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INCENDIOS INDUSTRIALES EN CHILE
Carencia de estadísticas y manejo de control de emergencias

De acuerdo a la Plataforma para la Revisión de las Instalaciones Eléctricas (PRIE) de España, el 20% de los incendios son de origen eléctrico, mientras que el 80% restante se debe a causas tales como roces y fricciones, chispas mecánicas, fósforos, entre otras. A nivel local, no existen estas estadísticas, manteniendo un halo de incertidumbre y escasa precisión respecto a su origen. Incluso se señala que las nuevas normas preventivas no han avanzado mucho en esta materia y que las exigencias legales son mínimas. Al parecer, la solución pasa más bien por un mayor entendimiento de la problemática de los incendios y la incorporación de más y mejores medidas de seguridad.

Actualmente, nuestro país no cuenta con un sistema centralizado de estadísticas de incendio, aunque existen algunos esfuerzos focalizados de algunos cuerpos de bomberos, Conaf y la Asociación de Aseguradores de Chile, entre otras entidades. Sin embargo, su nivel de alcance no permite tener mayor certeza ni análisis sobre las tendencias respecto a las causas de incendios industriales.

“En Estados Unidos y en parte de Europa, existe una larga tradición en documentar las causas de incendios. Estas estadísticas permiten comprender el problema de incendios y establecer de un modo fundado las medidas y exigencias de prevención para el futuro”, asegura Rodrigo Aravena, Gerente de la Unidad Ingeniería de protección Contra el Fuego de DICTUC.

No obstante, el profesional cree que se puede conjeturar que algunas de las principales causas de incendios son eléctricas (mal diseño, sobreconsumos), trabajos en caliente (soldaduras) y procesos industriales que se descontrolan.

Rodrigo Aravena, Gerente de la Unidad Ingeniería de protección Contra el Fuego de DICTUC.
Miguel Ángel Pérez, MSc Fire Safety
Engineering de IDIEM.
Sergio Albornoz, Jefe Desarrollo Técnico de la Academia Nacional de Bomberos de Chile.
Leonardo Ahumada, Especialista Seguridad
Incendios de la ACHS.

A lo anterior, Miguel Ángel Pérez, MSc Fire Safety Engineering de IDIEM, añade que “los combustibles inflamables también generan un alto número de incendios, al igual que los materiales que presentan riesgo por su configuración, como lo son polvo, fibras y aserrín”. Además, agrega que la National Fire Protection Association (NFPA) de EE.UU., estima que las mayores pérdidas económicas se producen por combustibles inflamables y debido a incendios en cables eléctricos.

En tanto, la Onemi, a través de su sitio Web, señala que “la mayoría de los incendios estructurales son provocados por el hombre, ya sea por negligencias, descuidos en el uso del fuego o por falta de mantención del sistema eléctrico y de gas”. Por su parte, Bomberos de Chile indica, en su memoria del año 2012, que se reportaron 591 incendios de tipo industrial de un total de 16.448 fuegos en estructuras en un año calendario en todo el país, lo que representa un 3,59%. “Es bajo en relación al total, pero sus consecuencias son en general altas por el grado de destrucción que representan”, indica Sergio Albornoz, Jefe Desarrollo Técnico de la Academia Nacional de Bomberos de Chile.


Normas y acciones

Para prepararse ante la posibilidad de un incendio, es necesario entender que existen medidas tanto preventivas como de protección. “Las primeras tienen como objetivo disminuir la probabilidad de inicio del fuego, mientras que las medidas de protección están orientadas a disminuir las consecuencias del fuego una vez iniciado, limitando los daños y pérdidas posibles, directas e indirectas”, explica Leonardo Ahumada, Especialista Seguridad Incendios de la ACHS.

En este sentido, la normativa incluye el Decreto 594 del Ministerio de Salud, que establece una serie de medidas preventivas y solo algunas de protección, y la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (Minvu), orientada a medidas de protección, principalmente pasivas y en menor grado activas. Estos reglamentos no han tenido cambios importantes desde el 2000.

