INFRAESTRUCTURA INVISIBLE, IMPACTO TANGIBLE Por qué las redes definirán el éxito de la transición energética Por Christian Candela, Gerente General de Siemens Chile. Durante los últimos años, Chile ha consolidado una reputación cuando de la implementación de energías renovables se trata, donde los vastos campos solares del norte y los parques eólicos del sur son el testimonio visible de una primera etapa exitosa. Sin embargo, en esta carrera acelerada hacia la descarbonización, el sector enfrenta el riesgo de tropezar con un obstáculo determinante para la viabilidad del modelo de desarrollo sostenible: la capacidad, inteligencia y flexibilidad de nuestras redes eléctricas.
Ahora, la conversación estratégica debe moverse urgentemente desde la generación hacia la transmisión y la distribución. El diagnóstico técnico es claro y los números que hoy maneja la industria son elocuentes respecto a la magnitud del desafío: nos encaminamos hacia un escenario global y local donde el consumo eléctrico se duplicará para 2050, según diversos reportes internacionales, todo esto impulsado por la electrificación agresiva de la industria y el transporte. Paralelamente, y según compromisos globales vigentes, se proyecta que se tripliquen las fuentes renovables para 2030. Esta ecuación impone una presión sin precedentes sobre una infraestructura física que, en muchos casos, no fue diseñada para la dinámica de flujos bidireccionales y variables de la matriz moderna. Las proyecciones indican que la capacidad de transmisión y distribución deberá expandirse al doble antes de 2035 para sostener este crecimiento.
Si no modernizamos la red al ritmo que avanza la generación, el sistema enfrentará un límite operativo antes de lo previsto, transformando lo que hoy es una ventaja competitiva en un cuello de botella estructural. Es por eso que la transición energética no puede ser vista solo como una tendencia global que se sigue por inercia, sino que debe entenderse como el eje central de una estrategia de desarrollo país. La convergencia digital como habilitador de la descarbonización A menudo se simplifica la ecuación pensando que descarbonizar es sinónimo exclusivo de instalar capacidad renovable. Sin embargo, la realidad operativa es mucho más sofisticada. La digitalización debe posicionarse como la principal palanca para descarbonizar la industria, la infraestructura y el transporte, sectores responsables de tres cuartas partes de las emisiones globales. Sin una red digitalizada, la energía limpia corre el riesgo de perderse por vertimientos o de gestionarse de manera ineficiente.
La clave está en integrar los mundos real y digital. Al fusionar la tecnología operativa (OT) con la tecnología de la información (IT), se habilita a los operadores de red y grandes consumidores para liderar la transformación de sus industrias y mejorar su competitividad.
El desafío de operar una red con alta penetración de renovables variables radica en la estabilidad y la capacidad de predicción. Necesitamos transitar hacia redes con inteligencia embebida, capaces de anticipar eventos y operar con una lógica más predictiva que reactiva. La transformación digital permite integrar procesos aislados, generando inteligencia operativa y nuevas capacidades de gestión.
El uso de tecnologías como los Gemelos Digitales, el Internet de las Cosas (IoT) y la Inteligencia Artificial (IA) es fundamental para transformar datos crudos en eficiencia energética y crecimiento sostenible. Imaginemos la capacidad de crear una réplica virtual fotorrealista de una subestación crítica. Esto permite simular escenarios de estrés climático o picos de demanda en un entorno virtual seguro antes de tomar decisiones en el mundo físico. Esta capacidad de simulación representa una evolución natural en la capacidad para unir el mundo físico y digital. El objetivo es revolucionar la automatización industrial y la toma de decisiones, haciéndolas más intuitivas y sostenibles. Esta es la herramienta técnica necesaria para ofrecer transparencia, control y automatización incluso en los sistemas más complejos, permitiendo pasar de combustibles fósiles a fuentes limpias con total confianza. Resiliencia y almacenamiento: La nueva ecuación de seguridad Para electrificar la economía, es imperativo transformar la infraestructura actual, haciéndola más adaptable, confiable, resiliente y preparada para el futuro. En un entorno global caracterizado por cambios acelerados y fenómenos climáticos extremos, la resiliencia deja de ser un atributo deseable u opcional, pasando a convertirse en una obligación crítica. La verdadera resiliencia hoy se construye con algoritmos, no solo con infraestructura. Y al integrar inteligencia de datos y fl exibilidad, elevamos la continuidad operativa de una mera capacidad técnica, a un pilar inamovible del desarrollo sostenible.
