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GESTIÓN DE RESIDUOS DE LA CONSTRUCCIÓN
La estrecha relación entre progreso y desechos
Por Izet Ustovick Kaflic, Ingeniero Constructor, Académico Escuela Obras Civiles y Construcción Universidad Central de Chile (UCEN).
Civilización, progreso y escombros han estado íntimamente relacionados. El hombre genera residuos (lo que comúnmente llamamos “basura”), sean estos domésticos o industriales, en pos de un bien mayor o de un avance. Por lo general, solemos usar la palabra “basura” para referirnos a todo aquello que no es útil; sin embargo, tampoco podría ignorarse que sí tiene utilidad para otros.

¿Qué hemos aprendido con el paso del tiempo respecto a los desechos? Mucho, sin duda. Estamos conscientes de los efectos negativos que podemos generar al medioambiente, debido a los procesos industriales y conocemos también las nocivas consecuencias que tiene transformar la materia prima en productos que son útiles un tiempo y que, al perder valor, se desechan y van a dar a vertederos o botaderos.

Una situación interesante de analizar es la de los desechos que provienen de la Construcción. ¿Cómo se comporta este sector con el medioambiente, especialmente en una época donde se registra un “boom” en Chile? ¿Qué pasa con los escombros que resultan de las faenas constructivas o qué debiera pasar con ellos?


Clasificación de residuos

Para iniciar el debate, se debe tener claro que los escombros pueden tener dos orígenes, ya sean provenientes de demoliciones de infraestructuras ya existentes o como resultado del proceso constructivo. La composición de los desechos es compleja, pues hay inertes, es decir, que no dañan el entorno mientras se descomponen, y riesgosos, que son aquellos que, de no ser tratados previamente, representan graves amenazas para la salud o la naturaleza.

Si bien algunos de estos residuos se reciclan, como por ejemplo, los metales, puertas, ventanas y/o artefactos en buenas condiciones, hay una alta cantidad que va a los botaderos, tales como la tierra, restos de hormigón, ladrillos, yeso y otros. Botaderos que, por su parte, pueden ser autorizados y sujetos a la regulación vigente por la autoridad competente o, en el peor de los casos, clandestinos e ilegales.

En los vertederos autorizados se registran procesos de reciclaje, debido a que hay materiales que pueden ser sometidos fácilmente a este procedimiento, como los fierros o maderas; no obstante, el mayor volumen de desechos (tierra, hormigón, restos de ladrillos u otros) simplemente se acumula o se deposita en capas y se entierra. En definitiva, una “solución” que está lejos de ser inofensiva y que pudiera ir en alza.

Si los desechos se acumulan son fuente de plagas, al propiciar el hábitat para que vectores (ratas, insectos, etc.) puedan anidarse y, con ello, afectar la salud de la población aledaña. Por otra parte, si son enterrados y luego se rellena el suelo, se contribuye a tener terrenos de baja calidad (mala resistencia del suelo ante cargas y, por ende, suelos inadecuados para la edificación).

El crecimiento demográfico exige cada vez más superficies, ya sean para infraestructura urbana o viviendas, y la presión para expandirse aumenta proporcionalmente a la demanda. Un ejemplo sucede en la comuna de Maipú: con el paso de pocas décadas, muchos terrenos agrícolas se convirtieron en terrenos habitacionales ante la demanda de nuevos espacios para el asentamiento humano.

el asentamiento humano. Esa y otras demandas de terrenos similares, ocasionará que los actuales espacios en donde funcionan muchos botaderos sean requeridos y, aunque hoy en día estén apartados de las áreas urbanas, tarde o temprano serán alcanzados. El negocio inmobiliario no se detendrá y en algún momento, algunas empresas se sentirán tentadas a utilizar suelos de bajo valor (relación entre precio y metro cuadrado) para construir ahí sus futuros proyectos. Las consecuencias de lo anterior serían nefastas. Basta observar los resultados catastróficos en varios países en donde el suelo literalmente se ha hundido y en algunos casos se ha tragado viviendas. De hecho, Chile no está ajeno a esas experiencias y ya son frecuentes los casos de daños relevantes en viviendas construidas en zonas inadecuadas a causa del hundimiento de suelo.


Reciclar es la clave

¿Cómo se revierte lo anterior? Reciclando absolutamente todos los escombros de la actividad de la construcción. ¿Por qué no se gestiona ese reciclaje total? Evidentemente, por el costo monetario que trae asociado, un costo que debiésemos pagar todos (consumidores, Estado y empresas privadas) para que una inversión de tal magnitud pueda ser llevada a cabo.

magnitud pueda ser llevada a cabo. De ocurrir, la industria procesadora tendría entonces que otorgar la seguridad de que los escombros serán procesados y las autoridades competentes debiesen exigir obligatoriedad para este reciclaje. Surge, entonces, la pregunta de si estamos dispuestos como sociedad a pagar un costo que no tendrá un efecto inmediato, pero que sí significaría un beneficio para las futuras generaciones que adquieran infraestructuras o viviendas. ¿Somos una sociedad efectivamente tan amigable con el medioambiente que acepta mayores costos a fin de garantizar una mejor calidad de vida para hijos o nietos? Por el momento, la respuesta solo puede darla cada uno de nosotros, pero no está de más hacer un llamado al reciclaje en situaciones tan comunes que llegan a pasar inadvertidas.

Agosto 2014
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