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CONSUMO DE DROGAS Y ALCOHOL EN EL TRABAJO
La necesidad de una mirada global

El consumo de drogas y alcohol en el trabajo -un problema subvalorado- es más común de lo que se piensa, y sus consecuencias se extienden tanto a nivel personal como laboral. Para conversar de este tema, donde muchos plantean la necesidad de implementar una política a nivel país, reunimos a expertos en la materia en el desayuno organizado por la revista HSEC.

Una de las problemáticas que existen en relación al consumo de drogas y alcohol en el trabajo es que, a juicio de muchos, la percepción de estas adicciones en las empresas no es la que se espera frente a un tema como este, que influye en el comportamiento personal, social y laboral de las personas y que, como en otros ámbitos, está estrechamente ligado a la existencia de normas que obligan al establecimiento de ciertas acciones.

Carolina Aguirre, Jefa del Area de Prevención de Corporación La Esperanza, comentando los resultados obtenidos en una investigación sobre la percepción que tienen las gerencias de recursos humanos, afirma que “la preocupación está principalmente ligada al aspecto normativo. Según el estudio, el 70% de las empresas -de una muestra de 226- ligaba este tema a tener políticas antidrogas, controles toxicológicos, y no necesariamente a la necesidad de intervenir directamente con los trabajadores, es decir, más asociado a la seguridad que al recurso humano en su dimensión social”.

Carolina Aguirre, CORPORACION LA ESPERANZA.
Patricio Labatut, GLOBAL PARTNERS.
Eduardo Solís, GLOBAL PARTNERS.
Luis Guillermo Farmer, IST.
Carlos Vöhringer, FUNDACION PARENTESIS.
Beatriz González, SENDA.
Pablo González, HOSPITAL DEL TRABAJADOR.
María Cristina Ulloa, GLOBAL PARTNERS.
Mauricio Espinoza, DRÄGER CHILE.
Claudia Lafuente, CORPORACION LA ESPERANZA.

Coincidiendo con lo anterior, Patricio Labatut, Chair International Committee de Global Partners, explica que de acuerdo a un reciente estudio “si no existe una normativa que obligue a realizar algún tipo de acción de prevención y medición de consumo, las empresas no la hacen. De hecho, estimamos que solo un 4% de ellas efectúan planes en forma voluntaria”. Para el ejecutivo de Global Partners, esta realidad demuestra que estamos muy lejos de los niveles internacionales, ya que “en países más desarrollados -con o sin regulaciones de por medio- un 60% de las empresas efectivamente se preocupan del tema, y no solo con testeos esporádicos, sino con estrategias formales y de largo plazo en torno a dos columnas: prevención e inhibición”.


Las falencias normativas

Si por un lado son necesarias normas que obliguen a las empresas a implementar acciones de prevención y control, por otro, las existentes no abarcan todas las dimensiones de la problemática. Eduardo Solís, Gerente Programa DFWP de Global Partners, asegura que “tenemos una falencia normativa tremenda. Hay tres o cuatro leyes contradictorias entre sí; entonces, cuando existe una ambigüedad tan grande desde el punto de vista legal, es poca la ayuda que se puede entregar a las empresas para que aborden el problema con un horizonte más claro”.

En ese sentido, Luis Guillermo Farmer, Gerente de Salud Ocupacional del IST, afirma que “nuestra ley nos obliga a enfrentar el tema en la medida en que se configure como un delito o una falta grave, pero no en cuanto actitud basada en la responsabilidad y libertad que le corresponde a cada individuo en la sociedad”, agregando que “por ejemplo, existen el reglamento de seguridad minera creado en los años ‘50, las normas relacionadas con licencias de conducir o el reglamento para sustancias peligrosas, pero se trata de documentos separados y que, en general, se refieren a las condiciones en las que el trabajador no debe desempeñarse, pero no a una política dentro de las empresas para atender el tema”. Para Carlos Vöhringer, Director de Asesorías y Servicios Clínicos de Fundación Paréntesis, “las empresas tienden a reaccionar más que a planificar, y la reacción fundamentalmente está relacionada con un hecho particular, un accidente o una dificultad en un ámbito específico; por lo tanto, las acciones que se establecen también están contenidas dentro de un espacio limitado”.

Desde la perspectiva del Gobierno, para Beatriz González, Asesora Area de Prevención de Senda, “en la última encuesta realizada pudimos establecer que el consumo de drogas y alcohol en espacios laborales es mayor que en la población que no está trabajando, lo que nos indica que efectivamente debemos darle una importancia a este tema, sobre todo en cómo prevenir. Probablemente, muchas compañías se están orientando más hacia el logro de objetivos, sin focalizarse en la salud del trabajador, por lo que es necesario generar un cambio en la cultura organizacional, de modo que apuntemos hacia lo que efectivamente busca la empresa, que puede ser la disminución de accidentes, para lo cual es clave fortalecer una cultura hacia la prevención a largo plazo”.

