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Francisco Cereceda, Director del proyecto de Tubos de ATD:
“Los costos y poca fiscalización impiden el desarrollo de tecnologías para salud ocupacional”

Profesionales de diferentes departamentos de la Universidad Técnica Federico Santa María, convergieron en este proyecto, el cual buscaba desarrollar un dispositivo para determinar las concentraciones de sustancias contaminantes en los ambientes de trabajo. El resultado fue el “Llenador y Empacador de Tubos de ATD”, aparato que permite rellenar de manera efectiva, reproducible y en forma automática tubos de ATD, los cuales se usarán para conocer las cantidades y los contaminantes químicos a los que están expuestos los trabajadores en un determinado lugar. Para conocer más sobre este proyecto, conversamos con su Director, el Prof. Dr. Francisco Cereceda, quien además dirige el Centro de Tecnologías Ambientales (CETAM).

¿Por qué trabajar en un proyecto de salud ocupacional?
La respuesta tiene dos aspectos. La primera de ellas es que los Compuestos Orgánicos Volátiles (COVs) presentes a nivel de contaminación industrial son muy recurrentes. No solo quienes trabajan con las materias primas de una serie de productos químicos se ven expuestos a estos contaminantes, sino también aquellos que trabajan en oficinas pueden estarlo, lo que puede impulsar el denominado“síndrome del edificio enfermo”.

La segunda es porque los COVs tienen un grado importante de toxicidad con efectos perjudiciales para el organismo, al producir enfermedades de todo tipo, desde irritaciones en mucosas o piel, hasta casos de cáncer en los más graves. Desde un punto de vista analítico, nos interesa poder contabilizar e identificar de forma precisa estos contaminantes, para que finalmente se tomen las decisiones correctas en cuanto a la mejora del lugar de trabajo y sus condiciones de seguridad laboral.

Entonces, ¿qué objetivo tiene este proyecto?
El tema focal de este proyecto es desarrollar una solución tecnológica, más barata, eficiente, reproducible y confiable para medir estos compuestos.

Tradicionalmente, para el monitoreo de COVs en aire ambiente, se emplean los tubos de ab/adsorción de distinto tipo, siendo actualmente la tecnología de vanguardia los denominados tubos de Desorción Térmica Automatizada (ATD, por sus siglas en inglés). Desarrollados por PerkinElmer USA (compañía socia del proyecto), estos se comercializan a un valor muy alto, provocando que, en la mayoría de los laboratorios, estos tubos se fabriquen a mano con los consiguientes problemas de control de calidad.

Tras detectar este problema, se propuso desarrollar un dispositivo electromecánico que permitiera rellenar tubos de ATD en forma automática, reproducible y repetible, para hacer más accesible esta excelente tecnología para la detección de COVs en ambientes laborales, y así mejorar el diagnóstico de la exposición a contaminantes al interior de las industrias. Finalmente, logramos desarrollar un prototipo que está en su primera etapa; ya se patentó en Chile y está tramitándose su patente en Europa y EE.UU.

¿Cómo opera el equipo?

El equipo automatiza el proceso de rellenar los tubos de ATD con diferentes adsorbentes poliméricos. Este proceso se inicia con la selección de los absorbentes a utilizar, donde se puede hacer la combinación de diferentes absorbentes en cantidades distintas. Luego, se coloca el tubo en la máquina y esta lleva el tubo hacia cada dosificador para llenarlos con los absorbentes seleccionados; luego lo empaca. De este modo, el tubo está listo para ser ocupado en el muestreo.

Posteriormente, el tubo se lleva al lugar donde se analizará el aire ambiente, donde finalmente se obtiene la concentración y la identificación de los COVs, con lo que se puede hacer una comparación respecto de una norma o valor umbral, con la finalidad de evaluar el riesgo al que están expuestos los trabajadores.

¿Cómo observa el desarrollo de la tecnología en salud ocupacional?
El desarrollo de tecnologías en salud ocupacional en Chile es bastante precario, debido a que los equipamientos disponibles son escasos, y falta una mayor fiscalización. En este sentido, esto puede ser una suerte de “causa y efecto”, ya que como las tecnologías son caras y pocas, se genera poca fiscalización.

La situación actual en Chile no permite tener una visión real de los riegos a los que están sometidos los trabajadores. En este sentido, creo que es buena la combinación obtenida en este proyecto, que reúne al IST -que es el usuario final- a un partner de tecnología como PE, y a nosotros, como centro de investigación, para desarrollar este tipo de tecnología de vanguardia.

¿Cómo se podría fomentar estos desarrollos?
Cada actor debe jugar su rol. Por ejemplo, la industria podría comenzar por manifestar interés por realizar un trabajo mejor de cara a los problemas de salud ocupacional asociados a sus respectivas actividades, para evaluarlos y conocer realmente a lo que se exponen sus trabajadores. Por su parte, los organismos públicos también debieran proponer normas cada vez más exigentes para proteger la salud de los trabajadores; finalmente, desde la perspectiva de la investigación, deberían existir fondos suficientes para financiar proyectos de esta índole, poniéndolos a disposición de los investigadores.

Para que esto funcione, deben estar todos los eslabones de esta cadena. Si uno falla, es muy difícil que se produzcan nuevos desarrollos en la materia.

¿Qué son los Compuestos Orgánicos Volátiles (COVs)?

Los COVs son compuestos químicos cuyos átomos principales son carbono, hidrógeno y oxígeno, que pasan fácilmente a la fase gaseosa a temperatura ambiente; por ello su abundancia en el aire ambiente, sobre todo en industrias que trabajan con materias primas derivadas del petróleo o de otras sustancias orgánicas. En la atmósfera urbana son compuestos precursores del ozono troposférico y del material particulado fino (PM2,5).

Existen varios COVs con propiedades tóxicas, donde destacan el benceno y el 1,3-butadieno, pues son sustancias carcinógenas conocidas. El benceno produce leucemia y, aunque instituciones como la OMS no proponen normas de emisión, se recomienda que las concentraciones no sobrepasen 1 parte por millón (ppm).

Enero 2014
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