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RESIDUOS INDUSTRIALES Y RECICLAJE
El valor de una gestión integral

A nivel mundial, el crecimiento de la actividad industrial, de la población y el consumo, han traído como consecuencia el aumento de los residuos industriales. Y Chile no es una excepción, por lo que uno de los desafíos que privados y el Estado están enfrentando es la creación de políticas para su gestión integral que permitan reducir el impacto ambiental. Para conocer la situación a nivel local, nos reunimos con destacados actores de este sector en el desayuno organizado por HSEC Magazine.

El importante crecimiento industrial de las últimas décadas ha significado un aumento de los residuos generados por la actividad productiva, y aunque se está impulsando fuertemente su valorización, reciclaje y reducción, todavía queda mucho camino por recorrer.

El código sanitario promulgado en 1967 fue uno de los primeros pasos y, como señala Hernán Durán, Gerente General de Gescam, por muchos años no hubo avances en la materia. “Esto comienza a cambiar a inicios de los ‘90, cuando aparecen normativas y controles relacionados principalmente con la contaminación atmosférica. En el caso de los residuos sólidos, el hito más relevante fue el reglamento de residuos peligrosos de 2004 y el de rellenos sanitarios, con los que se va cerrando un ciclo”, explica el ejecutivo.

Hernán Durán, Gescam.
Ximena Ruz, Consejo Nacional de Producción Limpia.
Alejandro Valencia, Resiter.
Cristian Araneda, UNAB.
Joost Meijer, Ministerio del Medio Ambiente.
Mariana Soto, Cenem.
Mauricio Núñez, Recycla.
Andrés Pérez, Fundación Chile.
Raimundo Bordagorry, Universidad Diego Portales.
Eliana Tapia, Cristalerías Toro.
Enrique Calderón, USM.

Para Ximena Ruz, Subdirectora Acuerdos de Producción Limpia del Consejo Nacional de Producción Limpia, el punto central es que el manejo de los residuos debe considerarse como parte de un proceso. “Una de las características del desarrollo industrial fue preocuparse solo de la producción sin poner mayor atención a aspectos ambientales, pero hemos ido evolucionando y hoy estamos dándonos cuenta de que los residuos tienen un valor”.

En este aspecto, Alejandro Valencia, Gerente de Desarrollo de Nuevos Negocios de Resiter, coincide en que el costo es un punto sumamente relevante. “El precio de un buen relleno sanitario puede ser un poco más de US$20, pero es un costo con el que nos debemos enfrentar, porque nadie está dispuesto a pagar más por nuevas tecnologías para valorizar los residuos”, indica, destacando el caso de Alemania, donde desde 2005 ya no se pueden enviar residuos no tratados a los rellenos sanitarios, lo que ha sido un impulso para las tecnologías de reciclaje y valorización.

“En Chile, si bien han aumentado las tarifas, aún es muy económico utilizarlos, por lo que algún tipo de impuesto a la disposición final de residuos no tratados o que no tengan ninguna valorización puede ser una buena idea para que los proyectos de reciclaje empiecen a tener una mayor oportunidad de competir”, acota Cristian Araneda, Académico de la Escuela de Ingeniería Ambiental de la Universidad Andrés Bello (UNAB).


Los residuos son recursos perdidos

El tratamiento de los residuos industriales ha ido evolucionando, pasando del no ser una prioridad hasta el ideal actual que es su valorización, o al menos su eliminación autorizada. Como afirma Joost Meijer, Jefe Sección de Residuos, División de Recursos Naturales Residuos y Evaluación de Riesgo del Ministerio de Medio Ambiente, “cuando hablamos de residuos y de dónde vienen, debemos retroceder a los años 50 o 60, cuando a nivel industrial comienzan a surgir las primeras preocupaciones relativas con las emisiones. Han pasado muchos años y hoy estamos tratando de hacer un mejor reciclaje de estos residuos, aprovecharlos y con una visión de futuro, considerarlos como recursos”.

Respecto de la situación a nivel internacional, Araneda señala que “hay una tendencia hacia la minimización, es decir, el mejor residuo es el que no se genera. Ese debería ser el núcleo de las políticas públicas; hacia allá se está avanzando y una Ley General de Residuos debería apuntar a ello”.

Uno de los problemas que surge es quiénes deben asumir el costo del tratamiento de los residuos y las inversiones asociadas. Para Mariana Soto, Gerente General de Cenem, “es necesario que se desarrolle una industria paralela que pueda buscar una salida a los residuos generados en los procesos productivos”. Respecto de la industria de envases y embalajes a la que representa, explica que “hay un alto nivel de residuos industriales que se recuperan, porque las empresas han visto un negocio en esto”.

Fuente: Primer Reporte del Manejo de Residuos Sólidos en Chile (2010), Comisión Nacional del Medio Ambiente.

