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DROGAS Y ALCOHOL EN EL TRABAJO
Una problemática que afecta a toda la industria nacional

Para prevenir el consumo de drogas en el lugar de trabajo, propiciar ambientes laborales armónicos y generar espacios de esparcimiento son algunas de las medidas que los expertos consideran como “claves”. Cuando los casos son detectados, se recomienda apoyar en el proceso de rehabilitación desde la propia empresa.

En los últimos años, hablar de drogas en el ámbito laboral se ha transformado en un tema recurrente. En una primera instancia se asoció a la idea de pesquisas internas para eliminar de la organización a quienes sean considerados consumidores, pero esa visión ha ido mutando hacia la generación e implementación de políticas y planes dentro de las mismas organizaciones para abordar la situación, entregando apoyo a los afectados.

Para explicar el consumo se puede visualizar el estrés propio de algunas labores, la posibilidad de acceso a las drogas, la lejanía de factores protectores como la familia y, lo más importante, las características individuales del trabajador. Sin embargo, como explica Pablo González, Jefe de Salud Mental del Hospital del Trabajador, estas variables no explican por sí solas el consumo de drogas. “De hecho, no existe ninguna adicción que sea considerada enfermedad profesional”, añade.

De acuerdo al último estudio realizado por la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS), el consumo de drogas ilícitas en el último año analizado (2012) fue de 6,9%, y los mayores porcentajes de consumo se encontraron en los sectores Comercio/ Transporte (10,7%) y Minería (9%). Asimismo, un 28,7% de los consultados dijo haber consumido drogas alguna vez, siendo las más consumidas la marihuana (93,8%) y la cocaína (27,8%). A juicio de González, la clave es evitar que un trabajador que consume de forma esporádica u ocasional, se transforme en un adicto o dependiente a una droga.

“En ese caso, no servirán las políticas preventivas y podríamos llegar a tener que separar al trabajador para realizar algún tratamiento específico”, asegura. Estas cifras coinciden con la postura de Carlos Vöhringer C., Director Paréntesis Asesorías, de Fundación Paréntesis, para quien el consumo de drogas es un tema transversal que atraviesa a todas las industrias y grupos socioeconómicos. “No hay ningún sector que esté fuera del consumo de algún tipo de sustancia. No solo hablo de drogas ilícitas, sino también de las lícitas, porque la mayor prevalencia está en el consumo del alcohol, que pasa un poco desapercibido por ser una droga más permitida socialmente”, aclara.

Un ejemplo es el sector Transporte Terrestre, donde -a juicio de Vöhringer- algunas situaciones permitirían una mayor exposición a las drogas, como el menor control de personal, las largas jornadas de conducción y turnos de noche, o la presencia de altos niveles de estrés. “Es así como se puede observar en su mayoría el consumo de estimulantes, aunque también de alcohol y tabaco”, indica.

La minería, pese a ser un sector muy regulado, también presenta un alto consumo de sustancias. Al respecto, el ejecutivo advierte que se debe distinguir entre lo que pasa dentro y fuera de la empresa. “Probablemente porque los controles dentro de la compañía son más rigurosos que en otras industrias, se observa una prevalencia más alta en los días libres”, afirma. En esta industria, y aunque los factores de riesgo pueden ser múltiples y se deba analizar caso a caso, Vöhringer observa que generalmente los trabajadores empiezan a disminuir su consumo días antes de volver al trabajo, y que en los días posteriores a la salida, los consumos son de mucho mayor riesgo. “Esto se explica porque está instalada la idea que después del control ‘me tengo que relajar y dar ciertas licencias’ y parten con todo”, comenta.

Otro de los elementos que influye, de acuerdo a González, es la disponibilidad de recursos económicos de parte del trabajador, lo que lleva a un aumento de oferta de drogas, lo que es especialmente notorio en localidades mineras. De igual modo, tanto en la Minería como en el Transporte, se observa la menor presencia de control familiar, uno de los elementos protectores frente al consumo.


¿Cómo abordar la problemática?

De acuerdo a los entrevistados, varias empresas ya están desarrollando e implementado programas e iniciativas para enfrentar el consumo de drogas entre sus trabajadores, aunque esta práctica es más habitual en las grandes organizaciones, que pueden destinar una mayor inversión hacia esta labor, llegando incluso a crear áreas especializadas en la materia. A modo de recomendación, el experto del Hospital del Trabajador, aconseja “propiciar un entorno laboral armónico; si se funciona bajo estrés, que existan de parte de la empresa instancias para compensar esto adecuadamente, como pausas, deportes y distracción. Otra medida es enfrentar el consumo de drogas como una temática que, al afectar al trabajador, también comprometa la viabilidad de la empresa, por lo tanto se debe contar con un programa para tratamiento del consumidor, en los que resulta clave evitar que se convierta en adicto”.

Por su parte, Eduardo Solís Altura, Gerente Programa DFWP en Global Partners SpA, asegura que es necesario abordar la problemática de manera integral, generando herramientas de gestión que permitan controlar el consumo y medir los resultados de las iniciativas, integrando los diferentes aspectos que puedan resultar en un consumo de sustancias.


Rehabilitación y reinserción

La rehabilitación y reinserción laboral de los consumidores, pueden representar procesos muy complejos, pues se ven acechados por prejuicios y estigmatización. En este sentido, las empresas no tienen ninguna obligación legal de abordar o financiar los tratamientos de dependencia o adicciones al alcohol y/o las drogas. “No obstante, un 80% de las compañías que tienen definida una política de Alcohol y Drogas para sus trabajadores, dan un tipo de ayuda, llegando hasta el financiamiento del 80% del tratamiento, bajo ciertas condiciones, siendo la más común de que el trabajador se acerque a solicitar ayuda y que no sea detectado como positivo en un test de drogas”, menciona Solís.

En tanto, Carlos Vöhringer previene que “vivimos en una cultura donde son estigmatizadas las personas con una condición mental, y con mayor razón, las que hayan tenido algún tipo de consumo de sustancias. En este sentido, el apoyo y el tratamiento que haga la empresa sobre la situación influirán en su reinserción. Se debe tratar con mucha confidencialidad y cautela, si bien se puede mencionar el caso públicamente o hablar del éxito del caso, no es recomendable dar el nombre del afectado y exponerlo a juicios”.

A diferencia de otras esferas sociales, la mayoría de los casos de drogas en la industria, no llegan a ser extremos, lo que permite que puedan ser tratados más fácilmente. De hecho, Vöhringer sostiene que la mayoría de los tratamientos son ambulatorios y que no requieren que el individuo esté encerrado en un centro alejado de todo. “En su mayoría, ellos logran solucionar el foco del problema, porque el consumo es una manifestación de un tema mayor. Lo importante es que se sientan apoyados por su familia y, por cierto, por la organización en que trabajan”, concluye.

Agosto 2014
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