A juicio de Ahumada, “estas medidas no son muy efectivas, debido a que las exigencias legales son mínimas. Si bien las empresas deben cumplir con ciertos requerimientos constructivos exigidos por la OGUC, asociados a protección pasiva, las exigencias en cuanto a protección activa son muy reducidas”.

En tanto, Albornoz agrega que no existen estudios comparativos sobre la mejora de este aspecto en relación con la entrada en vigencia de nuevas normativas. “No obstante, y solo por apreciación de consecuencias de los incendios ocurridos en el último año, no se ha avanzado mucho”, acota.

En cambio, para Aravena, el mejor entendimiento del problema de incendios y la consecuente incorporación de más y mejores medidas de seguridad (tanto en prevención, detección, alarma y extinción), han representado importantes reducciones en la cantidad de incendios declarados como sus consecuencias, tanto en pérdida de vidas y heridos como en bienes materiales. “Estas ganancias en seguridad pueden ser evaluadas solamente cuando existe un sistema de estadísticas adecuado”, sostiene.

“Es muy difícil evaluar las consecuencias de aplicar o no una normativa, debido a que los incendios son eventos de baja probabilidad de ocurrencia, por lo que es necesario esperar bastante tiempo para que las medidas tomadas queden representadas en la estadística”, agrega Pérez.


¿Elementos pasivos o activos?

Si bien ambas medidas apuntan a distintos momentos del incendio, los profesionales concuerdan en que no pueden ser vistas como opciones excluyentes. “La protección activa intenta detectar y controlar el incendio en su etapa más temprana, mientras que la pasiva intenta mantener acotado el incendio en un recinto para evitar su avance (o al menos retrasarlo) y también mantener la estructura en pie”, señala Aravena.

Para la prevención, lo más eficiente son los elementos pasivos, pues pueden evitar lesiones y muerte de ocupantes, además de la destrucción total de la propiedad. “Los sistemas activos son costosos, pues deben detectar y descargar en forma automática un agente extintor en caso de incendio. Estos pueden apagarlo o mantenerlo contenido hasta la llegada de un equipo de emergencia, permitiendo de paso la evacuación de los ocupantes”, enfatiza Albornoz..

Según Pérez, la recomendación es clara: la estrategia de incendios global (o plan maestro) debe ser integral, o sea, debe atender cada uno de los aspectos de la catástrofe: evacuación, control de materiales, compartimentación, protección estructural, control de humos, extinción y lucha contra incendio.

“Cada uno de los sistemas constituye una barrera o impedimento para evitar la catástrofe, minimizando el riesgo, y solo la falla de cada uno de ellos simultáneamente brindará las condiciones para la catástrofe. Es decir, los sistemas son redundantes y no se puede permitir que las pérdidas cuantiosas sean debido a la falla de uno solo”, concluye.

Protocolo de emergencia

Es absolutamente necesario que cualquier sistema o instalación contra incendio se complemente con un protocolo escrito que capacite a los ocupantes en cómo actuar y utilizar los sistemas disponibles. “Ninguno de estos aspectos es efectivo ni eficiente sin el otro”, aclara Albornoz.

Pérez agrega que los protocolos o procedimientos son una parte imprescindible de la estrategia global de protección. “Uno de ellos es el procedimiento general de emergencia, el cual es la base para que todo funcione correctamente y no requiere de grandes recursos económicos para su implementación”, explica.

Eso sí, antes de diseñar un protocolo o plan de emergencia y evacuación, es necesario mejorar las condiciones de seguridad de los recintos existentes a través de una evaluación de seguridad previa. “Esta evaluación debe considerar un análisis de riesgos sobre tres aspectos importantes: seguridad de las instalaciones, equipos e instalaciones de extinción y seguridad de vida”, indica Ahumada.

Mayo 2014
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