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SOSTENIBILIDAD EN LA CADENA DE ABASTECIMIENTO
De la medición a la transformación
Por Alexander Villarroel, Director y Ejecutivo Gerencial en Operaciones, Supply Chain y Tecnologías, y miembro del Pilar de Sostenibilidad de la Supply Chain Council Chile (SCCC).
La logística del futuro se construye sobre cadenas de suministro inteligentes. La tecnología, desde la Inteligencia Artificial hasta los gemelos digitales, está transformando la eficiencia y el valor generado en cada eslabón de la cadena, preparando a las empresas para mercados más dinámicos y competitivos.

La medición como herramienta de gestión

Durante mucho tiempo, la sostenibilidad fue percibida como una declaración de principios, reflejada en memorias corporativas y compromisos de largo plazo. No obstante, rara vez se integraba en la gestión cotidiana. Hoy, esa brecha entre discurso y acción se está acortando de manera significativa. Las empresas que no logran medir su impacto y traducirlo en decisiones concretas corren el riesgo de perder competitividad en el contexto empresarial y global actual.

En Chile, la sostenibilidad ha dejado de ser una opción y se ha convertido en un elemento operativo esencial, impulsada por la Ley REP, los reportes ESG y la presión de consumidores y socios internacionales. Medir ya no significa solo cumplir con la normativa, sino que implica comprender, comparar y mejorar. Incorporar la sostenibilidad como idioma común entre operaciones, logística, compras y dirección general es fundamental para alcanzar la madurez empresarial.


El supply chain como centro de impacto y oportunidad

La cadena de abastecimiento está en el epicentro del debate sobre sostenibilidad, concentrando gran parte del impacto ambiental y social, pero también las mayores oportunidades de mejora. Aunque durante años el foco estuvo en generar conciencia —aún pendiente en muchas organizaciones—, el desafío actual es avanzar de la intención a la acción: gestionar con datos, evidencias y métricas verificables.

Las empresas que abordan la sostenibilidad como un proyecto periférico o simplemente declarativo corren el riesgo de quedar rezagadas. Se requiere una gestión integrada que mida huellas, optimice energía, reduzca emisiones y fomente la colaboración entre todos los actores de la cadena. La medición sistemática es el punto de partida de cualquier cambio real.


La cadena como palanca de transformación

La sostenibilidad se construye en las operaciones diarias y no en las declaraciones. Cada decisión logística —como una ruta, un embalaje, una temperatura o la elección de un proveedor— tiene consecuencias ambientales y sociales. Los proyectos más exitosos integran eficiencia, rentabilidad y sostenibilidad. Por ejemplo, el diseño de centros de distribución con certificación LEED puede reducir el consumo energético en más de un 30%, mejorar la calidad del aire y disminuir costos mediante la reutilización de aguas, generando además orgullo y compromiso en los equipos que los operan.

Por otro lado, la digitalización de la trazabilidad, mediante la integración de sistemas como WMS, TMS y plataformas IoT, ha permitido reducir hasta un 15% las emisiones por tonelada transportada al optimizar rutas y horarios. Cuando los datos se convierten en decisiones, la sostenibilidad deja de ser algo intangible.

El desafío ahora es escalar dichas prácticas a toda la red, desde el proveedor más pequeño hasta el cliente final.


KPIs: medir para mejorar

La gestión de la sostenibilidad exige indicadores claros, trazables y comparables. Entre los más relevantes para las cadenas modernas destacan:

Emisiones de CO2 por tonelada transportada, considerando alcances 1, 2 y 3.

Eficiencia energética por unidad procesada o distribuida.

Eficiencia hídrica o consumo de agua por unidad operativa, con foco en reducción y reutilización.

Porcentaje de materiales reciclables o reutilizables en envases y operaciones.

Tasa de valorización de residuos, dentro de modelos de economía circular.

Cumplimiento de proveedores con estándares ESG y certificaciones verificables.

Proporción de transporte con tecnologías limpias, como flotas eléctricas, híbridas o de bajo impacto.

Porcentaje de productos o embalajes eco-diseñados, optimizados en peso, materiales y ciclo de vida.


