte y entrega, multiplicando los puntos vulnerables. En ese escenario, advierte, “la seguridad se vuelve indispensable para dar control y visibilidad a toda la operación logística y resguardar la eficiencia en modelos comerciales cada vez más digitalizados”.

La experiencia de Procentro, representada por su Gerente de Operaciones, Maximiliano Montenegro, también refleja esta nueva escala. En pandemia, la demanda por espacio se disparó y, con esto, la operación de parques logísticos y bodegas de distintos tamaños.

Sin embargo, esta expansión no solo implica más actividad comercial; también exige una mayor supervisión, validación de usos, control de arrendatarios y revisión periódica de lo que realmente se almacena. En otras palabras, a medida que la logística gana volumen y complejidad, la seguridad deja de ser una decisión puntual y pasa a integrarse en la arquitectura misma del negocio.


Riesgos más sofisticados

La naturaleza del riesgo también cambió. Así lo coinciden los participantes de la mesa. Ya no se trata solo del robo tradicional o del resguardo perimetral: hoy conviven amenazas físicas, operativas, documentales y tecnológicas, muchas veces potenciadas entre sí.

Carlos Cid, Representante Comercial de Bash Seguridad, menciona uno de los riesgos más visibles en el mundo logístico: los incendios en bodegas. Más allá del hecho puntual, advierte que muchas instalaciones son certificadas originalmente para almacenar ciertos productos, pero con el tiempo cambian de arrendatario o de uso, comenzando a guardar mercancías con requerimientos completamente distintos, sin que el estándar de protección se actualice al nuevo riesgo.

En ese punto, la seguridad deja de fallar por ausencia de tecnología y comienza a fallar por falta de revisión, actualización y conciencia. A su juicio, es clave sensibilizar a la industria antes de que ocurran hechos consumados, recordando que el propósito de la seguridad es, primero, proteger vidas humanas y, luego, activos y continuidad operativa.

Esta preocupación es reforzada por Maximiliano Montenegro, quien explica que en Procentro han debido incorporar cláusulas contractuales y validaciones periódicas para verificar qué están almacenando realmente sus clientes. Según relata, “muchas veces los grandes siniestros se explican porque una bodega que debía operar bajo ciertas condiciones termina usándose para otros fines o con productos no declarados”.

La experiencia, agrega, demuestra que el control semestral y la revisión efectiva del uso ayudan no solo a proteger el recinto, sino también a resguardar al resto de los actores que comparten un parque logístico.

A ello se suma otro tipo de amenaza: el fraude y la falsificación. Gonzalo Andrade, Gerente Comercial de GL Group, explica que en la logística actual también existe un problema creciente en torno a la autenticidad de los productos y al reemplazo de activos.

Ya no basta con mover una carga del punto A al punto B; también es necesario asegurar que lo transportado o entregado sea exactamente lo que corresponde, sin cambios de componentes, piezas o mercancía. Desde su mirada, esto abre espacio a soluciones orientadas a validación, trazabilidad y autenticidad, particularmente en rubros donde el valor de marca o el valor unitario de los productos es alto.

Sin embargo, probablemente el fenómeno que genera mayor consenso es la sofisticación del robo de carga. Henry Castro, Gerente General de Acorazados, señala que hoy buena parte de las operaciones criminales está dirigida a mercancías valorizadas como perfumes, vestuario, tecnología, equipos médicos o antenas de telecomunicaciones.

Más aún, sostiene que una proporción significativa de los robos responde a información previa: no son eventos totalmente aleatorios, sino acciones dirigidas a productos específicos, con conocimiento del itinerario, tipo de carga y, muchas veces, de las debilidades de la operación.

“Cuando una banda es capaz de sustraer y descargar rápidamente un camión, resulta evidente que hay profesionalización y planificación detrás”, afirma.

