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EL REGRESO DEL PROTECCIONISMO
Trump, los aranceles y los efectos en la cadena de suministro global y chilena
Por Jaime Miranda, Profesor Asociado Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile.
Durante su mandato anterior, el Presidente Donald Trump impuso aranceles a cientos de productos, lo que obligó a muchas empresas a rediseñar sus cadenas logísticas, relocalizar sus operaciones y, en muchos casos, asumir mayores costos que indudablemente se traspasaron al consumidor final. Según diversos expertos, estas medidas proteccionistas, orientadas a fortalecer la industria nacional estadounidense, desencadenaron en una ola de tensiones comerciales que afectaron a múltiples países en el mundo, incluyendo a Chile.

En este contexto, la guerra comercial con China que se vivió en aquel entonces no solo encareció componentes tecnológicos y bienes intermedios, sino que también incentivó una ola de decoupling entre las dos principales economías del mundo. Esta ruptura estratégica impulsó una reconfiguración global de las cadenas de suministro, marcada por un creciente escepticismo hacia la dependencia excesiva de un solo país, incluso si se trataba de la “fábrica del mundo”.

La cadena de suministro global, que ya venía tensionada por los efectos acumulativos de la pandemia, ha tenido que enfrentar un escenario de creciente volatilidad. Para afrontar esta situación, las empresas comenzaron a diversificar proveedores, privilegiar acuerdos bilaterales y buscar socios más cercanos geográficamente, lo que dio paso a fenómenos como el nearshoring y el friendshoring —estrategias de reubicación de operaciones—, especialmente en México y otras economías latinoamericanas con cercanía estratégica a Estados Unidos.

El aumento sostenido de aranceles ha provocado una transformación profunda en la forma en que las empresas gestionan sus operaciones internacionales.

Ahora, tras los anuncios de nuevas alzas de aranceles por parte del Gobierno de Trump, las multinacionales que, anteriormente trasladaron su producción fuera de China para evitar un alza en los gravámenes, ahora se enfrentan a una nueva complejidad: la ampliación de estas medidas a otros países.

Según el sitio de noticias Axios, las corporaciones globales se encuentran en una situación donde “no hay refugio seguro”, ya que las políticas arancelarias cambian más rápido de lo que las cadenas de suministro pueden adaptarse.

Ante ello, si se mantiene una reducción sostenida del comercio exterior, esto afectará los niveles de ocupación y desarrollo en regiones portuarias, impactando también a las economías locales que dependen fuertemente de la actividad logística.


Chile: Impacto en las operaciones logísticas

Aunque nuestro país no participa activamente como proveedor en las cadenas de valor tecnológicas dominadas por Estados Unidos y China, nuestra economía es una de las más abiertas del mundo, con una fuerte dependencia del comercio exterior. Más del 60% del PIB chileno está vinculado directa o indirectamente a las exportaciones. Por lo tanto, cualquier disrupción significativa en el comercio mundial —sobre todo si involucra a socios clave como China y Estados Unidos— genera impactos inmediatos en nuestras operaciones logísticas, en la planificación de inversiones, y en el acceso a una amplia gama de insumos críticos para distintas industrias.

Frente a este escenario, las autoridades chilenas han optado por una postura cautelosa, pero atenta. El ministro de Hacienda, Mario Marcel, ha señalado que los impactos sobre la economía chilena podrían ser acotados y que incluso podrían abrirse oportunidades comerciales, si otros competidores enfrentan mayores barreras arancelarias. En este sentido, destacó que productos clave como el cobre y la madera fueron temporalmente excluidos de los nuevos gravámenes, lo que podría posicionar a Chile de forma más competitiva en el mercado estadounidense.

Sin embargo, la mirada no es completamente optimista. La ministra de Minería, Aurora Williams, advirtió que el consumo global de cobre podría ralentizarse a corto plazo debido a la incertidumbre generada por la eventual imposición de nuevos aranceles. Pese a ello, sostuvo que la demanda por minerales críticos, especialmente aquellos necesarios para la transición energética, se mantendrá robusta en el mediano y largo plazo.

Aun así, no se puede ignorar un riesgo concreto: si los aranceles a productos chinos terminan afectando el precio de maquinaria, componentes electrónicos y bienes de capital que hoy importamos desde Asia, es probable que los costos de muchos proyectos productivos y de infraestructura en Chile se vean incrementados. Esto, a su vez, podría ralentizar el ritmo de inversión y afectar la competitividad de sectores clave.

Ahora bien, dentro de este escenario complejo también se abren oportunidades. La creciente necesidad global de diversificación en las cadenas de suministro puede posicionar a Chile como un socio confiable para determinadas industrias, especialmente, si el país logra ofrecer un entorno estable, acuerdos comerciales bien aprovechados y eficiencia logística. Sectores como la minería, la agroindustria, la energía renovable o la manufactura especializada podrían insertarse de forma más estratégica en nuevas rutas de abastecimiento global, si se actúa con anticipación e inteligencia.


Fragmentación del comercio internacional

Este nuevo ciclo de tensiones arancelarias no es un fenómeno aislado ni momentáneo. Es parte de una tendencia más amplia hacia la fragmentación del comercio internacional, donde los bloques regionales, las regulaciones diferenciadas y las cadenas de suministro “amigas” se están imponiendo sobre la lógica de eficiencia globalizada que imperó durante décadas. En este nuevo entorno, la resiliencia -más que la eficiencia al menor costo- se convierte en la prioridad para los líderes logísticos y tomadores de decisión, tanto en el ámbito público como privado.

La política arancelaria de Trump, ya sea como amenaza o como una realidad inminente, es una advertencia clara: el orden económico que conocimos está cambiando, y lo está haciendo a una velocidad que desafía la planificación tradicional. Y aunque estas decisiones parezcan distantes o externas, sus ondas expansivas llegan más rápido de lo que solemos anticipar. En este nuevo escenario, la capacidad de adaptación no es opcional para Chile, sino que debe convertirse en nuestra principal ventaja competitiva.

Chile necesita prepararse, no solo para resistir el impacto de esta transformación, sino que también para capturar valor en medio del reordenamiento global. Esto implica modernizar la infraestructura portuaria, invertir en tecnología aplicada a la logística, actualizar marcos regulatorios, facilitar los trámites aduaneros y, sobre todo, desarrollar capacidades analíticas que nos permitan anticipar y responder ágilmente a las disrupciones emergentes. El país no puede permitirse seguir navegando con mapas viejos en mares que han cambiado su geografía.

Las políticas arancelarias implementadas por la administración Trump -y las que eventualmente podrían volver a establecerse- representan tanto desafíos como oportunidades para países como Chile. Mientras la incertidumbre y las tensiones comerciales pueden golpear con fuerza ciertos sectores, también se abren espacios para que economías ágiles y estratégicas encuentren nuevos nichos competitivos en el mercado internacional.

En esta etapa, resulta fundamental que las empresas, gremios y autoridades chilenas trabajen coordinadamente para monitorear de cerca estas dinámicas, adaptar sus estrategias y así mitigar riesgos, al mismo tiempo que se posicionan para aprovechar las oportunidades emergentes de un nuevo orden económico en formación.

Abril 2025
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