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DROGAS EN EL TRABAJO
Trabajar en la prevención es la mejor inversión
Por Iván Muñoz M., Director Asesorías y Servicios Clínicos, Fundación Paréntesis.
Contar con un programa que entregue información, capacitación y protocolos claros de acción, y que incluya en su desarrollo a representantes de todos los estamentos, ha demostrado ser la mejor estrategia para abordar un tema del que no se puede desconocer su presencia.
Iván Muñoz M.

El consumo de marihuana, enmarcado en discusiones nacionales sobre su despenalización, uso médico y consumo recreativo, está constantemente en los titulares y aún sigue siendo un tema sin resolución respecto a los aspectos mencionados. Este aumento en la discusión pública sobre la sustancia, es también un indicador de cambios respecto al acercamiento que existe hacia esta.

Por ejemplo, el estudio de consumo en la población general del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA) de 2014 (el más actual para esta población) evidencia una postura que ha ido acentuándose desde años anteriores sobre la Percepción de Riesgo que tienen los chilenos respecto al consumo frecuente de marihuana. La tendencia en la última década ha sido minimizar los riesgos de este uso, disminuyendo desde un 79% de la población que catalogaba como riesgosa esta conducta más constante, a un 67,2%. Es decir, cada vez menos personas reconocen un riesgo en su consumo frecuente. Asimismo, cuando hablamos de consumo experimental (menos intenso, más inicial), esta percepción cae aún más, donde solo 1 de cada 3 personas encuestadas reconoce como riesgoso el consumo inicial.

Aparejado al fenómeno anterior, se da también un alza en la prevalencia anual del consumo de marihuana. El reporte de SENDA en 2012 anunciaba que un 7,1% de las personas respondía positivamente a un consumo en los últimos 12 meses, mientras que el año 2014 esta cifra creció a un 11,3% de respuestas afirmativas. Los tramos de edad que presentaron mayores aumentos en estas cifras son los que van entre los 19 y 34 años, rango de plena ocupación laboral e intuitivamente de mayor productividad, recursos cognitivos y físicos para desarrollar las tareas encomendadas.

En el mismo estudio de SENDA de 2012, se determinó que la prevalencia de alcohol en la población adulta alcanza al mes el 48,9%, con un consumo promedio diario de 55 gramos. de alcohol puro (el triple del límite que señala la Organización Mundial de la Salud). Un dato importante es que esta sustancia es la más requerida por los chilenos, ubicando al país como la población que más la consume a nivel regional. Por otra parte, cuando hablamos de drogas, también es importante considerar los psicotrópicos que en algunos casos los trabajadores consumen de forma “automedicada”. De hecho, la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS) realizó un estudio entre 2011 y 2012 sobre el consumo de tabaco, alcohol y drogas a nivel laboral. El resultado fue que el preocupante aumento de medicamentos psicotrópicos, por lo menos un 2% más con respecto al estudio realizado dos años antes.


Prevención efectiva en el lugar de trabajo

Tomando en cuenta estas cifras, ¿podría pensarse entonces que en una empresa no exista consumo? La verdad, no. En muchas ocasiones nos encontramos con instituciones que señalan que no han desarrollado acciones preventivas debido a que intuyen que estos fenómenos no se dan en su contexto laboral. Lamentablemente, esta decisión es la que no se debe tomar.

Es por lo anterior que las estrategias para un abordaje adecuado de esta temática en las empresas deben ir evolucionando desde el mero control a un programa que desarrolle acciones de distinto tipo, intensidad y profundidad, con continuidad en el tiempo.

Prevenir no es actuar sobre un hecho detectado o una situación que esté produciendo problemas en la organización; es actuar anticipadamente. Mientras antes se generen acciones de entrega de información, sensibilización y capacitación, más posibilidades existen de que el tema no se transforme en problema. Como se mencionó, desconocer que la presencia de las drogas puede existir en nuestra organización, es tan ciego como pensar que no existe en nuestra sociedad.

Cuando hablamos de prevenir, no hacemos mención únicamente al consumo problemático de las sustancias, sino que mayoritariamente al consumo experimental o habitual en el que pueden encontrarse las personas. La entrega de información fidedigna y el entrenamiento a las personas tanto en estrategias de autocuidado como de gestión de los riesgos de aquellos que presentan un cierto consumo, son parte esencial de un trabajo preventivo efectivo.

Un plan de prevención requiere de un gran compromiso entre todos los integrantes y áreas de una empresa, comenzando desde la alta gerencia. Desde ahí, se debe generar una instancia que permita diagnosticar, estudiar y crear un programa preventivo que implique la acción de un gestor y/o entidad encargada de impulsar esta iniciativa. Se recomienda que este plan sea un beneficio tanto para los trabajadores como para sus familias, permitiendo una mirada sistémica e integral. Los riesgos asociados al consumo de alcohol y otras drogas son variados: desde problemas personales hasta complicaciones a nivel social y laboral. Sobre esto último, se pueden generar efectos negativos en el desempeño, productividad, clima laboral, seguridad y accidentabilidad.

Lo que se espera con el programa preventivo efectivo, es que las organizaciones generen una estructura que no solo responda ante situaciones de contingencia, sino también que sea una empresa que piense y promueva una conducta saludable y segura, con protocolos y códigos que permitan a todos sus integrantes (no solo a los consumidores problemáticos) saber qué es lo que se debe hacer o no ante los problemas asociados al consumo.

Marzo 2017
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