En la misma línea, Isaías Arancibia, Gerente General de Grupo AV, indica que “la delincuencia se profesionaliza”. Desde su experiencia, “los grupos delictuales operan con equipos encriptados, anti-jammers, vehículos de apoyo, rutas estudiadas y conocimiento de los puntos de control”.

El contraste, advierte, es complejo: mientras el delito evoluciona con rapidez, muchas organizaciones continúan operando servicios de seguridad con baja profesionalización. Esta asimetría se vuelve crítica cuando la empresa compra tecnología, pero no forma a las personas que deben administrarla.


La tecnología existe: cómo se integra, opera y se convierte en gestión

Otro eje central de la conversación fue la brecha entre la tecnología disponible y su uso real en terreno. El diagnóstico es transversal: el mercado cuenta con herramientas avanzadas, pero muchas veces se implementan sin integración, sin protocolos claros y sin el entrenamiento necesario para aprovecharlas.

David Meléndez, Ingeniero de Preventa de Dahua Technology, sostiene que el valor de la tecnología actual está en su capacidad preventiva. Más que registrar hechos una vez ocurridos, hoy las soluciones de videoanalítica e Inteligencia Artificial permiten detectar comportamientos anómalos, desviaciones de ruta, detenciones fuera de patrón, protección perimetral o focos de incendio.

“Muchas bodegas no integran la seguridad desde su diseño inicial; recién después de sufrir robos comienzan a reaccionar e incorporar soluciones que debieron estar desde el principio”, señala. De ahí la necesidad de que las cámaras y plataformas de monitoreo se transformen en herramientas para anticipar riesgos y no solo para revisarlos posteriormente.

Sin embargo, esta capacidad choca con una realidad compartida por varios participantes: hay empresas con miles de cámaras instaladas que nadie opera correctamente. El profesional de Grupo AV lo resume de forma gráfica: se compra “el Ferrari”, pero queda estacionado.

La tecnología existe, pero no está configurada conforme a la operación, no se integra con otros sistemas o no cuenta con personal capacitado para administrarla. El resultado es una falsa sensación de seguridad: la inversión está, pero el impacto es mínimo.

Jorge Tamayo, Gerente Comercial de Wisetrack Corp, enfatiza la necesidad de una verdadera “mirada 360°”. A su juicio, no basta con monitorear el inicio y el fin del trayecto; es necesario seguir el viaje completo, aprovechar los datos generados y preguntarse qué se está haciendo con esa información. El desafío es claro: pasar de la recolección de datos a la anticipación.

Hoy, la seguridad sigue desarticulada: la información existe, pero no se comparte ni se integra entre actores. “La tecnología también está, pero sin disciplina operacional no se aprovecha ni se logra la transformación digital”, agrega.

Según los asistentes a la mesa de conversación, hoy existe tecnología capaz de georreferenciar rutas, generar alertas por desvíos, detectar velocidades anómalas, activar protocolos ante aperturas de puertas o habilitar botones de pánico. Sin embargo, su efectividad depende de cómo la organización adopta estas herramientas.

Sin capacitación, sin protocolos claros o sin alineamiento con la operación, la solución pierde valor. La tecnología, por sí sola, no reemplaza la gestión. “Si hoy existen cámaras en autopistas y ciudades, la pregunta es por qué aún no somos capaces de trazar en tiempo real el recorrido de un camión robado”, plantea el profesional de Acorazados.

Al respecto, el ejecutivo de Grupo AV señala que “la tecnología para hacer trazabilidad ya existe; pero el problema hoy es normativo, porque las leyes (como la Ley de Protección de Datos) limitan el uso de esa información”.


El gran punto ciego: procesos, capacitación y disciplina operacional

Existe consenso en que la seguridad 360° no se construye solo adquiriendo tecnología, sino fortaleciendo procesos y personas.

