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AMONÍACO
Una sustancia irritante y tóxica
Por Dr. Juan Carlos Ríos B., Director Ejecutivo CITUC.

El amoníaco es un gas con varias cualidades, de gran uso industrial como refrigerante, desinfectante, o como fungicida en la agricultura; aunque también con una serie de efectos adversos para las personas, por lo que es necesario generar resguardo.

El amoníaco se encuentra de forma abundante en la atmósfera. Existe como gas incoloro, siendo mucho menos pesado que el aire. Posee un olor característico que lo hace claramente identificable y es muy soluble en el agua. Este gas se presenta además en la descomposición del material orgánico como, por ejemplo, en pozos negros o en la crianza de animales en espacios confinados.

Su uso es frecuente en la industria del frío para el almacenamiento de productos congelados, se licúa a bajas temperaturas, utilizándose como refrigerante que ha reemplazado a sustancias que son más dañinas para la capa de ozono. Las soluciones para su uso industrial superan el 50% de concentración.

Por su parte, en la industria química su utilización es variada, destacando la fabricación de materiales plásticos, pesticidas, productos de mantenimiento y fertilizantes amoníacales. También se utiliza como agente de limpieza y blanqueo, lo que lo hace ampliamente manipulado como limpiador doméstico.


Efectos adversos

En bajas concentraciones la exposición a amoníaco provoca irritación de las mucosas y piel, sin embargo, concentraciones elevadas pueden llegar incluso a provocar quemaduras. El contacto dérmico puede causar irritación y quemaduras parciales (grado A – AB), y si la exposición es prolongada o en altas concentraciones, puede causar quemaduras más intensas (AB – B).

A nivel ocular puede producir una severa irritación de la conjuntiva y quemosis (irritación y/o edema de los tejidos que recubren los párpados y superficie del ojo), así como defectos en el epitelio corneal. También a exposiciones elevadas puede ocasionar pérdida de la visión permanente y la perforación del globo ocular.

Por su olor característico, este compuesto se detecta a concentraciones tan bajas como 20 ppm (partes por millón); a 140 ppm causará irritación de la garganta y de los ojos. Las exposiciones repetidas a altas concentraciones pueden desencadenar una broquitis con elementos clínicos similares al asma. A su vez, exposiciones instantáneas a concentraciones de 5.000 ppm o una concentración de 1.000 ppm durante 10 minutos, pueden ser fatales, para lo cual se ha establecido un IDLH (Immediately Dangerous to Life or Health) de 300 ppm.

En cuanto a concentraciones ambientales moderadas de amoníaco, puede ocasionar tos, broncoespasmo y edema pulmonar. Es importante mencionar que actualmente el amoníaco no está considerado como una sustancia carcinogénica por ninguna de las agencias que evalúan dicho efecto.

De acuerdo a la normativa nacional, el Decreto Supremo 594 (Reglamento sobre condiciones sanitarias y ambientales básicas en los lugares de trabajo) lista en su artículo 66 las concentraciones ambientales permitidas, estableciendo un límite permisible ponderado de 20 ppm y un límite permisible temporal de 35 ppm.


Sustancia peligrosa

Para el manejo de las emergencias por derrames, el amoníaco es catalogado como un gas corrosivo. Dependiendo de sus características fisicoquímicas tiene un número de naciones unidas 2672 o 1005 y, de acuerdo a la Norma Chilena 2190, se encuentra en la Clase 8 (sustancias corrosivas). Es relevante considerar que de acuerdo a la guía de respuesta en caso de emergencia (GRE2012), se utiliza la Nº 125 (gases corrosivos) si el amoníaco es anhidro o se encuentra sobre el 35 %; y considera la Nº 154 (sustancias tóxicas y/o corrosivas – No combustibles) para amoníacos entre el 10 y el 35% de concentración. Además, las áreas de evacuación son variables considerando si es día o noche, y esta distancia variará de acuerdo a la magnitud del derrame.


Recomendaciones

Con respecto a intoxicaciones laborales y manejo seguro del amoníaco, la falta de información, junto a la ausencia de un conocimiento preciso de las propiedades intrínsecas de cada agente químico y de la exposición derivada de un uso concreto, dificultan en gran medida la prevención de los trabajadores expuestos a tóxicos en los puestos de trabajo.

Los estudios demuestran que estrategias basadas en la educación (capacitación) de los trabajadores son efectivas en la prevención de intoxicaciones laborales y en el cumplimiento de normativas de seguridad (uso de guantes, mascarilla y lentes es fundamental); al igual que la difusión de experiencias y conocimiento científico son útiles en la prevención de accidentes.

Por último, se recomienda que el control ambiental de los espacios laborales sea una práctica permanente, donde no se superen concentraciones máximas permitidas de acuerdo a la normativa vigente, lo que resultará fundamental como resguardo a la salud y seguridad de los trabajadores.

Junio 2013
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