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¿Residuos mineros o desechos tóxicos?

Catástrofes como el aluvión ocurrido en el norte del país ponen en la palestra el riesgo de los relaves y sus posibles consecuencias en cuanto a la seguridad de poblaciones aledañas, pero el mayor peligro parece ser la desinformación.
Por Jacques Wiertz.

Por las características de los recursos explotados, la minería de cobre genera grandes cantidades de residuos. Los minerales actualmente extraídos y procesados contienen, en el mejor de los casos, alrededor de 1% de cobre. Es decir, para producir una tonelada de cobre, se necesita extraer y procesar cien toneladas de mineral.

Además, en muchos casos, para acceder al metal es necesario remover una cantidad equivalente o mayor de material estéril. Por lo tanto, los principales residuos generados por la actividad minera son estos materiales estériles y los relaves que resultan de la separación de los sulfuros ricos en cobre presentes en el mineral del resto, principalmente minerales de la ganga.

A raíz de los aluviones que se han producido en el norte, ha surgido una fuerte preocupación por el posible riesgo asociado a los relaves eventualmente arrastrados y que formarían parte del barro acumulado a lo largo de los valles afectados. Algunos incluso han hablado de “desechos tóxicos” al referirse a estos relaves mezclados al barro, pero los relaves no son (o no deberían ser) considerados a priori como residuos tóxicos o peligrosos.

De acuerdo al “Reglamento Sanitario sobre Manejo de Residuos Peligrosos” (DS148/2003), los relaves son residuos mineros masivos y, como tales, no son considerados residuos peligrosos. Aunque en el proceso de flotación, de donde provienen la mayoría de los relaves, se utilizan algunos reactivos orgánicos, estos se encuentran en muy bajas concentraciones y quedan en gran parte arrastrados con los concentrados sulfurados. Además, se degradan fácilmente y no constituyen un riesgo para la salud y el medioambiente.

La concentración de metales y de sulfuros metálicos en los relaves, es generalmente baja y el mayor riesgo sería la potencial oxidación de los sulfuros que podría generar una acidificación y la liberación de metales disueltos. No obstante, en el caso de los barros arrastrados por los aluviones, los relaves solo constituyen una pequeña fracción de los materiales depositados y, por efecto de dilución, es muy probable que se produzca una rápida neutralización y una disminución de la movilidad de metales, tal como parecen indicar los análisis realizados a la fecha. El mayor problema asociado a la presencia de relaves en los barros es su tamaño. Son generalmente partículas muy finas que, una vez que se seca el barro, pueden ser fácilmente arrastradas por el viento. Estas partículas finas forman parte de la fracción respirable de los polvos, constituyendo un riesgo para la salud, no por sus características químicas, sino por las físicas.


Gestión responsable

Las precipitaciones extremas que se han producido en el norte, con sus dramáticas consecuencias, deben llevarnos a tomar consciencia de la importancia de una gestión responsable y transparente de los residuos mineros masivos. Pero, ¿cuáles son las principales lecciones que deberíamos sacar?

En primer lugar, debemos estar preparados a enfrentar eventos extremos, aún cuando su probabilidad es muy baja y su período de recurrencia tiende a llevarnos a olvidarlos. Los depósitos de residuos mineros deben ser diseñados de tal forma de poder resistir frente a eventos de este tipo. El buen comportamiento de los tranques de relaves actualmente operados por la gran minería en la zona afectada es una buena señal. Sin embargo, existen numerosos depósitos antiguos abandonados que claramente no presentan esta misma seguridad. Ya es tiempo de enfrentar responsablemente la gestión de los pasivos mineros, de manera de minimizar los riesgos asociados a cualquier situación que se pueda producir.

Es también esencial caracterizar adecuadamente todos los residuos mineros que se van depositando a lo largo de la vida útil de la mina. Esta caracterización debe ser enfocada en asegurar el carácter no-peligroso de estos materiales. En caso de que no fuera así, se deben adoptar las medidas que aseguran un control absoluto de los riesgos asociados, bajo cualquier circunstancia y mantener un registro y un monitoreo.

Esta caracterización y gestión de los residuos mineros debe realizarse de manera transparente, informando a la comunidad de las características efectivas de estos residuos, evitando generar alarma innecesaria y dándole garantía de seriedad y seguridad. Existen regulaciones que se aplican en el manejo de estos residuos, fiscalizado por Sernageomin pero sin participación y conocimiento de la comunidad.

En el caso de los barros acumulados a raíz de los aluviones, es importante identificar, dimensionar y caracterizar las diferentes fuentes de material arrastrado. Es poco probable que estos materiales generen problemas del punto de vista geoquímico, pero es recomendable mantenerse vigilantes y seguir monitoreando para descartar cualquier riesgo para la salud.

Finalmente, es necesario adoptar las medidas necesarias de estabilización física de estos materiales para reducir y limitar los problemas de contaminación atmosférica por partículas finas.


Jacques Wiertz es Docteur en Sciences Appliquées de la Universidad de Lieja (Bélgica) y Docente de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.
Junio 2015
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