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CONDUCTORES PROFESIONALES
El gran problema del transporte de carga y pasajeros
Por Alvaro Miranda Delgado, Director Escuela de Transporte y Tránsito UTEM. armiranda75@gmail.com
Aunque en Chile las normativas para los conductores profesionales plantean exigencias similares a las de países desarrollados, en la práctica aún se observan vicios que repercuten en la accidentabilidad y, finalmente, en la productividad de una empresa.
Alvaro Miranda Delgado

Los conductores son parte esencial en una empresa de transporte, pues inciden en los aspectos de mayor relevancia: seguridad, eficiencia y calidad en los servicios. De esta manera, pareciera ser evidente que ante tales circunstancias una formación profesional y de alto nivel debiera ser una regla primordial para la industria, junto con una legislación que colabore a esta meta y su debida fiscalización. Sin embargo, parece ser que estas premisas no se cumplen en Chile.

Según la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito (Conaset), el 90% de las causas de accidentes de tránsito recaen en factores humanos, es decir, 9 de cada 10 accidentes de tránsito tienen al factor humano como elemento preponderante en su ocurrencia.

Por otra parte, es un hecho demostrado que un estilo de conducción eficiente puede llegar a gastar hasta un 20% menos de combustible, por lo que sabiendo que el 30% del costo total de una empresa de transporte en Chile es el diesel, una buena conducción puede equivaler a un aumento de hasta un 6% en la utilidad de la empresa.

Pero, ante esta situación, cabe preguntarse cuál es la calidad de los conductores profesionales en Chile. Antes de poder responder esta interrogante, analizaremos dos variables que inciden de manera directa y con mayor fuerza en la calidad del conductor. Estas son:

a) Proceso de formación del conductor profesional

b) Legislación laboral de los conductores


Proceso de formación del conductor profesional

La formación de conductores profesionales en Chile es obligatoria. Los cursos para las clases A1 a la A5 son imprescindibles para postular a esas licencias desde 1997 a la fecha. Sin embargo, los resultados de estos cursos no han sido satisfactorios, debido a la exigua fiscalización existente.

Por otra parte, la normativa solo se limita a especificar los temas a entregar, duración mínima del curso, horas prácticas y la infraestructura que deben tener las escuelas. Ello claramente es exiguo, pues la capacidad y calidad de los relatores no es tratada, así como tampoco la calidad de las clases de horas prácticas.


Legislación laboral de los conductores

La legislación chilena en temas de conducción no presenta grandes diferencias con la de países desarrollados. Las horas máximas continuas, turnos de descanso y horas mensuales se ubican dentro de rangos aceptables internacionalmente, pero el problema radica en dos aspectos: a quién se le aplica y cómo se fiscaliza. La normativa de conducción es aplicada solo a los conductores contratados, por lo que quedan exentos todos aquellos que además son dueños de su vehículo o que por razones familiares o de otra índole no están contratados formalmente; de hecho más del 90% de las empresas de transporte de carga en Chile tienen tres o menos vehículos, representando el 50% del parque de camiones, es decir, es muy probable que a 1 de cada 2 conductores de carga en Chile no le sea aplicable buena parte de la normativa para conductores en términos de las jornadas de trabajo y turnos de conducción.

Ahora bien, para el 50% de conductores que le es aplicable la normativa de conducción, la forma de consignar las horas de conducción y descanso es anacrónica, pues consiste en una libreta de escritura manual, en donde el conductor registra las horas de conducción y descanso, sin otro medio de evidencia o comprobación, por lo que en un sistema en donde los conductores tienen más del 60% de su remuneración mensual variable en función de la cantidad de carga transportada, es lógico que muchos adulteren las horas de conducción para así aumentar su renta. De esta manera, la fiscalización, aunque se haga, siempre tendrá un problema de fondo: la fiabilidad de los datos fiscalizados.

Viendo este panorama, un conductor profesional de alto estándar es la mejor noticia que la industria del transporte podría recibir. Sin embargo, existe escasez de este tipo de conductores y las alternativas de formación no cumplen con las necesidades del mercado y la sociedad. Los accidentes de tránsito se llevan más de 1.500 personas cada año en Chile, la eficiencia en la conducción aparece como un sueño y la normativa para la seguridad en la conducción es aplicable a la mitad de los conductores y de mala manera, por lo que no es fiabilidad de nada.

La seguridad en el transporte debiera ser la clave y sustento de la industria. Un conductor seguro es eficiente, y si es eficiente trabaja con calidad, por lo que es la empresa y la sociedad quienes ganan con ello; por estos motivos se deben plantear políticas públicas de largo plazo que vayan tomando experiencias exitosas de otras latitudes, para así enfrentar un problema de gran complejidad y del que hoy en día no hay luces de resolver.

Octubre 2014
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