En este contexto, el almacenamiento de energía (BESS) juega un rol clave. Chile tiene las condiciones para posicionarse entre los cuatro países líderes a nivel mundial en cuanto a almacenamiento energético, con proyecciones de despliegue de hasta 40 GWh hacia 2027, según el estudio “Benchmark Mineral Intelligence”. Estos sistemas no son simples respaldos: son activos estratégicos que otorgan fl exibilidad, aplanando la curva de precios y evitando el vertimiento de energía limpia. La integración de estos sistemas ayuda a electrificar edificios, transportes e industrias, garantizando desempeño y confiabilidad.
Esta confiabilidad es vital para sectores estratégicos como la minería, motor económico que enfrenta desafíos urgentes en sostenibilidad y eficiencia. Una red eléctrica robusta y digitalizada es el prerrequisito para que la minería opere con energías 100% limpias, mejorando la seguridad y productividad de sus faenas en el norte. Del mismo modo, en el sur existe una gran oportunidad de contribuir al desarrollo de sectores clave como la agroindustria, el hidrógeno verde y la acuicultura, industrias que también evolucionan hacia modelos más eficientes. La expansión territorial de estas tecnologías debe ser una prioridad nacional, llevando soluciones aplicadas al territorio mismo donde están los motores de la economía, asegurando que el desarrollo no se concentre únicamente en la zona central. Estabilidad regulatoria y descentralización del desarrollo Mirando hacia el horizonte, la ambición del país debe apuntar a seguir creciendo no solo en cifras, sino en impacto real. Chile tiene el potencial de convertirse en un verdadero hub regional de soluciones tecnológicas avanzadas, lo que implica proyectar el conocimiento local -adquirido en uno de los laboratorios naturales más exigentes del mundohacia el resto del continente. Hacer visible lo que estamos haciendo en el día a día, pero también en el mediano y largo plazo, y cómo nos conectamos con las industrias clave, es fundamental para consolidar esta posición.
Para que esta visión se materialice, la tecnología debe ir acompañada de marcos regulatorios claros y de largo plazo. Es fundamental valorar la continuidad de políticas públicas relevantes, como la estrategia de hidrógeno verde, que ha mantenido su impulso a lo largo del tiempo. Esta estabilidad institucional fortalece la confianza para seguir invirtiendo, innovando y desarrollando soluciones de largo plazo. El avance de la infraestructura energética requiere un trabajo articulado entre diversos actores, con visión estratégica y capacidad de ejecución.
Es innegable que la innovación tecnológica avanza hoy a una velocidad que naturalmente desafía los tiempos de los marcos normativos vigentes. El reto país consiste en sincronizar ambos ritmos para habilitar nuevos modelos de negocio que fomenten la fl exibilidad, la participación activa de la demanda y una ciberseguridad robusta para la infraestructura crítica. La transición energética, la automatización, la industria 4.0 y la transformación digital confl uyen en un mismo propósito: avanzar hacia un modelo de desarrollo más sostenible. Si tuviéramos que definir cuál es el verdadero eje del desarrollo en Chile hoy, habría que mirar atentamente a la sustentabilidad.
En ese sentido, el núcleo de la solución no reside en una tecnología específica, sino en cómo todas esas transformaciones confl uyen hacia un futuro más sustentable. La red eléctrica es el sistema nervioso central de esta nueva economía, por lo que invertir en su inteligencia es invertir en la competitividad futura de Chile. |