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SEGURIDAD Y SALUD LABORAL EN LA MINERÍA
Logros y desafíos para alcanzar cero daño

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cada 15 segundos, 160 trabajadores tienen un accidente laboral; y en ese mismo lapso un trabajador muere a causa de accidentes o enfermedades relacionadas con el trabajo. Aunque el sector de la minería es uno de los más avanzados en materia de seguridad y salud laboral, aún existen grandes desafíos pendientes. Para conocer la situación en Chile, nos reunimos con representantes de mutuales, universidades, proveedores y empresas mineras.

En materia de seguridad y salud laboral, el objetivo primario es alcanzar tasas de accidentes y fatalidades iguales a cero, sin embargo, las cifras disponibles indican que aunque se ha avanzado considerablemente, aún queda mucho camino por recorrer. El sector de la gran minería es el que más ha avanzado en estos temas y sus buenas prácticas son las que se espera trasladar al resto de los sectores industriales.

Como afirma Sebastián Trejos, Gerente Corporativo de Seguridad y Salud Ocupacional de Codelco, “nuestro índice de frecuencia es el más bajo de los sectores industriales, pero son las fatalidades una de las tareas pendientes en materia de seguridad laboral, ya que la tasa de gravedad en la minería es más alta que en otras industrias, debido a los riesgos a los cuales están expuestos los trabajadores. En esa línea, estamos siguiendo un proceso de estandarización de las buenas prácticas existentes en el mercado, que nos ha permitido reducir el número de fatalidades y llegar a un índice de frecuencia histórico en torno al 1,1 en el úlimo período. No obstante, mientras tengamos que lamentar una fatalidad no estaremos satisfechos”.


Prevención de riesgos

La prevención de riesgos es esencial para evitar los accidentes laborales, y se requiere la participación y compromiso constante de todos los actores. “No creo que se pueda hablar de tareas pendientes. La seguridad es un trabajo cotidiano que se va complementando con los logros obtenidos”, comenta Iván Pérez, Director Ingeniería en Minas de la Universidad Santo Tomás.

Sebastián Trejos, Codelco.
Iván Pérez, Universidad Santo Tomás.
Dery Escobar, IST
Pedro Casaubon, Universidad, IP y CFT Santo Tomás.
Sandra Espinoza, Anglo American
Manuel Albanez, Garmendia.
Carlos Medina, Mutual de Seguridad CCHC.
Rodrigo Barahona, ACHS.
Rodrigo Domínguez, Universidad Técnica
Federico Santa María.
Paula Herrera, Garmendia.
Angélica Gougain, Garmendia.

Desde el punto de vista de la academia, según Pérez, hay un ‘boom’ por crear carreras relacionadas con estos aspectos en la minería. “Creo que la seguridad y salud ocupacional deben ser temáticas que se integren en los planes de estudio, pues son temas que tienen que ser inculcados desde la base, porque tiene que ver con la cultura personal de trabajar seguros”, comenta.

Coincidiendo con lo anterior, Dery Escobar, Gerente de Servicios Preventivos del IST, afirma que “es innegable el aporte que ha realizado la industria minera y las innovaciones en el último tiempo. Hace unos diez años, era impensado que una gerencia de prevención de riesgos implementase, por ejemplo, programas conductuales, hasta que algunas mineras se atrevieron a hacerlo con excelentes resultados. Hoy se abre una brecha que no tiene que ver directamente con la accidentabilidad, sino con la salud ocupacional, campo en el que esperamos que la minería también nos dé señales, más aún considerando que hoy un tercio de los ingresos al sistema por algún tipo de atención, están relacionados con enfermedades profesionales”.

En ese sentido, nuevos modelos de gestión se están desarrollando y aplicando en la búsqueda de reducir accidentes y fatalidades. Uno de ellos es el que considera aspectos no solo laborales, sino también factores psicológicos y sociales que pueden afectar al trabajador. Al respecto, Pedro Casaubon, Docente Titular de Cátedras en Universidad, IP y CFT Santo Tomás, indica que “se está comenzando a hablar del modelo biopsicosocial, donde se ve al trabajador más allá del área de faenas, involucrando todo su entorno familiar y social”.

La incorporación de nuevos modelos, claras políticas de prevención y el desarrollo de una cultura de la seguridad, son elementos que para todos los participantes es necesario fomentar y profundizar. Un ejemplo de lo anterior es el caso de Codelco, donde “tenemos un proceso integrado y abordamos las estrategias con un objetivo definido: erradicar las fatalidades y las enfermedades profesionales, y construir una cultura preventiva. Para lograr esto, hemos incorporado procesos de medición de cultura, mediante los cuales los mismos trabajadores generan aproximadamente 230.000 reportes de incidentes significativos al año, que están asociados tanto a condiciones y conductas como a aspectos de salud ocupacional. Lo importante es que difundimos esta estrategia entre los trabajadores, les presentamos el mapa de riesgos, generando códigos y comunicaciones que son las mismas para toda la empresa, creando una cultura en torno a estos temas. En ese sentido, el aporte de las mutuales es muy importante, tanto curativa como
preventivamente, ya que están apuntando a mejorar la instrucción de los trabajadores a través de la capacitación”, comenta Trejos.

