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FATIGA LABORAL
¿Cómo prevenir el círculo vicioso?
Por Dr. Claus Behn

La sobreexigencia en actividades laborales puede traer consigo un desgaste físico y mental, señales que no hay que pasar por alto, ya que pueden ser el primer paso a enfermedades más graves.

La fatiga laboral representa una señal de alarma que nos indica que, en relación con nuestra capacidad individual de trabajo, estamos ante una sobrecarga física o mental -o bien ambos- en nuestras labores. De esta manera, la fatiga nos alerta concretamente sobre la necesidad inmediata de disminuir la carga de trabajo o aumentar la capacidad, ante la inminencia de tener que prevenir algún daño.

En línea con lo anterior, percibimos este estado porque se manifiesta a través de un cansancio físico o mental innegable, que conduce a errores, accidentes y problemas no resueltos. Estos, a su vez, nos restan sueño reparador, lo que acentúa la fatiga aún más.

Se genera así un círculo vicioso, en el cual la fatiga tiende a autosustentarse. Resulta, de este modo, un estado de “fatiga crónica” que puede generar enfermedades como la hipertensión arterial, la obesidad, la diabetes mellitus e, incluso, tumores.

Por lo tanto, como toda señal de alerta, debe ser respetada. En ese sentido -tal como cuando sentimos dolor, que al ser la alerta de un daño inminente a nadie se le ocurriría ignorarlo- es clave saber identificar la fatiga, para evitar las consecuencias laborales y personales que la sobrecarga que la gatilló puede llegar a provocar, es decir, accidentes, enfermedades y ausentismo laboral.


Los efectos


La fatiga, en concreto, disminuye la productividad, ya que favorece, como vimos, la generación de accidentes y enfermedades, que conllevan, no sólo uno, sino que a un número contundente de días perdidos por cada trabajado. Además de, por supuesto, afectar la tranquilidad, calidad de vida y seguridad de las personas, tan necesarias hoy en los ambientes de trabajo.

En este sentido, la prevención de la misma no tiene relación con apagar la “señal”, sino más bien con intervenir en las circunstancias que están condicionando el encendido de esa sirena de alarma.

Y el modo de enfrentar esto de la mejor manera posible es un ataque multilateral al problema.


Prevención


Dicho ataque en múltiples flancos implica una preocupación bilateral del tema, siempre sabiendo que una cultura de seguridad y salud ocupacional es una responsabilidad compartida entre empleadores y trabajadores.

Por lo tanto, por parte del empleador, una vigilancia de la carga real física o mental que un determinado trabajo representa para cada individuo en terreno, es clave, así como también la especial atención a la eficacia del reposo, en particular de la cantidad y calidad del sueño.

En línea con esto último, también debe existir compromiso por parte de los trabajadores de cuidar su propio descanso, controlando los factores conductuales y ambientales que preceden el sueño y que pueden llegar a interferir con él. Cabe señalar que en este especial cuidado también tendrá injerencia la educación sobre la “higiene del sueño” que pueda promover entre ellos el empleador.

En ambientes de trabajo a gran altura geográfica -como, por ejemplo, en la minería- también es clave la oxigenación de los dormitorios, así como ajustar la temperatura ambiental en forma diferenciada según requerimientos específicos en lugares de trabajo y dormitorios, y el aislamiento de estos sectores de descanso contra ruido y la contaminación lumínica.

Por otro lado, la alimentación adecuada también ayuda, con gran variedad de frutas y verduras frescas, y restringiendo la ingesta de alimentos durante las horas de actividad, así como también inmediatamente antes de dormir.

Por último, velar por la correcta iluminación de los puestos de trabajo, tanto en intensidad como en calidad, es relevante. Esto incluye garantizar la presencia de todos los componentes de la luz natural, en particular el componente azul, que aumenta la eficacia laboral y mejora la calidad del sueño durante el consiguiente período de descanso.


Respetar nuestro ritmo


Con todo, el llamado es a compatibilizar, en lo posible y de manera ajustada a cada caso, el ritmo de la vida actual, impulsado por la tecnología, con los requerimientos para conservar nuestra salud.

En países como Estados Unidos, se ha observado en los últimos decenios una disminución en la cantidad de horas de sueño de la población que, al parecer no por casualidad, va en paralelo con un aumento de la obesidad. Justamente, esta tendencia se atribuye a una sumisión descontrolada al avance tecnológico.

Por lo mismo, debemos ser capaces de adaptar la tecnología y los sistemas a nuestras capacidades de trabajo, y no al revés. Conocer cómo funciona nuestro organismo -y no sólo las máquinas- impactará en un círculo virtuoso que potenciará la calidad de vida, lo que al final del día termina beneficiándonos a todos.

Dr. Claus Behn Thiele, Médico Fisiólogo del Departamento de Investigación Aplicada Gerencia de Innovación, Investigación y Desarrollo Mutual de Seguridad CChC.

Julio 2013
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