Por su parte, Cristalerías Toro históricamente ha utilizado vidrio reciclado como materia prima, potenciando esta práctica en los últimos años acercándose a la industria de las viñas y las embotelladoras a quienes compran el vidrio que desechan. Como explica Eliana Tapia, Jefa de Operaciones y Relaciones Públicas División Reciclaje de la empresa, “hace algunos años partimos con la recolección domiciliaria del vidrio, estableciendo alianzas con los municipios y hemos crecido constantemente en los volúmenes de reciclaje mensual”.

Pero pese a que algunos sectores han asumido este tema como parte de su accionar, queda por enfrentar una difícil barrera: la cultural. Para Enrique Calderón, Docente de la Universidad Técnica Federico Santa María, “en general, los chilenos no estamos acostumbrados a asumir las responsabilidades por los residuos que generamos. El residuo es una pérdida y muchas veces el costo de tratarlo es mayor”.

En cambio, según comenta Mauricio Núñez, Gerente de Medio Ambiente de Recycla, “en otros países que ya tienen una normativa, los dispositivos tecnológicos incluyen un impuesto para su futuro reciclaje y empresas como la nuestra solo tienen que esperar a que lleguen los residuos para poder hacer el reciclaje”.


Responsabilidad compartida

Al tratarse de residuos industriales, sería lógico pensar que son las empresas que los generan quienes deberían preocuparse mayormente de ellos. Sin embargo, según la ejecutiva del Consejo Nacional de Producción Limpia, “la realidad es que del tema se preocupan 8.000 empresas con las que hemos hecho acuerdos de producción limpia y sus motivaciones son básicamente cuatro: cumplir con la norma, ahorro, imagen y responsabilidad social. En todo caso, hay que diferenciar la realidad de las grandes empresas, donde sí hay una cierta preocupación, con la de las Pymes, que en Chile tienen otras prioridades y que muchas veces estén en un desconocimiento total de estas problemáticas”.

A juicio del ejecutivo de Resiter, los principales impulsores de estas prácticas en las empresas nacionales son costo e imagen, lo que genera tensión al interior de las organizaciones.“Mientras el gerente de Medio Ambiente puede estar dispuesto a invertir recursos para hacer un plan de reciclaje, el área operativa -centrada en los costos- prefiere ahorrarlos”, aclara.

En cuanto a la realidad de las Pymes, Andrés Pérez, Jefe Corporativo HSEC de Fundación Chile, afirma que “generalmente, si la pequeña industria no es fiscalizada, no hace nada, y si pensamos que el 80% de nuestra economía lo mueven las Pymes, el problema es mayúsculo”.

Fuente: Ministerio del Medio Ambiente.

Al hablar de las responsabilidades, las visiones de los asistentes se dividen: para algunos no puede ser solo la empresa privada la que asuma los costos del cuidado de un bien público (como el medioambiente) y exigen la intervención del Estado a través de políticas y asignación de recursos que permitan avanzar hacia un modelo sustentable. De esta opinión es Raimundo Bordagorry, Docente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Diego Portales, quien señala que “mientras vemos que la empresa privada se ha preocupado bastante, el Estado no ha hecho suficiente y debería ser mucho más proactivo, no solo desde el punto de vista de las políticas, sino también en el desarrollo de infraestructuras o tecnologías para darle valor agregado a los residuos”.

En tanto, el funcionario del Ministerio del Medio Ambiente comenta que cuando hablamos de ciclo de vida, de recursos o de falta de infraestructura, la palabra clave es el costo. “Tenemos un costo alternativo de disposición final tan bajo que la primera opción para la mayoría de las empresas es disponerlos. No corresponde al Estado tomar iniciativas para financiar o crear alternativas para el manejo de residuos, ya que esos costos deberían estar incluidos en el proceso productivo. Creo que es una combinación de instrumentos económicos y de una normativa que ponga exigencias a la disposición final e impulse la valorización de los residuos”.


Las necesidades de una Ley

Aunque todos estiman que es sumamente necesaria una ley sobre residuos, hace años que se encuentra en discusión en el Parlamento. En septiembre pasado, se presentó un proyecto reducido de la “Ley General de Residuos y Responsabilidad Extendida del Productor”, que se espera sea aprobada en breve tiempo.

Sobre la nueva ley, el ejecutivo de Gescam afirma que “uno de los problemas que tenemos con la REP es que sus principios, que son los elementos orientadores, no son ambientales y se agregan a un conjunto de elementos que no están relacionados ni con la gestión de los residuos ni con el medioambiente. Otro inconveniente tiene que ver con la posibilidad de que el Estado -en forma centralizada o no- pueda tomar iniciativas, por lo que esta ley debería definir el modo en que va a intervenir”.

Las expectativas son múltiples, pero queda claro que una normativa específica y clara, educación y responsabilidad compartida son los elementos que permitirán a nuestro país alcanzar los estándares más avanzados en el manejo de los residuos industriales.

Mayo 2014
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