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INCENDIOS EN BODEGAS Y CENTROS DE DISTRIBUCIÓN
La importancia de tomar medidas adecuadas

Los incendios ocurridos en instalaciones industriales en los últimos días nos impresionan y producen altos impactos en la comunidad, pero hay que establecer que un adecuado diseño podría evitar estas grandes catástrofes.

Cada cierto tiempo presenciamos incendios de grandes bodegas, centros de distribución y estructuras similares en sectores industriales, las cuales, por sus grandes cargas combustibles, tanto en calidad pirógena de sus contenidos como por la cantidad en toneladas, liberan mucha energía caló- rica, acompañada de nubes de humo y gases tóxicos que producen emergencias químicas en los sectores habitacionales aledaños. Esta situación producto de pobres planos reguladores, lamentablemente muy comunes en nuestro país, y de construcciones compuestas por estructuras metálicas, acompañadas en ocasiones de muros de hormigón, sin mayores separaciones u otras medidas que eviten la propagación del fuego por su interior.

La suma de estos factores provoca que un incendio haga colapsar en pocos minutos estas instalaciones, transformándose en trampas mortales para Bomberos y generando trabajos de extinción y remoción de escombros que pueden durar días, con altos costos tanto humanos como de materiales para controlar la emergencia.


Cómo aminorar consecuencias

Las personas comunes y corrientes que observan y sufren los efectos de estos incendios, y aparentemente también la autoridad, creen que estos eventos son inevitables y que las medidas de parche que se establecen durante la emergencia son lo único que se puede hacer. Sin embargo, para cambiar este problema frecuente se deben conocer cuáles son las condiciones que las edificaciones deben presentar para evitar la destrucción total ante incendios.

Lo primero que hay que precisar es que todos los incendios son evitables o se pueden aminorar sus consecuencias, si se toman las medidas preventivas adecuadas. Entonces, ¿cuál es el problema? Que con frecuencia estas acciones son tomadas en forma ineficiente, principalmente, por desconocimiento de la legislación nacional.

La Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (OGUC), en su Título IV, Capítulo 3 “De las Condiciones de Seguridad Contra Incendios”, indica que todas las edificaciones que se construyan o remodelan en nuestro país y que requieran permiso de la Dirección de Obras correspondiente, deben cumplir con cuatro aspectos fundamentales:

Que se facilite el salvamento de los ocupantes de los edificios en caso de incendio.

Que se reduzca al mínimo, en cada edificio, el riesgo de incendio.

Que se evite la propagación del fuego, tanto al resto del edificio como de un edificio a otro.

Que se facilite la extinción de incendios.


Para cumplir estos objetivos, este Reglamento indica que existe la Protección Pasiva contra incendio, consistente en elementos constructivos o sus revestimientos que resistan al fuego por un tiempo; y la Protección Activa, compuesta por la descarga automática de agentes extintores. Ambas podrían ser suficientes para evitar o aminorar las consecuencias de los incendios si se aplicaran en forma adecuada, pero podemos asegurar que no se cumplen en los incendios ocurridos en edificaciones tales como bodegas, supermercados y similares. Lo anterior queda en evidencia por la magnitud que estos incendios alcanzan, demostrando que no existía ninguna barrera interna que detuviera la propagación y la inexistencia de sistemas de descarga de agentes extintores que evitaría el colapso de la estructura.

Los sistemas de rociadores o sprinklers, diseñados, instalados y mantenidos según normas internacionales como la NFPA 13, son la mejor defensa contra la destrucción total de un edificio de grandes dimensiones. Si bien no aseguran extinguir el incendio, pues descargan una lluvia continua que no siempre cae sobre el punto de origen, evitan que el fuego pase de una fase de incremento de temperatura a una de libre combustión, donde la energía calórica es capaz de hacer colapsar estructuras metálicas en minutos. Materiales como el acero al carbono pierden su resistencia a los 450°C. Si consideramos que una fase de libre combustión o flashover ocurre desde temperaturas muy similares, es común que las estructuras metálicas colapsen en pocos minutos ante un incendio.

Además, un sistema de rociadores operativo permite la evacuación de los ocupantes y la llegada de los equipos de emergencia, cumpliendo al menos 3 de las 4 condiciones exigidas por la OGUC.


Rol de la compartimentación

Respecto de las condiciones que ayudan a que las edificaciones no colapsen, la compartimentación es otro factor pobremente cumplido, que se basa en dividir la construcción de manera que, si ocurre un incendio, este no destruya toda la instalación.

Existen variadas formas de dividir en forma eficiente, ya sea mediante muros sólidos, compuestos, barreras desplegables, cortinas de aire, de agua, entre otras. La tecnología está disponible, entonces son los diseñadores y financistas quienes deben evaluar la conveniencia de su instalación, comparando el costo de estos dispositivos con el de la pérdida de toda la inversión por un incendio, sumado al impacto para la comunidad y el medioambiente.

Nuestro país tiene mucho por avanzar en materia de protección contra incendios, y como nos demuestra los recientes siniestros que se han generado durante los últimos acontecimientos sociales, es necesario que, cuando se remodelen o construyan nuevos edificios, estos deben incorporar medidas de ingeniería de protección contra incendios disponibles en el mercado para reducir el impacto en la comunidad.

Pero, insisto, esto debe ser acompañado de cambios en la actual legislación nacional y un mejoramiento en la cantidad de fiscalizadores, de modo de asegurar que se implementen de manera adecuada las mejoras en esta materia.


Por Sergio Albornoz Godoy, Experto en Prevención de Riesgos, Bombero Profesional/ Docente Tecnología del Fuego Escuela Técnica Aeronáutica.
Noviembre 2019
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