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Por Catalina Pérez-Aguirre, gerente de Desarrollo Técnico y Sostenibilidad en Cintac.
Reducir la huella ambiental es uno de los mayores desafíos que enfrentan actualmente las empresas de construcción. Nuestro sector está ligado al uso intensivo de materiales, energía y transporte, lo que lo convierte en uno de los principales emisores de gases de efecto invernadero. A esto se suma la complejidad de sus cadenas de suministro, la presión por cumplir plazos y costos, y la necesidad de adaptarse a regulaciones ambientales cada vez más exigentes. Avanzar hacia una construcción más sostenible requiere herramientas concretas que permitan medir, gestionar y transformar cada etapa del proceso constructivo.
El Análisis de Ciclo de Vida (ACV) es una de esas herramientas. Evalúa los impactos ambientales de un producto, servicio o proyecto, desde la extracción de materias primas hasta su fin de vida. En la construcción, permite medir emisiones de distinta índole, consumo energético y uso de recursos en todas las etapas del ciclo de vida, ayudando a identificar oportunidades de mejora sostenible y tomar decisiones más responsables.
Este análisis se puede aplicar a un proyecto de edificación, también conocido como Análisis de Ciclo de Vida de un Edificio Completo (Whole-Building Life Cycle Assessment) permitiendo conocer los efectos ambientales de cada fase de una edificación a lo largo de su vida útil, desde la elección de sus materiales hasta su demolición. Realizar un ACV de un Edificio Completo desde etapas tempranas del diseño de un proyecto no solo permite reducir la huella de carbono, sino también anticipar ahorros en operación, mantenimiento y gestión de residuos en su fin de vida.
Hoy existen programas de software especializados que permiten integraciones con modelos BIM, optimizando y acelerando la elaboración de un ACV de Edificio Completo, para facilitar el trabajo a arquitectos, diseñadores e ingenieros. Para realizar una ACV de Edificio Completo, el ideal es contar con datos locales y reales de los productos seleccionados para el diseño, y para ello las Declaraciones Ambientales de Producto (DAP’s) son clave.
Una Declaración Ambiental de Producto (DAP) contiene un ACV del material o producto que se utilizará en un proyecto de edificación, permitiendo evaluar especialmente los impactos ambientales asociados a la etapa de producto que al menos incluyen: A1 – Extracción de Materias Primas, A2- Transporte de materias primas a la fábrica, A3 – Proceso de manufactura de los productos de construcción y los módulos de Fin de Vida del Producto (C1-C4 y D).
Frente a regulaciones crecientes y mayores exigencias del mercado, contar con datos respaldados por ACV mejora no solo el desempeño ambiental, sino también la competitividad y reputación de las empresas del rubro. Es por esto, que en Grupo Cintac hemos dado un paso concreto en esta dirección, publicando nuestras primeras Declaraciones Ambientales de Producto para cuatro líneas de productos de acero. Esta herramienta, basada en ACV, permite transparentar con datos verificados el impacto ambiental de nuestros productos y entregar a nuestros clientes un respaldo técnico clave para proyectos con altos estándares medioambientales y certificaciones como LEED, BREEAM, CES y CVS.
En un contexto en el que avanzamos hacia industrias cada vez más sostenibles, la adopción del ACV es un paso esencial para que la construcción avance hacia prácticas más sostenibles y competitivas, proveyendo datos concretos que respalden la toma de decisiones informadas y responsables.
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