Fuente: Tercer estudio resultados de testeo de alcohol y drogas
trabajadores chilenos. Global Partners.

Hacia una política país

A pesar del trabajo que realizan diversos organismos, los asistentes coinciden en que es necesario un esfuerzo conjunto a nivel país para poder establecer políticas adecuadas a nuestra realidad. Refiriéndose a ese aspecto, Labatut señala que “falta una política país. Debiésemos tener más apoyo y una línea clara sobre la cual actuar en conjunto y no desarticuladamente. Este es un problema de largo aliento porque no se trata solo del consumo inmediato. Resulta relevante definir qué es lo que queremos hacer con los trabajadores, que son los que producen para el país, los cuales si hoy están consumiendo drogas son menos saludables y productivos”.

A nivel práctico, uno de los problemas detectados, según Pablo González, Jefe del Departamento de Salud Mental del Hospital del Trabajador, “es que cuando se analiza el efecto de las drogas en las empresas, se suele considerar el resultado inmediato, pero hay muchos elementos que tienen que ver con lo que hace el trabajador fuera de ellas y que son excluidos de las políticas. Por ejemplo, ¿por qué no se cuestiona el hecho de que un trabajador llegue el día lunes con ‘resaca’ y eso tenga un impacto directo en la accidentabilidad? Es necesario que se integren las políticas de la empresa con lo que hace el trabajador a nivel doméstico, y hoy la ley nos ayuda poco, porque son aspectos que están en una nebulosa”.


La responsabilidad de la empresa

Frente a la pregunta sobre cómo deberían manejar este tema las organizaciones, hay coincidencias en cuanto a que se deben desarrollar programas de largo plazo, tener definiciones claras respecto a los efectos que se quiere lograr, y que se integren todos los estamentos. Para el ejecutivo del IST es necesario “definir claramente dentro de la empresa si el problema de alcohol y drogas va a ser atendido e instaurar un programa donde se precise el tipo de política, que podría ser punitiva -la menos aconsejable-; preventiva, donde la disuasión es una de las principales armas; o rehabilitadora”. Otro aspecto relevante es, además de la comunicación de los programas, el modo en que se enfrente como sociedad ya que “aún es un tema estigmatizado y las personas que tienen problemas de consumo están expuestas moralmente”, agrega Farmer.

En este sentido, empresas que han logrado implementar planes exitosos son, como afirma María Cristina Ulloa, Sub Gerente Programa DFWP de Global Partners, “aquellas que a lo largo del tiempo han logrado comprometer a la dirección y a sus mandos medios en estas políticas, ya que los trabajadores responden a las exigencias que la compañía les presente”. Además, como explica Mauricio Espinoza, Gerente de Ventas Safety Division Dräger Chile Ltda., “es necesario considerar que respecto al consumo hay diferencias entre los grupos etáreos. Por ejemplo, en un primer momento hay un fuerte consumo de marihuana; luego, cuando la persona tiene una mejor condición económica puede acceder a drogas más duras como la cocaína; y finalmente, los grupos sobre los 50 años utilizan sedativos”.


Efectividad de la prevención

Para que la prevención sea efectiva es relevante hacer conciencia sobre la incapacidad que producen las drogas, por lo que “educar y contar con el compromiso de quienes dirigen las empresas es fundamental”, asegura el ejecutivo de Dräger Chile. Educación, como base para empezar a cambiar la cultura. Según Carolina Aguirre, es necesario también utilizar modelos adecuados “ya que está comprobado que los modelos de prevención basados en la información están obsoletos; es necesaria una estrategia continua que integre tanto a la organización como al individuo, ya que una acción aislada no sirve de nada”. Complementando lo anterior, la ejecutiva de Senda afirma que “un tercer elemento es el ámbito familiar; esta triada efectivamente puede ser parte importante de una estrategia preventiva de largo plazo”.

El conocimiento no genera cambio de conductas, comenta Farmer del IST, agregando que “en este tema, es necesaria la planificación; no se puede limitar la prevención a un testeo, es necesario tener un programa”. En ese sentido, el ejecutivo de Fundación Paréntesis acota que “la evidencia ha mostrado qué es lo que funciona y lo que no. Claramente, las charlas y las actividades puntuales no; necesitamos planes a largo plazo y alinear a toda la organización, partiendo por la gerencia general e incluyendo a los comités paritarios y a los sindicatos a través de una comunicación eficiente y el apoyo de los recursos de la empresa o de terceros, a quienes están teniendo dificultades”.

El consumo de alcohol y drogas en la empresa es un tema complejo, con muchas variables y problemáticas que no solo afectan a la persona en el ámbito laboral. Sin duda aún hay mucho trabajo que realizar para crear la conciencia necesaria que permitan establecer programas integrales.

Noviembre 2014
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