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ILUMINACIÓN EN FAENAS EXTERIORES
Aspecto indispensable de las operaciones seguras

Cuando la iluminación de una faena es deficiente, los accidentes son inminentes y cuando esta se encuentra en exteriores, los riesgos son incluso mayores. Para esos casos, una correcta iluminación debe considerar elementos cuantitativos y cualitativos específicos del lugar de trabajo.

Cerca del 80% de la información sensorial que recibe el ser humano es visual, y por ello, para realizar cualquier actividad con eficacia, se necesita una iluminación adecuada. En ambientes laborales, este elemento tiene una importancia mayor, ya que si es deficiente, puede afectar no solo el desempeño, sino también la integridad física de los trabajadores, especialmente si se encuentran en faenas exteriores.

Cuando se trabaja en lugares abiertos, la iluminación natural varía constantemente, y se puede apreciar, por ejemplo, que las primeras luces del alba se presentan tendientes hacia el espectro ultravioleta, mientras que las últimas luces del atardecer hacia el infrarrojo. Además, la proyección de las sombras también incide en la percepción de un camino o de la geografía de un lugar determinado. En industrias que realizan gran parte de sus actividades productivas al aire libre, como la minería, construcción, forestal o logística, este es uno de los factores a considerar para mantener la seguridad y salud de quienes allí trabajan.

En cualquier escenario, abierto o en interiores, en los que se realicen tareas, es necesario niveles mínimos de iluminancia (lux) y luminancia (cd/ m²), parámetros que definen una evaluación de iluminación. “Nuestros ojos tienen restricciones en su funcionamiento. Necesitan un tiempo de adaptación visual a los cambios dramáticos de niveles de iluminación -como cuando se sale o entra a un túnel-. La percepción de los colores cambian, sobre todo en las horas de la noche por el efecto ‘purkinge’, de manera que se altera la percepción de colores”, explica Mauricio Santos, Ergónomo de Mutual de Seguridad CChC.

Desde el punto de vista de la salud, de acuerdo a Luis Fuentealba, ingeniero civil y Ergónomo de la ACHS, niveles bajos o excesivos de iluminación no generan enfermedades de tipo profesional, aunque sí se puede producir disconfort o fatiga visual (molestias oculares, cefaleas, lagrimeo, ojos rojos, etc.), que originan molestias visuales que desaparecen al salir de la exposición.

Al respecto, Santos menciona que “el proceso necesario para leer una imagen es complejo; utiliza una buena parte de nuestra materia gris y cerca de un 25% de nuestra energía. Al existir errores en el entorno visual por una mala adaptación de la iluminación (interior, exterior o la combinación de ambas), puede producir dolor de cabeza y somnolencia”.

La iluminación tiene además un efecto directo en la acentuación de los riesgos de accidentes. Al respecto, Paulina Hernández, académica y Presidenta de la Unión Latinoamericana de Ergonomía (Ualergo), destaca que “la capacidad y el confort visuales son importantes, ya que muchos accidentes se deben, entre otras razones, a la dificultad para discriminar o identificar claramente señales, objetos, detalles, etc., ocasionada por deficiencias en los sistemas de iluminación”.

Fuentealba agrega que estos accidentes pueden resultar en cortes, atrapamiento y caídas, así como en desperfectos que generen fallas en el proceso productivo con pérdidas económicas (calidad de productos, intervenciones en equipos, entre otras).


¿Qué indica la normativa?

En materia de iluminación, la regulación vigente es el DS 594 sobre Condiciones Sanitarias y Ambientales Básicas en los Lugares de Trabajo, que entrega una línea base sobre las acciones preventivas. Como esta normativa solo se limita a dar las indicaciones mínimas de seguridad, Santos considera que en algunos casos, hay que complementarla con otras normativas, como las ISO según el tipo de actividad que se esté desarrollando. “En este sentido, CIBSE (Chartered Institution of Building Services Engineers) entrega recomendaciones complementarias a nuestra normativa, las que consideran, por ejemplo, la proporción de iluminación recomendada para confort visual y los rangos de contraste. Además propone una tabla que permite estimar la adaptación de una persona caminando a través de diferentes niveles de iluminación”, señala.

Por su parte, Fuentealba menciona la Norma Europea UNE-EN 12464-2: 2008, estándar que se refiere en particular a la iluminación de los lugares de trabajo en exteriores, y que puede ser empleado como una guía técnica a la hora de definir recomendaciones.


Correcta iluminación

Para una iluminación adecuada, son varios los factores a considerar, tanto cuantitativos como cualitativos. A juicio de Hernández, el primer paso es estudiar el puesto de trabajo, la precisión que requieren las tareas realizadas, la cantidad de trabajo, la movilidad del trabajador, entre otras.

DS 594. Los valores indicados en la tabla se entenderán medidos sobre el plano de trabajo o a una altura de 80 cm sobre el suelo del local en el caso de iluminación general.

“Es necesario realizar un diseño y acondicionamiento de la iluminación en los puestos de trabajo; técnicos en iluminación, médicos del trabajo, ergónomos e higienistas pueden participar en estos diseños para determinar las condiciones más favorables de luz y color para cada puesto”, menciona la profesional. En tanto, Fuentealba enumera algunos elementos a considerar:

La iluminancia (lux) o cantidad de luz disponible en un puesto de trabajo o área de trabajo.

La distribución de luminancias (o brillo fotométrico), en el puesto, es un parámetro que determina qué tan bien vemos los detalles y/o atributos del objeto y la agudeza visual.

El deslumbramiento, referido a la presencia de puntos o zonas con brillo superior a la media dentro del campo visual de las personas, puede ser directo (un foco apuntando a los ojos) o indirectos(reflejos).

La dirección de la luz, indica si se genera luz indeseable contaminando el ambiente o si esta no está apuntando hacia la zona de trabajo o desarrollo de la tarea, afectando el rendimiento luminoso.

El rendimiento de colores y apariencia de color de la luz, se asocia a los atributos que tiene esta. La apariencia cromática de la luz, se clasifica en luz cálida (°T< a 3300 K), intermedia (3300 K< °T<5300 K) y fría (°T>5300 K).

Finalmente, Paulina Hernández añade que el mantenimiento periódico de las instalaciones de alumbrado es fundamental. “Se debe prevenir el envejecimiento de las lámparas y la acumulación de polvo en las luminarias, cuya consecuencia será una pérdida constante de luz, y en la práctica afectará la seguridad de quienes trabajan en el lugar”, explica la ergónoma.

Mayo 2015
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