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Dra. Celia Sánchez-Ramos, Universidad Complutense de Madrid
“La exposición lumínica es un riesgo
del que no sabemos sus consecuencias”

En la actualidad, ciertos grupos de personas pasan largos períodos observando pantallas de diversos dispositivos electrónicos, recibiendo estímulos lumínicos cuyos efectos aún no han sido estudiados en su totalidad. Conversamos sobre este tema con la Dra. Celia Sánchez- Ramos, investigadora del grupo de Neuro-Computación y Neuro-Robótica de la Universidad Complutense de Madrid, quien visitó el país en el marco del II Congreso ACHS.
Dra. Celia Sánchez-Ramos.

¿Cómo debemos controlar la exposición a la luz?
Para tener cierto control de la exposición a la luz, debemos considerar todas las fuentes lumínicas, las que, dependiendo del ambiente, serán de fuente natural o artificial y tendrán características diferentes. Por ejemplo, la luz natural en Chile no es igual a la que se encuentra en Ecuador o Noruega. Asimismo, en establecimientos u oficinas, debemos sumar las fuentes de luz artificial, como también la que emana de las pantallas LED de trabajo, ya sean computadores, celulares, tablets, etc., todos estímulos que afectan de algún modo las estructuras oculares.

En este sentido, podemos ver casos de conjuntivitis en la conjuntiva; inflamación en los párpados (nefaritis), y las cataratas en la córnea. Por ejemplo, los efectos de la luz son brutales en los pescadores, como también el reflejo de la luz en la nieve al que están expuestos los trabajadores de la minería de altura. No obstante, también puede haber casos en trabajadores de oficina, expuestos a una pantalla por cerca de ocho horas diarias.

¿Son las cataratas el mayor problema?
Es una de las peores situaciones. Lo que ocurre es que se adelantan las posibilidades de adquirir la enfermedad, y en vez de desarrollarla a los 75 años, se empieza a manifestar a los 60. Esto puede ser un problema relativo, porque el cristalino se puede sustituir por uno artificial.

Sin embargo, cuando la luz incide en el sensor, tenemos un problema mayor, porque ahí se encuentran neuronas que pueden verse afectadas por temperatura, por ondas de choque, o por especies reactivas al oxígeno, que generan cambios metabólicos muy dañinos, donde la capacidad de recuperación es casi nula. El peor efecto en el ojo sería una degeneración macular que, frecuentemente ocurre, pero 20 años más tarde.

¿Qué acciones preventivas se pueden realizar?
La primera medida de prevención, es siempre conocer el tipo de exposición, es decir, medir con un fotómetro la cantidad de luz. De esta forma, se van generando puestos de trabajo más saludables. No obstante, aún estamos estudiando los efectos de la exposición lumínica. Por ejemplo, investigamos cuánto tiempo de exposición a las pantallas LED puede generar problemas, y todavía estamos trabajando en experimentación para saber cómo evolucionan las patologías. Después de todo, el uso masivo de los dispositivos electrónicos es un fenómeno que tiene unos cinco años, lo que en tiempos de investigación es muy poco; por lo cual es necesario realizar medicina preventiva. Por esa razón, insisto en la utilización de elementos como pantallas, gafas y otros para bloquear en alguna medida la emisión de los dispositivos y así aminorar el riesgo.

¿Qué factores deben considerarse para las acciones preventivas?
Son múltiples. Por ejemplo, se debe diferenciar la calidad de la luz, lo que está dado en función de la composición de la luz; considerar el tiempo de exposición de los ojos a esa fuente, entre muchas otras. Además, debe estar bien informado en la materia y trabajar codo a codo con un profesional de la visión.

Esto es un tema que todos intuimos; todo el mundo sabe que le “pican” los ojos cuando termina de trabajar, pero tenemos que esperar 8 a 10 años para que ese malestar se manifieste en una dolencia o enfermedad visible. Esto también tiene una importante arista en las familias, porque los niños ya están sobreexpuestos a las pantallas y es muy posible que en unos años más presenten patologías a la visión.

¿Qué acciones serían recomendadas?
Son acciones relativamente fáciles. Lo primero es hacer un análisis de los puestos de trabajo, evaluando la intensidad de luz y adecuándola a niveles aceptables, y medir el tiempo de exposición a la fuente lumínica. Un ejercicio recomendable es que el trabajador se detenga cada 20 minutos y parpadee unas 20 veces, hidratando el ojo y fomentando la aparición de lágrimas.

Mientras no existan normativas al respecto, hay que atacar con lo que tenemos más a mano, porque necesitamos proteger los ojos. Esta es un área nueva de estudio, pero de acuerdo a ciertos estimados, en unos 15 años podremos conocer a ciencia cierta de qué manera las exposiciones lumínicas afectan a los ojos. Por eso, lo importante ahora es generar conciencia de que hay un riesgo y que todas las personas deben considerarlo y controlarlo.

Marzo 2016
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