El verdadero progreso ocurre cuando los indicadores dejan de ser parte de un reporte anual y se convierten en herramientas activas de gestión. Integrarlos en procesos como SsOP o IBP permite anticipar riesgos, reducir mermas y tomar decisiones más informadas. Cuando la sostenibilidad se mide con la misma rigurosidad que los costos o el nivel de servicio, deja de ser un concepto aspiracional y se vuelve parte del negocio. Medir no es solo registrar: es transformar la forma en que las empresas deciden y mejoran.


Trazabilidad y tecnología: visibilidad para la transformación

No hay sostenibilidad sin trazabilidad, ni trazabilidad sin tecnología. La digitalización permite visualizar lo que antes era invisible: el origen de los productos, su huella de carbono, energética e hídrica, y las condiciones en que fueron producidos. Herramientas como blockchain, inteligencia artificial y plataformas IoT posibilitan cadenas transparentes, auditables y confiables.

En Europa, los reportes de alcance 3 — que incluyen las emisiones indirectas de toda la cadena de valor— ya son exigencia estándar, y Chile avanza en esa dirección. Pronto, demostrar el impacto ambiental dejará de ser un valor agregado para convertirse en una condición competitiva. Por eso, cada organización debe evaluar qué tan integrada está su data ESG con la gestión logística. ¿Puede conocer en tiempo real cuántas emisiones genera cada viaje? ¿Cuánta energía y agua consume su operación? ¿Cuántos residuos valoriza o reincorpora al ciclo productivo? Si esa información no está disponible al instante, la organización aún tiene trabajo pendiente. La tecnología permite verificar, pero no reemplaza la conciencia —todavía incipiente— ni el compromiso para sostener el cambio.


Liderazgo basado en datos: la nueva competencia del supply chain

La sostenibilidad ha dejado de ser solo una preocupación ambiental para convertirse en una competencia de liderazgo. Liderar con datos significa tomar decisiones fundamentadas en evidencia, asumir responsabilidades y rendir cuentas.

El liderazgo en la cadena de abastecimiento moderna se mide tanto en indicadores tradicionales como en toneladas de CO2 evitadas, eficiencia energética, consumo hídrico y porcentaje de proveedores sustentables. Los consumidores exigen coherencia: ya no es posible separar el éxito económico del impacto ambiental.

La sostenibilidad rentable no es una contradicción, sino la nueva frontera de la competitividad. Los líderes que comprenden esta realidad protegen no solo su reputación, sino también su futuro.


Chile: potencial para liderar

Chile posee condiciones excepcionales para posicionarse como referente regional en sostenibilidad logística. Cuenta con una matriz energética más limpia que la de otros países, un ecosistema empresarial avanzado y talento técnico de alto nivel.

Sin embargo, los desafíos persisten: integración de datos, colaboración público-privada y desarrollo de proveedores sostenibles. El verdadero cambio llegará cuando la sostenibilidad deje de depender de proyectos individuales y se convierta en un estándar nacional.

La Ley REP, los programas de electromovilidad y la creciente demanda de trazabilidad muestran que el camino ya está trazado. Ahora es momento de acelerar: medir, compartir y escalar las buenas prácticas.

Chile ha comenzado a gestionar la sostenibilidad con mayor seriedad, aunque aún queda mucho por recorrer. Lo importante es que el cambio ya empezó, y eso marca la diferencia.


De la intención a la evidencia

Durante años, hablar de sostenibilidad fue sinónimo de compromiso; hoy, debería ser sinónimo de resultados. Ese cambio aún está en construcción, pero avanza con fuerza.

Medir es demostrar. Demostrar es liderar. Y liderar es transformar. Las empresas que comprenden esta lógica convierten la sostenibilidad en una ventaja competitiva, no en un costo adicional.

Las cadenas de abastecimiento del futuro no solo serán más rápidas y eficientes: serán más responsables.

Chile puede —y debe— liderar esa transición, construyendo cadenas que midan, mejoren y perduren. El cambio no vendrá de decretos ni informes, sino de decisiones diarias, basadas en datos y propósito.

En la cadena de abastecimiento, como en la vida, lo que no se mide, no mejora. Medir es el primer paso para transformar el futuro.

Octubre 2025
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