Eduardo Cerda.
¿Cuál es, a su juicio, el nivel de seguridad para el manejo de carga aérea en Chile?
Es alto, ya que cumple con una serie de requisitos en materia de estándares internacionales. En este sentido, el manejo de carga aérea cuenta con cuatro pilares fundamentales: el aspecto normativo, que permite respaldar la función fiscalizadora y de inspección que son los reglamentos y los programas nacionales; el personal humano, altamente calificado y con inspectores dedicados exclusivamente al tema de la carga; el sistema de agente acreditado, que se caracteriza por el compromiso que este establece para cumplir con ciertos requisitos de seguridad (lo que permite reconocer como segura su carga aérea); y el aspecto tecnológico, donde se ofrece, además de un sistema de vigilancia continuo, equipamiento de inspección de alta calidad que permite, por ejemplo, detectar explosivos.
¿Qué rol juega la DGAC en este aspecto?
Fundamentalmente, la entidad cumple un papel fiscalizador, garantizando el cumplimiento de los cuatro pilares mencionados, con el objeto de que la carga que se embarque sea segura y que no ponga en riesgo los vuelos. Esencialmente, la DGAC debe cumplir en esta materia con la implementación de dos normas esenciales: el Reglamento de Seguridad y Protección de la Aviación Civil contra Actos de Interferencia Ilícita (DAR 17) y el Reglamento de Transporte sin Riesgos de Mercancías Peligrosas por vía Aérea (DAR 18).
A la labor de nuestra institución, se suma el trabajo de otros organismos del Estado, tales como Aduanas, SAG, Sernapesca y el Ministerio de Salud, que cumplen obviamente diferentes roles de acuerdo al tipo de carga y las exigencias requeridas al respecto.
¿En qué consiste el nuevo Programa Nacional de Seguridad de la Carga Aérea?
El propósito del programa original estaba destinado a establecer políticas generales referidas al transporte por vía aérea de la carga courier, correos, suministros, aprovisionamiento, repuestos y mercancías peligrosas. Aquí resulta fundamental el compromiso que asumen los explotadores, expedidores y agencias acreditadas, de cumplir con los procedimientos y medidas de seguridad. El PNSCA, que debería entrar en vigencia en un par de meses, incluye como novedad importante el proceso de acreditación y validación de agentes nuevos y de procedimientos de seguridad física de las bodegas de almacenaje ubicadas en el aeropuerto. En ese sentido, busca básicamente ampliar los alcances y procesos de seguridad que incluye el programa de carga de la aviación civil.
¿Qué propósitos tiene el PNSCA?
Uno de los objetivos centrales es poder cumplir de mejor forma posible las exigencias planteadas actualmente por los estándares internacionales que rigen a la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), y concretamente, con los requerimientos del Anexo 17 que establece la protección de la OACI contra los actos de interferencia ilícita.
Este anexo contiene una enmienda que establece la cadena de suministro de carga y, además, define de manera mucho más precisa la carga conocida y desconocida. En este sentido, el nuevo programa está dirigido principalmente a los nuevos actores del sistema de carga, que eran parte del proceso, pero no estaban plenamente integrados y verificados. Es el caso, por ejemplo, del transportista y del expedidor reconocido cuyos procesos de seguridad de carga estarán a partir de hoy plenamente validados por la DGAC.
¿Qué beneficios brinda a los importadores y exportadores?
Me parece que la ventaja principal para ambos es el reconocimiento formal y oficial que se hace de todos aquellos actores que hasta la fecha no estaban validados. En ese sentido, desde ahora sus procesos serán plenamente aceptados, a diferencia de lo que ocurría con el programa anterior. A su vez, para nosotros también existe el beneficio de cumplir plenamente con las normas internacionales.
En este sentido, ¿cuál cree que constituirá el mayor desafío que demandará este programa?
Sin lugar a dudas, el mayor reto es su implementación tanto de parte de la DGAC como de los usuarios. Estamos abordando actualmente una etapa de transición en la que tendremos que modificar el diseño del sistema para difundirlo y concientizar no solo a los usuarios sino también a nuestro personal de inspección. Debemos considerar que el cambio de conducta debe ser total, especialmente en lo referido a la incorporación de estos nuevos actores al programa.