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Los robots no tienen a Dios en el corazón1
Por Rodolfo Torres-Rabello. / rodolfo.torres@edu.uai.cl
Decía Norbert Wiener, el padre de la Cibernética, que “siempre la realidad irá más lejos que nuestros sueños”. La realidad es que estamos asistiendo a un cambio de era. La Cuarta Revolución Industrial está aquí y su manifestación más evidente es la tecnología.
Rodolfo Torres-Rabello.

El impacto de la Cuarta Revolución Industrial en las Operaciones está siendo y será disruptivo. Nada volverá a ser igual y algún día diremos que así era el futuro. Imagine una fábrica completamente automatizada. Un centro de control sin humanos coordina desde el diseño de ingeniería hasta la distribución. La materia prima entra por correas transportadoras hasta los centros de producción, donde trabajan impresoras 3D y brazos robóticos que ensamblan las partes.

Otros dispositivos llevan los productos terminados a las áreas de terminación, donde se envasan y etiquetan. Un software de inteligencia artificial coordina la distribución, optimizando las rutas y asignando la carga a los vehículos autónomos, capaces de hacer crossdocking automático y emplear drones para las entregas en la última milla. Una sinfonía perfectamente coordinada que funciona casi por arte de magia. Como alguna vez dijo Arthur Clarke, “toda tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”.

La Cuarta Revolución Industrial se está manifestando como un tsunami tecnológico. La Internet de las Cosas (IoT), la información en la nube (Cloud Computing), la tecnología móvil (Mobility), la impresión aditiva (3D Printing), los materiales inteligentes (Smart Materials) y el procesamiento de enormes volúmenes de datos (Big Data & Analytics) son ejemplos de esta gigantesca ola.

En la fuerza arrolladora del tsunami vienen los robots. La palabra en idioma checo significa “trabajador” y fue utilizada por primera vez por el escritor Karel Capek en 1920. El uso de robots industriales ha estado creciendo a tasas exponenciales y se cree que dentro de algunos años la cantidad de robots sobrepasará la cantidad de habitantes del planeta. Inicialmente, eran simples artilugios que hacían labores repetitivas, tales como pintar o soldar; hoy en día son capaces de comportamientos complejos, han sido dotados de software sofisticado y son capaces de realizar una gran variedad de movimientos. La robótica es indispensable hoy en la industria automotriz y en la aeronáutica y pronto lo será en otras industrias, tales como la salud y la minería.


Robótica en Logística

En logística y distribución la robótica ha tardado más en integrarse, pero ya hay Centros de Distribución que cuentan con robots paletizadores y envasadores, así como robots capaces de entregar una pizza en las calles de Nueva York. La clave son los datos. En este nuevo escenario, se requiere una cadena de suministro de datos (Data Supply Chain), compartidos y en tiempo real, para que los humanos y las máquinas puedan tomar decisiones correctas y a tiempo. Esta cadena de datos es lo que hace posible que una persona en Sudamérica pueda recibir en tiempo récord un teléfono o la camisa que compró por Internet a un proveedor en China. Es la cadena de datos que hace posible que Amazon pueda entregar productos en una hora. Son los datos los que están en la base de esta Revolución Industrial.

Un vehículo autónomo es, de cierto punto de vista, un robot capaz de tomar decisiones sobre desplazamiento.

En faenas mineras ya trabajan camiones autónomos y pronto llegarán a la vida cotidiana, como lo anticipan los automóviles de Google y de Tesla. Hay aspectos por resolver aún: suponga un camión autónomo que va a entregar su carga y en un cruce debe elegir entre chocar y quedar destruido o evitar el choque y atropellar a una persona. ¿Cómo debiera programarse para enfrentar situaciones límite? Quizás es hora de volver a releer a Isaac Asimov: “Un robot jamás podrá dañar a un ser humano. Esta es la primera ley de la robótica”.

La sustitución es solo la primera y más evidente etapa de toda tecnología. Un robot puede hacer el trabajo de un operario de bodega o de un conductor con increíble regularidad y eficiencia. Y puede hacer tareas peligrosas para los humanos, como entrar a un reactor nuclear, participar en el rescate de un naufragio y encontrar sobrevivientes bajo edificios destruidos. En cualquier caso, por razones de seguridad, calidad o costos millones de empleos serán sustituidos por robots en los próximos años. Nuestras universidades tienen, entonces, el desafío de preparar a los jóvenes para un mundo que viene, no para el pasado que ya fue.

El automóvil sustituyó al carruaje y el procesador de texto a la máquina de escribir, pero ese fue solo el comienzo. La sociedad ya no fue la misma después del automóvil y el computador. Lo mismo ocurrirá con los robots: es cierto que el robot sustituirá al trabajo humano en muchos casos, pero el cambio irá más allá de eso: estamos asistiendo al nacimiento de una nueva capa de inteligencia, de consecuencias insospechadas en la industria y, en último término, en la vida cotidiana.

Los primeros robots eran máquinas estúpidas capaces de repetir millones de veces una operación sencilla y dependían de una mente humana. Robots conectados entre sí mediante la Internet, dotados de inteligencia artificial y capaces de aprender por sí mismos, podrían en el futuro pensar y hacer cosas similares a un humano y, eventualmente, hacer las cosas mejor que un humano. Este punto, llamado “singularidad tecnológica”, es la situación peligrosa de la que han alertado científicos como Stephen Hawkins y visionarios como Elon Musk.

No todos concuerdan con esta visión apocalíptica. Dice Ann Babe (BBC Travel) que en Corea del Sur “en lugar de preocuparse por el apocalipsis de la Inteligencia Artificial están tratando de entender cómo los robots pueden mejorar sus vidas, ayudarlos a resolver una amplia gama de problemas sociales, desde el más pequeño hasta el más grande y amenazante”. Y no son los únicos.

Más que temer a los robots y a la inteligencia artificial quizás debemos temernos a nosotros mismos. El escritor y periodista José Luis Cordeiro decía que “yo no le tengo miedo a la inteligencia artificial, a lo que le tengo miedo es a la estupidez humana”. Sin duda, estamos viviendo un cambio de época. Así era el futuro, diremos alguna vez.


1 “Los Robots no tienen a Dios en el corazón” es el título de un ensayo de divulgación científica escrito por el ingeniero y escritor chileno Arturo Aldunate Phillips (1902 – 1985) en la década de los ’60. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1976.

Rodolfo Torres-Rabello es Líder de Proyectos e Innovación Cemin Holding Minero; Profesor del MBA Universidad Alberto Hurtado y profesor de programas de post-grado Universidad Adolfo Ibáñez; Coautor del libro “Supply Chain Management, logrando ventajas competitivas a través de la gestión de la cadena de suministro”; Miembro del Comité Editorial de Revista Negocios Globales.
Enero 2018
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Comentarios acerca de este artículo
Pablo Briceño Selis Chile SpA (25/01/2018)

Las dos visiones de la tecnología, una optimista, donde el hombre es beneficiario de sus avances y otra pesimista, donde el hombre no encaja ya en este mundo automatizado, ¿cual habrá sido la visión de Dios al crear al hombre?

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