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Principios de Taylor aplicados en Seguridad y Salud
Por José Manuel Iglesias Morón, Departamento de Seguridad y Salud Laboral del Grupo Isastur. jose.iglesias@grupoisastur.com
Para aquellos que nos dedicamos a la prevención, creo que puede ser de interés dedicar algunos minutos a reflexionar sobre el nacimiento del Management y de cómo se puede relacionar con la disminución de accidentes laborales.

Aunque nació en 1856, hoy sigue siendo considerada la persona que mayor influencia ha tenido en el mundo de la gestión empresarial. La prestigiosa Academy of Management situó en 2001 a su libro “Principios de la Administración Científica” –editado por primera vez en 1911– como la publicación más influyente en este ámbito. En este sentido, resulta indiscutible que Frederick Taylor protagonizó una auténtica revolución mental en la industria, pero dicha revolución, ¿tuvo en cuenta la Seguridad y Salud laboral?

Es importante no perder de vista que su pensamiento se asienta sobre la base de un axioma fundamental: una gestión empresarial no puede tener otro objetivo que conseguir el máximo bienestar tanto para el empresa rio como para sus empleados, y el modo de conseguirlo es a través de la racionalización. También, hay que tener en cuenta que muchos de los que decían aplicar los principios de la administración científica realmente no lo estaban haciendo, por lo que Taylor ha sido injustamente tratado y muchas veces sus principios han quedado reducidos en la práctica al uso del cronómetro.


Enojado frente a un pregunta

Cualquier técnico de Prevención, alguna vez en su vida profesional, se ha podido ver en el aprieto de tener que lanzar con una ingenuidad casi pueril preguntas fundamentales para su labor: ¿Cómo se hace una determinada tarea? ¿En qué consiste? ¿Qué herramientas se ponen en juego? ¿Qué movimientos debe realizar? ¿Por qué se hace de ese modo? ¿No es posible de otra forma? ¿Es ese el mejor modo de hacer las cosas? ¿Por qué?

Seguramente, no han sido pocas las veces que esas simples consultas han logrado el enfado del entrevistado, y creo que cuando dichas interrogantes provocan esas reacciones es porque –probablemente– se trate de una pregunta auténtica, de esas que ponen de manifiesto un problema real, por lo que los entrevistados se atrincheran en actitud de defensa.

Frederick W. Taylor se dio cuenta del problema. El “cómo se hacen las cosas” es algo que el empresario, el jefe, el gerente de principios del Siglo XX, nunca había llegado a controlar en detalle. Los trabajadores de su época habían ido aprendiendo su oficio de oído, realizaban las tareas de ese modo, simplemente porque siempre se había hecho así, por su propia experiencia o por imitación de aquellos que disponían del conocimiento, por puro ensayo y error, sin ninguna base objetiva que lo sustentara.

De este modo, era muy fácil encontrarse no solo con muchos y diferentes modos de hacer una misma labor, sino con un conocimiento secreto y difícil de objetivar. Con este panorama, era especialmente complicado controlar la producción de cualquier proceso, y mucho más supervisar la propia seguridad.


Ejemplos de aplicación

Sin embargo, Taylor se toma en serio la búsqueda de la ciencia de la tarea, y tiene fe en que es posible sacar a la luz los principios que deben regir el mejor modo posible de hacer un determinado trabajo. En ello consiste su gran revolución: en aplicar una base científica a lo que antes era solo una cuestión experiencial.

En este aspecto, resultan especialmente sorprendentes los ejemplos que trata Taylor, cuya relectura desde una visión prevencionista, es realmente reveladora: palear, colocar ladrillos, cargar lingotes, inspeccionar rodamientos de bicicletas. Es totalmente reseñable cómo detrás de cada ejemplo se encuentran soluciones preventivas para las tareas analizadas y es sorprendente ver cómo el mismo padre de los conceptos de Eficiencia y Productividad que han gobernado el mundo de la empresa hasta nuestros días, haya podido concebir en comunión la Prevención, el Bienestar y la Producción.

A modo de ejemplo, extraigo tan solo unas frases referidas al análisis de la tarea de las inspectoras de rodamientos de bicicleta:

• “Un estudio de los más superficiales puso de manifiesto que una gran parte de las 10 horas y media, durante las cuales se daba por supuesto que las inspectoras trabajaban, se pasaba realmente en inactividad, debido a que la jornada de trabajo era demasiado larga”.

• “Es cuestión de sentido común establecer las horas de trabajo de manera que los trabajadores puedan de veras trabajar mientras trabajan, y jugar mientras juegan y no mezclar ambas cosas”.

• “Dispusimos que al final de cada hora y cuarto de trabajo tuvieran un período de diez minutos de descanso para esparcimiento. Durante esos períodos de interrupción, se les obligaba a dejar el trabajo y se les alentaba para que abandonaran sus asientos y cambiaran totalmente de ocupación, caminando un poco, hablando, etc.”.


¡Esto es concreción! Pues no se ven aquellas medidas genéricas que suelen aparecer en nuestras evaluaciones de riesgos tipo, donde lo más que llegamos a proponer es la realización de pausas periódicas.

Cualquiera puede encontrar otros ejemplos similares en su obra, y creo que una lectura justa de Taylor nos puede ayudar a comprender que Producción y Prevención no tienen por qué estar reñidos.


José Manuel Iglesias Morón es Licenciado en Filosofía de la Universidad de Sevilla. En el ámbito de la Prevención de Riesgos, es experto en Diseño, Implantación y Certificación de Sistemas de Gestión conforme al estándar OHSAS 18001:2007. Desde el año 2006 forma parte del Departamento de Seguridad y Salud Laboral del Grupo Isastur
Septiembre 2017
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