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Enfermedades respiratorias en oficinas
Por Fabiola Olivares, Académica de Ingeniería en Prevención de Riesgos y Medioambiente en Universidad San Sebastián. asesoriashigieneocupacional@ gmail.com
La mayor parte de nuestras vidas transcurre en ambientes cerrados (viviendas, transporte público, centros comerciales y oficinas), por lo que se hace indispensable velar por la calidad del aire a través de una permanente evaluación.
Fabiola Olivares.

La mala calidad del aire interior (CAI) es atribuible a los distintos contaminantes propios del ambiente y a aquellos que pueden ingresar desde el exterior. En la mayor parte de los casos, la información sobre la composición química del aire interior no nos permite predecir cómo este será percibido, ya que el efecto conjunto de miles de contaminantes, sumado a la temperatura y la humedad, pueden producir un aire que se percibe como irritante, viciado o enrarecido; es decir, de mala calidad.

Así, ya no es discutible la aparición de síntomas agudos y crónicos atribuibles a cambios en el estado de salud, cada vez más recurrentes por estas razones. Los casos en que una mala CAI dan cabida al desarrollo completo de una enfermedad, afortunadamente, son pocos, aunque estos pueden causar malestar, estrés, ausentismo laboral y pérdida de productividad, lo que aumenta colateralmente los costos de producción.

Por otra parte, los últimos debates sobre problemas de construcción y regulación de edificios pueden generar conflictos. Cuando más del 20% de los ocupantes de una torre de departamentos y oficinas se queja por la calidad del aire o presenta síntomas claros de sus efectos, se está frente a un fenómeno conocido como Síndrome del Edificio Enfermo (SEE). Existen dificultades para definir este tipo de inmuebles, pero se pueden identificar como aquellos que disponiendo de aire acondicionado o ventilación natural, sus ocupantes presentan problemas de salud en una proporción mayor a la razonable, en casos como el resfrío común o las enfermedades respiratorias. Cabe señalar que las causas siempre serán difíciles de determinar, dado que en muchos casos tienen un origen multifactorial.

Las enfermedades originadas en edificios suelen ser más graves, aunque menos frecuentes que en otro tipo de dependencias, y van acompañadas de síntomas clínicos muy definidos con resultados de laboratorio bastante claros. Algunos ejemplos de estas enfermedades son la neumonitis por hipersensibilidad, la fiebre del humidificador, la legionelosis y la fiebre de Pontiac. Una opinión bastante generalizada entre los investigadores es que estas enfermedades deben considerarse independientes del síndrome del SEE.


Calidad del aire en el trabajo

La CAI en el lugar de trabajo es esencial para sentirse confortable. Sobre esta, pueden influir varios factores, principalmente de origen químico y/o biológico, jugando un papel importantísimo la ventilación. El factor ambiente térmico también puede incidir en la calidad del aire: un aumento de la temperatura puede favorecer la volatilidad de ciertos compuestos químicos o la proliferación de determinados mohos y bacterias.

Factores de riesgo
El número de posibles contaminantes en interiores es enorme y pueden tener muy diversos orígenes. Los propios ocupantes del edificio pueden ser una de las fuentes más importantes: el ser humano produce de forma natural dióxido de carbono (CO2), vapor de agua, partículas y aerosoles biológicos, siendo a la vez responsable de la presencia de otros contaminantes, entre los que destaca el humo de tabaco (que en sí contiene más de 3.000 compuestos, entre ellos monóxido de carbono (CO), aldehídos, óxidos de nitrógeno y metales).

Por su parte, los materiales de construcción y decoración del edificio, como también los muebles y otros elementos, pueden también ser la causa de la presencia en el aire de compuestos tales como formaldehído, vapores orgánicos, polvos y fibras (asbestos, vidrio, textiles). De igual modo, los materiales

usados para el trabajo de oficina, en las instalaciones o el mantenimiento, pueden aportar contaminantes al ambiente. Es el caso de los productos utilizados como correctores, fotocopiadoras, biocidas, productos de limpieza y desodorantes, entre otros.

Cabe recordar que otros contaminantes proceden del exterior del edificio, como los humos de escape de automóviles, el dióxido de azufre o el radón.

El polvo presente en un aire interior está formado por partículas tanto orgánicas como inorgánicas, muchas de las cuales pueden clasificarse como fibras. El polvo total dependerá de la ventilación, la limpieza, la actividad en la zona y el grado de presencia de humo de tabaco. Los contaminantes biológicos pueden ser responsables de enfermedades infecciosas y también de alergias, por lo que hay que considerar los posibles efectos de bacterias, virus, hongos y ácaros.

Sobre la base del conocimiento actual parece improbable que las enfermedades y molestias relacionadas con los edificios puedan ser totalmente erradicadas; sin embargo, pueden conseguirse condiciones aceptables que se mantengan durante períodos indefinidos de tiempo. Incluso, en muchas investigaciones en las que no se puedan identificar las causas, pueden minimizarse los efectos prestando suficiente atención al diseño, construcción y mantenimiento de los sistemas de aire acondicionado y de ventilación, al ambiente de trabajo en general y a los aspectos anímicos del personal que trabaja en estos edificios.


Ambientes ventilados

Una ventilación insuficiente es una de las causas más frecuentes de SEE. Las normativas sobre aportes mínimos de aire existen en muchos países (la nuestra está contenida en la Norma Chilena 3308 /2013, Ventilación-Calidad aceptable de aire interior), y varían unos de otros, así como entre zonas de no fumadores y fumadores (intervalo entre 2,5-20 litros por segundo y por persona).

La International Energy Agency (IEA) indica que un aporte de aproximadamente 8 litros por segundo (cerca de 30 M3/h) por persona (actividad sedentaria) será adecuada para extraer los bioefluentes humanos (olores) en áreas de no fumadores. En zona de fumadores, el aporte de aire fresco debe ser mayor. Por su parte, el estándar ASHRAE 62-1989 propone para obtener una calidad aceptable de aire interior una serie de aportes mínimos de aire fresco. Estos valores pretenden mantener el CO2 y otros contaminantes dentro de un adecuado margen de seguridad en función de una variabilidad en el tipo de espacios interiores, presuponiendo en la mayoría de los casos que la contaminación producida es proporcional al número de personas que los ocupan. Así, para una oficina, se recomienda un aporte mínimo por persona de 10 L/seg (cerca de 35 m3/h) y para una sala de fumadores, este valor debe aumentarse hasta 30 L/seg por persona. La ventilación en sí no debiera ser causa de problemas adicionales, sin embargo hay que cuidar el mantenimiento y limpieza de estos equipos y evitar recirculaciones de aire que puedan introducir nuevos contaminantes.


Enfermedades relacionadas con la CAI:


Ojos: sequedad, picor/escozor, lagrimeo, enrojecimiento.

Vías respiratorias altas (nariz y garganta):
sequedad, picor/escozor, congestión nasal, goteo nasal, estornudos, epistaxis, dolor de garganta.

Pulmones: opresión torácica, sensación de ahogo, sibilancia, tos seca bronquitis.

Piel: enrojecimiento, sequedad, picor generalizado y localizado.

General: cefalea, debilidad, somnolencia/ letargo, dificultad para concentrarse, irritabilidad, ansiedad, náuseas, mareo.

Enfermedades más frecuentes:
hipersensibilidad, asma, rinitis, dermatitis, infecciones respiratorias y resfriados.

Mayo 2017
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