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INCERTIDUMBRE ESTRUCTURAL
La nueva normalidad en las cadenas de suministro
Por Julio Villalobos, Director CTL-UNAB; Miembro Comité Editorial Rev. Negocios Globales. / jvillalobosc@unab.cl
La incertidumbre puede ser definida como una duda, falta de seguridad o de certeza de cómo van a suceder los acontecimientos en el futuro, ya sea cercano o lejano. La forma en que se aborde la presencia de la incertidumbre, puede conducir al éxito o al fracaso de un determinado proceso de negocio.

El primer paso para gestionar la incertidumbre es identificar cuáles son sus fuentes. Si bien hoy, confinados desde nuestros hogares, la pandemia del Covid-19 monopoliza los análisis, quisiera poner en contexto otras fuentes de incertidumbre para la estabilidad y el desempeño de las cadenas de abastecimiento, las que han salido de las primeras planas pero permanecen latentes. Sin embargo, la magnitud y el alcance de sus impactos pueden perfectamente compararse a la crisis sanitaria global que estamos viviendo.

Me refiero a las interrupciones en el flujo del comercio de productos y de la perdida de estabilidad y confianza en las condiciones de competencia económica a nivel global, puestas severamente en cuestión por la guerra comercial de Estados Unidos y China. También a la crisis ambiental y sus crecientes eventos extremos producto de las consecuencias del cambio climático y, por último, no podemos olvidar la crisis social que cuestiona fuertemente el modelo de desarrollo imperante y sus instituciones. Todo lo anterior impacta a nivel estructural la economía en su conjunto y, por lo tanto, en la forma de consumir y hacer negocios, elementos que determinan y “conducen” a las cadenas de suministro existentes.

El estado del arte en gestión de cadenas de suministro, si bien, ha abordado con cierta profundidad la gestión de riesgos y la resiliencia, nunca hasta hoy se había planteado un entorno de gestión con tal nivel de profundidad en las disrupciones. Las respuestas de gestión eficiente de inventarios ante desvíos en la estimación de demanda, los esfuerzos por dotar de flexibilidad a los modelos de abastecimiento y distribución, y los procesos conocidos de integración a lo largo de las cadenas actualmente parecen meros esfuerzos higiénicos en contextos de profunda transformación. Si a lo anterior agregamos un mega proceso de redefinición de qué es “nivel de servicio” en múltiples industrias como las del canal Horeca (hoteles, restoranes y casinos), turismo, consumo masivo, etc., tenemos un contexto que yo llamaría de incertidumbre estructural.


“Acelerante” de tendencias

La incertidumbre tiene una particularidad y es que, al enfrentarnos a lo desconocido, nos damos cuenta de que los modelos y paradigmas que utilizamos pierden valor. Sin embargo, los procesos de transformación por muy radicales que sean, son procesos, por lo tanto, hay la posibilidad y un período de transformación. El cómo cada profesional u organización viva este proceso de transformación es lo que determina la capacidad de adaptación, quizás es la clave de esta nueva etapa.

No me voy a detener en el análisis de la reacción inmediata a esta situación de emergencia, en la forma en que toda organización busca adaptarse de la mejor manera posible a la variabilidad de los procesos que afectan a la distribución y a cada parte de su cadena de suministro, tampoco en los impactos que tendrá la crisis económica en el corto plazo. Quiero centrarme y destacar que este contexto de incertidumbre estructural está actuando como un verdadero “acelerante” de tendencias que, si bien, ya nos acompañaban, pareciera que hoy comienzan a asumir la conducción de la nueva normalidad:

La globalización. Específicamente la deslocalización y sus cadenas de abastecimiento globales, se encuentran en serio entredicho por la incapacidad de sostener el suministro de bienes esenciales en los niveles de servicios esperados por la población, en contextos de emergencia sanitaria. Más allá de la tendencia al fomento a la economía local, ya se habla de construir, para ciertas cadenas estratégicas (alimentación básica, insumos médicos y otros), redes de soporte locales o regionalmente diversificadas, además de estructurar una capacidad de segmentación de cadenas a fin de dar fluidez en estas circunstancias a dichas cadenas estratégicas, disminución de controles y fiscalizaciones, entre otras.

El nuevo consumidor. Se espera que después de más de 2 o 3 meses de confinamiento, de cambio radical en el estilo de vida provocarán cambios permanentes en la forma de consumir, trabajar, transportarse y significar la vida de grandes masas de la población, provocando un rebalanceo en prioridades de gasto y canales de consumo. Cadenas de suministro inocuas y amigables con el medio ambiente ya no serán tendencias emergentes, más bien se constituirán en el estándar.

Cadenas de suministro integradas de punta a punta. Con gran capacidad de adaptación, en base a información y contratos confiables y transparentes son el impulso definitivo a nuevas tecnologías como el Blockchain. Para la eficiencia en la gestión de los procesos logísticos y la respuesta a las nuevas necesidades del nuevo consumidor el uso de Big Data e Inteligencia Artificial, junto a la Automatización se ubican en el centro de los proyectos de mejora significativa y como la base sobre la cual se construirá la cadena de suministro, ya no del futuro.

Tecnología. Los servicios logísticos basados en soluciones tecnológicas (última milla digital) como soporte al e-commerce, han sido una respuesta eficiente y fundamental en esta crisis. Ese modelo y los que hoy se estén inventando como derivados de ello, sin lugar a dudas, se van a desplegar con el gran desafío de ver cómo se “formaliza” o derechamente institucionaliza esta llamada área gris de la economía.

La economía colaborativa y crowdsourcing (colaboración abierta distribuida o externalización abierta de tareas) están en su momento de despliegue y al centro del futuro.

A esta altura ya tenemos evidencia suficiente para darnos por enterados de que, por cualquiera de las causas ya expuestas, las cadenas de abastecimiento se están viendo interrumpidas de forma cada vez más frecuente, más profunda y en grados crecientes de complejidad. Estamos en un momento de incertidumbre e introspección profunda, aunque forzada, muy necesaria debido a todas las señales de crisis que nos han acompañado los últimos 2 a 3 años. La respuesta vendrá de cada uno de nosotros, como ciudadanos, consumidores y profesionales y, con ello, vendrá la necesaria adaptación de las organizaciones que acompañan el devenir de la humanidad.

Por ahora la incertidumbre estructural es la cancha sobre la cual jugaremos algún tiempo y este juego pide nuevos cimientos, nuevas semillas y la conciencia de que la respuesta como siempre está en cada uno de nosotros.

Mayo 2020
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