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El decisivo segundo semestre de 2019 para el transporte
Por Diego Ramírez Toro, Jefe de Comunicaciones de la Confederación Nacional de Dueños de Camiones de Chile. / comunicaciones@cndc.cl
Un tema clave para la industria este segundo semestre de 2019 son las perspectivas de crecimiento de la economía chilena. Desde el punto de vista del transporte terrestre de carga, es un factor fundamental; ya que el comportamiento del mercado está en función de la curva del Producto Interno Bruto (PIB). En otras palabras, a mayor actividad general más crece este sector.

La economía tuvo en el primer semestre una expansión débil, de solo un 1,75 %. Abril, mayo y junio tuvieron un mejor desempe- ño y ayudaron a recuperar en algo las alicaídas cifras de los primeros meses del año. El tema es qué viene en lo que resta de 2019, para ver si mejora el crecimiento. La última encuesta de expectativas económicas del Banco Central indica que la mayoría cree que el PIB se expandirá solo un 2,6 % en todo 2019, más bajo que el 3% al que aspira el Gobierno.

Cifras más, cifras menos, lo que al transporte y muchos otros rubros interesa es que haya un ritmo de trabajo sostenido. De lo contrario, caen los negocios y se genera un efecto que se expande a todo el entorno de los proveedores de la industria.

Como se sabe, la actividad de transporte y logística movilizan cerca de un 95% de las mercancías, y una menor actividad posterga las decisiones de inversión y renovación de equipos. Sin embargo, el solo crecimiento no es el único factor a tener en cuenta. Por eso es válido plantearse cuál es el contexto en que hoy se desenvuelve el transporte. Sin duda, además de la variable económica, se deben considerar las expectativas, y estas se ven influidas por distintos factores.

Lo que hoy pasa en Chile puede ser descrito como un panorama más bien turbulento para la opinión pública, al menos en la superficie. El país ha asistido a un intenso debate sobre la jornada laboral, con dos planteamientos disímiles en cuanto a su origen, pero similares en el objetivo final: uno, la propuesta de la diputada Camila Vallejo de recortar las actuales 45 horas a 40, manteniendo las remuneraciones. La segunda, del Ejecutivo, que plantea también una rebaja horaria muy similar, a 41 horas, con elementos de gradualidad y flexibilidad, aunque al parecer compleja de ejecutar.


¿Qué pasa con los transportistas y la jornada laboral?

Para los transportistas, son opciones que dejan pocos espacios, pues la nueva ley recortaría la jornada de los conductores de 180 horas mensuales a 160 horas. Un escenario complejo, dado que haría necesario contratar un segundo chofer para cumplir los tiempos restantes. Eso es subir los costos.

Los agentes productivos, en especial las Pymes (pequeñas y medianas empresas), han sido claros en señalar que los proyectos en curso no toman en cuenta el aumento de los costos netos para las empresas. El solo hecho de restar cinco horas a la jornada actual y mantener los sueldos, implica subir los costos en un 11%.

Un segundo elemento que se agrega al anterior, es el aumento de la tasa de cotización de un 10% a un 14%, que contempla el proyecto de ley de pensiones, hoy en discusión. Sin duda que aumentar la cotización es necesario para mejorar las pensiones, pero será de cargo del empleador.

Así, sumados el 11% de la jornada laboral y el 4% de mayores cotizaciones, da un 15% de mayor costo de mano de obra. El Índice de Costos del Transporte (ICT), que elabora el Instituto Nacional de Estadísticas, señala que el grupo Recursos Humanos, uno de los cinco que componen el indicador mensual, representa un 40% de los gastos para generar servicios de fletes, incluso más elevado que el ítem combustible.

Eso no es todo, porque el mercado laboral para las empresas transportistas presenta una notoria escasez de mano de obra, con una carencia de al menos 8.000 plazas de conductores profesionales.

Entonces, al hablar del contexto, conviene tener presente todo lo anterior. Destaca el lento trámite de reformas muy importantes, como la tributaria, que después de casi un año fue aprobada recién en agosto por la Cámara de Diputados, y aún debe sortear el Senado, en un clima de dura pugna política entre gobierno y oposición, donde se advierte crispación y falta de diálogo.

Y ese clima es el que finalmente enturbia las expectativas, porque los agentes económicos y productivos, al no advertir señales claras, ralentizan sus decisiones de inversión. Las últimas encuestas de la firma Cadem muestran que el 75 % de los consultados cree que la economía está estancada o retrocede, y esa visión se traspasa a toda la cadena productiva, repercutiendo en la industria.

Por eso es importante despejar los nubarrones. Porque el país tiene sus bases económicas sanas: está creciendo, aunque no a la velocidad y ritmo que se espera. Chile sigue siendo un buen lugar para invertir y es bien evaluado en el exterior; en el contexto regional es uno de los pocos sin inflación ni alto desempleo, y la inversión interna puede aumentar, pero requiere mayor confianza.

Si Chile crece lo que realmente es capaz este segundo semestre, serán buenas noticias para todos, pero especialmente para los transportistas y el sector logístico, que necesitan un mayor ritmo para ampliar su aporte al país.

Septiembre 2019
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