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Degradación de suelos forestales
Por Raimundo Bordagorry, Investigador del Centro de Energía y Desarrollo Sustentable de la Universidad Diego Portales.

La deforestación y la degradación de los bosques están entre las principales causas del cambio climático, generando aproximadamente el 15% de las emisiones globales de gases invernadero causadas por el ser humano y amenazando la biodiversidad mundial y a millones de personas que dependen del recurso forestal para su sustento.

Los procesos físicos, químicos y biológicos que intervienen en la formación de los suelos están gobernados por factores del medioambiente, tales como el clima y la vegetación. Ellos actúan en forma combinada y variable, de manera que los suelos resultantes de su acción son complejos organismos sujetos a mudanza continua y que nunca alcanzan una condición estática.

Los bosques y selvas brindan una infinidad de servicios ambientales, desde la regulación del ciclo hidrológico y el microclima hasta fenómenos globales como la biodiversidad y la captura de carbono. Los bosques son también una importante fuente de ingresos y de materias primas para los pobladores rurales, al igual que para un número amplio de pequeñas empresas y grandes industrias forestales.

Desarrollar alternativas que nos permitan conservar adecuadamente los bosques existentes e incluso recuperar parte de lo perdido y al mismo tiempo satisfacer las necesidades de los diferentes actores sociales involucrados en el sector forestal, es entonces una tarea impostergable.


Factores incidentes

En los bosques chilenos, un factor dominante del proceso de desforestación son los incendios forestales. Estos son, en su inmensa mayoría, provocados para aumentar la productividad de los pastos del sotobosque que se utilizan para el pastoreo de ganado, o la tala clandestina de madera. La apertura de tierras para la agricultura comercial y los conflictos asociados a tierras mapuches son también causas importantes de pérdida de este recurso. Las modificaciones físicas, químicas y biológicas que se pueden llegar a producir de manera directa por efecto del fuego sobre los suelos dependerán, esencialmente, del tipo de incendio y de las condiciones bioclimáticas del suelo.

Los efectos indirectos provocados por la pérdida de la cubierta vegetal y por el aporte de cenizas, serán más o menos duraderos dependiendo, principalmente, de la cantidad de cenizas aportadas, así como de los efectos erosivos que se producen tras el incendio forestal. Los daños directos menos graves tras un incendio forestal se dan en zonas donde este ha sido de tipo aéreo y la orografía es de relieve suave. Los incendios intensos, en los cuales el fuego penetra directamente en el suelo, son los que afectan más negativamente las propiedades del mismo. La pérdida de materia orgánica, así como la reorganización de la distribución en el tamaño de agregados, provoca alteraciones en las propiedades físicas del suelo.

La total desaparición de vegetación tras un incendio subterráneo, y los daños causados al suelo, como son la disminución de materia orgánica, de nitrógeno y la alteración en la estructura del suelo, provocan que el tiempo necesario para la reaparición de cubierta vegetal sea mucho mayor que si el incendio hubiese sido aéreo. Esto implica un mayor tiempo de exposición del suelo desnudo frente a las lluvias, viento y otros agentes erosivos, por lo que el riesgo potencial de degradación y desertización de estas zonas aumenta.


¿Cómo abordar la problemática?

Estrategias de monitoreo y control de incendios, así como más y mejores recursos tanto para la prevención como para el control de los incendios se sugieren como medidas necesarias a desarrollar en el país. Por otra parte, Chile tiene un gran potencial en la captura de carbono tanto por los suelos factibles de ser forestados, que superan las 2 millones de hectáreas, como por el manejo del bosque nativo, especialmente en el área de evitar la degradación de estos ecosistemas, que cubren sobre las 14 millones de hectáreas del suelo continental y de las cuales unas 6 millones de hectáreas pueden ser manejadas e incorporarse a esquemas de mercados de carbono.

Por lo tanto, la entrega de los primeros bonos de carbono producto de la desforestación y degradación evitada en Chile (REDD+), es un importante hito para la Estrategia Nacional de Bosques y Cambio Climático (ENBCC) que el Estado está llevando adelante, a través del Ministerio de Agricultura y la Corporación Nacional Forestal (CONAF).

Un buen ejemplo y pionero en nuestro país, es la entrega de los primeros bonos de carbono producto de la desforestación y degradación evitada a la Reserva Costera Valdiviana (50.000 hectáreas de bosque nativo y especies endémicas). Estas especies, de acuerdo a estimaciones, son capaces de almacenar más de 800 toneladas de carbono por hectárea. Sin la conservación permanente de la Reserva Costera Valdiviana y según indica The Nature Conservancy (TNC), más de 350.000 toneladas de emisiones de CO2 podrían haber sido liberadas a la atmósfera. Esto equivale a sacar de los caminos más de 67.000 vehículos en un año.

Queda entonces el desafío de implementar estrategias de gestión integradas de cuencas, con la participación de la comunidad, que permitan tanto desarrollar mecanismos eficientes y eficaces para la prevención y control de incendios, así como multiplicar experiencias exitosas como la de la Reserva Costera Valdiviana.

Marzo 2014
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