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Transporte de Cargas, ¿Dónde poner el foco?
Por Diego Bozzano, Consultor en Logística y Transporte, Gerente General de Do Better.
Existen una serie de tendencias en la industria del transporte que están colaborando con la diferenciación de proveedores de este servicio sobre otros. Estas tendencias, a nivel global, están asociadas a tecnología, pero tecnología con un fondo: la búsqueda de eficiencia asociada a la sostenibilidad. El transporte sigue siendo uno de los principales responsables por las emisiones de CO2, y la tecnología está trayendo soluciones en este campo.

Durante mucho tiempo hemos escuchado mencionar que el transporte es un “commodity”, en el sentido de que es muy compleja la diferenciación entre oferentes de este servicio. Las empresas transportistas han generado diversas estrategias para intentar diferenciarse, buscando capturar y transmitir un valor que les permita mejorar sus márgenes o simplemente conseguir mayor volumen de mercado. Dentro de estas estrategias destacan la de poseer mayor cantidad o calidad de certificaciones (Certificaciones de Calidad o de Seguridad); la de tener procesos más elaborados y; especialmente en las últimas décadas, la de tener mayor tecnología.

En este último punto, hace ya más de 30 años, el GPS trajo una revolución a la industria del transporte, permitiéndonos saber, por primera vez, dónde se encontraba ubicado un vehículo durante todo el tiempo. En mis comienzos en la logística, hace más de 20 años, seguir un punto en un mapa, viendo cómo se movía, ya era un avance tecnológico de primer nivel. Hoy ver ese punto en el mapa se nos hace insuficiente, queremos saber mucho más: hacia dónde se dirige, qué carga lleva, qué viaje está realizando, si está siguiendo la ruta indicada, si se ha detenido en algún lugar no autorizado, cuánto combustible consume, quién lo conduce, cuál es el estado del conductor y así, muchísimos datos más que generamos y gestionamos cada día en base a la información que podemos recibir desde el GPS.

A todas estas preguntas, que cada día muchas empresas intentamos responder, se suman nuevas interrogantes que, si bien son más complejas de responder, cada vez toman un valor más preponderante para las compañías distribuidoras o generadoras de carga. Preguntas como:

• ¿Cuál es la huella de carbono de mi operación de distribución?

• ¿Cuál es la tecnología que tiene implementada el vehículo que estoy utilizando para disminuir las emisiones de CO2?

• ¿Cómo puedo restringir el consumo de combustible o utilizar combustibles menos contaminantes?

• ¿Qué otros materiales o insumos generan emisiones de CO2 en mi operación de transporte?

• ¿Qué otras fuentes de energía puedo utilizar en mi flota? ¿Están probadas? ¿Aseguran disponibilidad y sustentabilidad en la operación de transporte? ¿Qué tan costosas son?


El rol de las tecnologías

Existen hoy tecnologías que permiten responder a estas interrogantes. Si bien la huella de carbono es un concepto que lleva mucho tiempo dando vueltas, son pocas las empresas de transporte que miden este dato. Sin embargo, muchas de estas compañías se están respondiendo la última pregunta planteada, a través del ingreso de vehículos eléctricos o potenciados con otras fuentes de energía.

Es interesante preguntar a estas empresas, ¿por qué incorporas un vehículo eléctrico a tu flota si no estás midiendo la emisión de CO2 de tu operación? La respuesta es bastante simple, la gran mayoría de las incorporaciones de flota eléctrica están relacionadas a un aspecto comercial o de marketing, y no efectivamente a una búsqueda de la disminución de las emisiones de CO2. Si el objetivo final es la disminución de emisiones de CO2, entonces hay mucho que hacer previamente o independientemente a la adquisición de un vehículo eléctrico. Desde incorporar vehículos más eficientes, especialmente en términos de la normativa EURO, la cual propone nuevos estándares en términos de rendimiento de consumo de combustibles para los vehículos de transporte.

Recientemente hicimos un ejercicio con uno de nuestros clientes, trabajando en reducir las emisiones de CO2 a través de la renovación de flota. Al reducir la edad promedio de los viajes, y de acuerdo con una calculadora de emisiones de CO2, generada según la norma EURO de cada vehículo, logramos identificar una reducción importante de emisiones. (ver gráfico)

El efecto sobre las emisiones totales de la incorporación de un vehículo eléctrico se vuelve evidente cuando logras dimensionar la cantidad de emisiones por cada viaje. Sin embargo, existe mucho trabajo que hacer en términos de la antigüedad de la flota y, especialmente, con la norma que cumple el motor de cada vehículo.

La tecnología de GPS que existe actualmente permite conectar de manera simple a este equipo de transmisión con la información generada por el computador a bordo del vehículo. Si bien los fabricantes muchas veces son reacios a entregar la codificación de la información del motor, el consumo de combustible es, habitualmente, un dato que se encuentra disponible. La captura y transmisión de este dato, más un cálculo simple relacionado con la norma del motor, permiten calcular en línea cuántas son las emisiones de CO2, y esto nos da la posibilidad, en paralelo, de gestionar otro aspecto de la emisión: el estilo de conducción. La lógica de la denominada “Conducción Segura” es muy similar a la lógica de “Conducción Eficiente”, es decir, conducir de manera segura un vehículo va muy en línea con la reducción de las emisiones de CO2.

En este sentido, gestionar la reducción de los excesos de velocidad, de las aceleraciones o frenadas bruscas, de los motores en ralentí, entre otros aspectos que pueden parecer de seguridad, colaboran con la eficiencia y, por ende, con la reducción de emisiones. Y no solo a través del menor consumo de combustible, sino que también con un menor consumo de neumáticos, aceite de motor, sistemas de frenos, entre otros.

Cerrando, el foco de las empresas generadoras o distribuidoras de carga está puesto, cada vez más, en la sustentabilidad. No solo en el transporte, sino que en sus cadenas de distribución. Si bien hoy es un deseable, no falta mucho tiempo para que la agenda de sustentabilidad se transforme en un mandatorio. Medir nuestro impacto ya es un avance. Como siempre decimos, el que no mide no gestiona. O de otra manera, no puedo reducir mi huella de si simplemente no la conozco.

Abril 2025
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