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Restauración ambiental de pasivos ambientales mineros
Por Mauricio Lemus, Jefe Departamento Ambiental, EGV Geomensura.

La mayor parte de las actividades que desarrolla el hombre son, en mayor o menor medida, agresivas con la naturaleza. Esto, es especialmente cierto de la actividad minera, que genera una serie de impactos sobre el medio ambiente; consecuencias de las que hay que hacerse cargo.

La tradición minera de nuestro país, ha dejado grandes beneficios para el país. Sin embargo, también ha significado una huella de daños ambientales, tales como terrenos sin destino, piques mineros que pueden convertirse en trampas mortales; aguas subterráneas, ríos y suelos contaminados; depósitos de relaves susceptibles de romperse o erosionarse; subsidencias; paisajes destruidos, entre otros.

Todos estos son pasivos ambientales mineros, los cuales según la Asociación de Servicios de Geología y Minería Iberoamericanos (ASGMI) se encuentran en la actualidad en entornos de minas abandonadas o paralizadas, constituyendo un riesgo potencial permanente para la salud y seguridad de la población, la biodiversidad y el medioambiente. A modo de ejemplo, según Sernageomin, en Chile hay una total de 449 depósitos de relaves mineros, de los cuales 324 no están activos.

Este legado se generó especialmente antes de la entrada en vigencia de la legislación que regula los impactos ambientales durante la operación y cierre, en este caso, de la actividad minera, es decir, la Ley 19.300 de Bases del Medio Ambiente o el Decreto Supremo N°132 de Seguridad Minera, que exigen la presentación de proyectos de restauración, estudios de impacto ambiental, o ambos.


Relación con el ecosistema

Una de las características de la degradación producto de la actividad minera, es que generalmente afecta los procesos primarios de un ecosistema, el que difícilmente recuperará las condiciones propias del lugar. Por lo tanto, se requiere de esfuerzos importantes orientados a modificar las características físicas del ecosistema degradado (controlar erosión, enmiendas al sustrato, reperfilar las áreas degradadas, entre otras actividades, según cada caso), así como comprender -de manera previa a un proyecto de restauración- la situación actual de cada uno de los componentes ambientales, su nivel de degradación y su capacidad de cumplir con sus funciones ambientales.

Desde un punto de vista ecológico, la realización de trabajos encaminados a devolver los terrenos alterados a su estado original se llama “Restauración”. Esto es reconocido como imposible en muchas áreas degradadas por la minería, particularmente si se consideran todos los componentes bióticos y abióticos. En este caso, si el resultado final es tal que el lugar es habitable para organismos superiores originalmente presentes, u otros semejantes que cubren los mismos nichos ecológicos, con una composición equivalente a la original, entonces se habla de “Reformación” (también conocida como “Reclamación”).


Hacerse cargo

Este lamentable legado de gran cantidad de pasivos ambientales abandonados y sin responsables conocidos genera un problema que es necesario enfrentar adecuadamente. Para esto, se requiere un plan de actuación sobre estos territorios con abundantes pasivos ambientales mineros, y más aún considerando los medios limitados, se deben realizar estudios ambientales de carácter territorial que surgen de iniciativas tomadas a ciertos niveles de la administración, con el objetivo final de establecer prioridades de actuación para la realización de medidas de corrección, remediación o restauración-rehabilitación.

Un importante avance es el catastro de faenas mineras abandonadas y paralizadas elaborado por Sernageomin y actualizado el año 2010; y una vez identificado los pasivos, es necesario generar los mecanismos para hacer frente a los riesgos que estos generan. Recursos del Estado, compensación de la empresa privada, generación de técnicas de remediación de bajo costo, son algunas de las medidas necesarias para hacer frente a esta legado de degradación.

Afortunadamente, los proyectos mineros deben acompañarse hoy en día de los correspondientes estudios de los impactos ambientales y planes de restauración. La entrada en funcionamiento de las Superintendencia del Medio Ambiente, así como iniciativas como la autodenuncia y los planes de compensación, son un paso importante para que el desarrollo minero no deje pasivos que afecten al medioambiente y toda la sociedad. Igual importancia tiene la nueva Ley 20.551 que Regula el Cierre de Faenas e Instalaciones Mineras, la que señala: “La necesidad de la integración y ejecución del conjunto de medidas y acciones destinadas a mitigar los efectos que se derivan del desarrollo de la industria extractiva minera, en los lugares en que esta se realice, de forma de asegurar la estabilidad física y química de los mismos, en conformidad a la normativa ambiental aplicable”.

De esta manera, estamos ante un escenario más auspicioso y ante nuevos desafíos de generar efectivos procesos de restauración, para lo que se requiere de la participación interdisciplinaria que permitan generar proyectos de restauración con una mirada holística, que genere ecosistemas capaces de mantenerse tanto estructural como funcionalmente.

Enero 2014
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