En los últimos años, la capacitación también ha sufrido modificaciones, tanto en los contenidos como en el foco al que va dirigida. Como afirma el ejecutivo del IST, “nos toca trabajar mayoritariamente con las empresas prestadoras de servicios para la minería, las que muchas veces requieren conocimientos y capacidades específicas. En algún momento, se vio a la capacitación como ‘la piedra filosofal’, que podía solucionar todo, pero hoy sabemos que la capacitación debe ser significativa para el trabajador, de modo que este pueda utilizarla y transferir sus conocimientos”.

Desde la perspectiva de las universidades, también hay una creciente preocupación por este tema. “Como instituciones de educación, tenemos una gran labor y, de hecho, se está innovando en algunas carreras, como geominería y operadores mineros, donde estamos preocupados de entregarles una cultura preventiva dentro de las mallas curriculares”, especifica Casoubon.

Esta visión se complementa con la de las grandes mineras, afirma Sandra Espinoza, Asesora de Sistemas de Gestión y Reporte Vicepresidencia S&DS Anglo American. “En nuestra compañía, tenemos un foco de largo plazo que viene dado por la estrategia de ‘cero daño’, para lo cual estamos yendo de la reactividad a la proactividad, haciendo que nuestra gente en las faenas pase de la actividad correctiva a la predictiva, impulsando un buen análisis de los incidentes y accidentes que ocurren”.


Responsabilidad compartida

En esta búsqueda de constantes mejoras, las responsabilidades son compartidas en todos los niveles y por todos los actores que participan directa o indirectamente en este mercado. A juicio de Manuel Albanez, Product Manager Seguridad de Garmendia, “aquí no hay un responsable, sino que todos lo somos, desde el mandante que tiene un riesgo específico; los centros de educación, que tratan de minimizar los riesgos; los proveedores, que entregan las herramientas de protección; y los trabajadores, que deben utilizarlas”.

Y ese traspaso de conocimientos y herramientas es un problema que involucra a todos los sectores, pues en nuestro país, más allá de la gran minería (donde sí hay una infraestructura de base sobre la cual construir políticas), las dificultades surgen en la pequeña actividad minera. “Por nuestro rol como mutualidad y como parte de la estructura social del país, vemos ambas realidades y hablamos de mundos completamente opuestos: la gran empresa v/s el pequeño pirquén en donde las condiciones de seguridad son mínimas o inexistentes. En este tema tenemos una deuda y es urgente encontrar mecanismos que nos permitan dedicarles tiempo y esfuerzo”, asevera el Director de la Escuela de Minas de la Universidad Santo Tomás.

En la mirada de Carlos Medina, Coordinador Seguridad y Salud Ocupacional SSOMA Gerencia Zona Norte Mutual de Seguridad CCHC, esta situación es aún más compleja, porque “la estructura de la pequeña minería es prácticamente nula; no existen sistemas de gestión ni de regulación, y habiendo muchos pirquineros informales es difícil para las instituciones su control y fiscalización”. Para Rodrigo Barahona, Sectorial Minero de ACHS, la irregularidad, informalidad y falta de controles de estos trabajadores hace imposible abordar este tema de un modo tradicional. “Desde la perspectiva de las mutualidades, que dan un soporte importante, la capacitación para el mundo de la pequeña minería, principalmente para los pirquineros, es muy difícil. En este aspecto, es necesario que las políticas a nivel estatal, regional y local tiendan, al menos, a intentar introducir también aquí las buenas prácticas del sector”, comenta.


Desafíos futuros

Según la Organización Mundial de la Salud, la salud laboral se preocupa de la búsqueda del máximo bienestar posible en el trabajo, tanto en las actividades que se realizan como parte de él, como en las consecuencias que tienen dichas actividades en los planos físico, mental y social del trabajador. Por eso, aunque se manejan importantes presupuestos, surgen constantemente nuevos desafíos para los responsables del área, como las enfermedades laborales, cuyos efectos se sienten en el largo plazo.

En este aspecto, para el ejecutivo del IST, “están apareciendo nuevos protocolos y la salud ocupacional ya no guarda relación solamente con hacer un trabajo de higiene y mantener programas de vigilancia, sino que nos abre un mundo amplio donde tenemos mucho que aprender”.

Lo importante, recalcan los expertos, es integrar el tema de la salud ocupacional al de seguridad, para alcanzar el mismo nivel de madurez, como en el caso de Codelco. “Estamos tratando las temáticas de salud ocupacional del mismo modo que las de seguridad, es decir, atendiendo en la fuente el riesgo. Para ello, hemos realizado el levantamiento de todas las condiciones de polvo y ruido en nuestras minas, contando con estándares de trabajo que incluyen una gestión de salud integral”, comenta Trejos.

En el caso de Anglo American, Sandra Espinoza aclara que “tenemos una gestión integrada, donde la única diferencia es el nivel de madurez alcanzado en salud ocupacional, muy lejano del existente en seguridad. El peso que tiene la gestión de la salud ocupacional y la higiene en nuestra gente es aún muy bajo y ese es el reto que enfrentamos, porque podemos tener modelos de gestión del primer mundo, pero debemos alcanzar el mismo nivel en nuestros trabajadores”.

Para eso, también es relevante reducir las múltiples brechas que aún existen en nuestro país. En este sentido, Rodrigo Domínguez, Jefe de Carrera de Ingeniería en Prevención de Riesgos Laborales y Ambientales de la Universidad Técnica Federico Santa María, indica que “en la medida en que uno entienda que la prevención de riesgos, la seguridad y la salud laboral agregan valor, vamos a alcanzar una cierta armonía y mejorar nuestros niveles en todos los sectores industriales”, concluye.


Fuente: Sernageomin

Abril 2014
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