Para Felipe García, Gerente General de ADT, uno de los avances relevantes en Chile es la nueva ley de seguridad privada, aún incipiente, pero orientada a construir bases más claras. No obstante, hasta ahora, “no hay un estándar común ni una institucionalidad que articule la seguridad privada con la pública; sin esa base, es difícil avanzar en mayores niveles de seguridad”, añade.

Junto con ello, según destaca, “la tecnología aporta más cuando contribuye a la gestión del negocio. Es decir, cuando no se limita a mirar un punto fijo, sino que ayuda a ordenar locales, controlar flujos, monitorear cierres y generar información para tomar decisiones. Y desde ahí se construye la seguridad”.

Llevar esa mirada a la práctica sigue siendo uno de los principales desafíos para la industria, especialmente en cómo se implementa la tecnología, cómo se gestiona y cómo se integra en la operación diaria.

Por ejemplo, según el ejecutivo de Procentro, los puntos más complejos hoy son los accesos, porque los delincuentes muchas veces no ingresan rompiendo un muro, sino tratando de vulnerar la portería, presentándose con vehículos y documentos aparentemente válidos. Los fines de semana, agrega, esa vulnerabilidad se acentúa, porque hay menos personal clave disponible para verificar situaciones dudosas. La brecha no siempre está en la falta de infraestructura, sino en la capacidad de validar, chequear y reaccionar con criterio.

Como complemento, el profesional de Acorazados aporta una mirada crítica al referirse a la dificultad de educar y alinear a los conductores con protocolos de seguridad más exigentes.

En operaciones donde detenerse en el lugar equivocado puede significar un robo, la conducta humana sigue siendo decisiva. “La empresa puede tener monitoreo, IA y protocolos de activación, pero si el usuario no internaliza la lógica preventiva, el sistema queda debilitado”, destaca.

Ahí aparece una tensión central de la seguridad moderna: no basta con imponer control; también hay que lograr comprensión, cultura y adhesión.


Más que costo, una función de negocio

Según los participantes en esta mesa, hoy la seguridad sigue siendo vista en muchas empresas como un costo, y no como una función que protege ingresos, reputación y continuidad.

Este enfoque, coinciden, limita presupuestos, retrasa decisiones y deja a las áreas responsables en una posición reactiva.

Al respecto, Carlos Cid enfatiza que las organizaciones que identifican sus riesgos y construyen un roadmap de seguridad logran mejores resultados; el problema es cuando se cree que contratar un sistema o un guardia elimina el riesgo, cuando en realidad solo lo mitiga.

Agrega que una buena reportería, la evidencia y la capacidad de demostrar pérdidas evitadas son claves para justificar inversión en seguridad. Si la organización no logra ver con claridad el valor de lo prevenido, seguirá entendiendo la seguridad como gasto y no como una herramienta que protege el negocio.

En la misma línea, Gonzalo Reyes plantea que estas decisiones deben bajar desde el nivel directivo: si el convencimiento parte del C-Level, el estándar permea al resto de la organización; si no, todo termina reducido a acciones parciales, desconectadas y sin visión de largo plazo.


Una exigencia ineludible

En esta mesa de trabajo queda claro que la seguridad 360° en logística no se resuelve con más cámaras, más guardias o más dispositivos aislados. Requiere una mirada integrada, capaz de conectar diseño, operación, transporte, monitoreo, regulación, cultura interna y toma de decisiones. Requiere, además, entender que los riesgos ya no son los de hace diez o veinte años, y que el delito, el fraude y las vulnerabilidades internas se han vuelto más sofisticados que muchas de las respuestas empresariales.

La tecnología está disponible. Los datos también. Lo que falta —según coinciden los participantes— es avanzar en integración, disciplina operacional, profesionalización y voluntad para elevar el estándar.

En una industria donde la cadena es tan fuerte como su eslabón más débil, seguir viendo la seguridad como un asunto periférico ya no parece una opción. La logística del presente exige una seguridad que no solo vigile, sino que anticipe, ordene y sostenga el negocio.

Abril 2026
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