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SEGURIDAD LABORAL EN MINERÍA
¿Cuál es el siguiente paso?

Uno de los temas pendientes en seguridad minera sigue siendo la mortalidad. Los altos índices hacen necesario nuevas acciones para disminuir su ocurrencia. Por ello, ya han surgido acciones que van desde la comunicación a enfocarse en análisis en los cuasi accidentes.

Alcanzar el lugar que la gran minería ocupa hoy en seguridad laboral es el resultado de varios años de aprendizaje y de incorporación de estándares exigentes. Sin embargo, el sector sigue exhibiendo una alta tasa de mortalidad, que surge como una de las principales barreras a pasar. De acuerdo a cifras de la Superintendencia de Seguridad Social (Suseso) en 2016, este índice fue de 9, ubicándose en segundo lugar, luego de Transporte.

A juicio de Carlos Gómez, Profesor del Departamento de Construcción y Prevención de Riesgos de la Universidad Federico Santa María, se trata de una situación compleja, cuya resolución pasa por “evaluar competencias de trabajadores y jefaturas, así como por revisar canales de comunicación, protocolos de entrega de turno y velar, más que por la cantidad de la documentación generada para controlar los riesgos, por su calidad”.

Según Ferrán Arias, Subdirector de Área Prevención de Riesgos, Escuela de Construcción Duoc UC, existen diversas iniciativas a nivel mundial que estudian el fenómeno en el que incurre la gran minería: bajas tasas de accidentabilidad, pero conservando ciertas clases de siniestros, en este caso los mortales. “Lo que nos indicarían estos estudios es que los mecanismos de seguridad y protección logran ocultar las consecuencias del accidente en los niveles bajo y medio, pero no en el grave; por ello desaparecen de la estadística”, explica.

“Supongamos a un trabajador de la construcción que se da un golpe en la cabeza. Antes era un accidente, pero hoy en día, al llevar casco, desaparece de las estadísticas. No obstante, el hecho es que se sigue golpeando en los mismos lugares y con la misma frecuencia que antes. Nuestra medida de control no evita el accidente, pero lo oculta. Solo nos damos cuenta cuando, por falla de la medida o bien por la gravedad del golpe, la lesión es capaz de superar la medida de control. En ese caso, parece que no hay accidentes, y de repente, aparece un accidente muy grave. Pero es una percepción falsa”, agrega.

Carlos Gómez, Universidad Federico Santa María.
Ferrán Arias, Duoc UC.
Jorge Villarroel, Universidad San Sebastián.

Una arista diferente entrega Jorge Villarroel, académico de Ingeniería Civil en Minas de la Universidad San Sebastián, sede Concepción, quien se refiere a que las estadísticas mineras apuntan a que los trabajos con mayor accidentabilidad, se encuentran en el segmento de trabajadores con más alta experiencia. “Esta situación es muy preocupante, pues nos habla del exceso de confianza en sus labores diarias, en que podemos oír la frase típica ‘yo siempre he hecho el trabajo así y nunca me he accidentado’. Esto nos dice que el trabajador siempre ha desarrollado el trabajo mal, pero ha tenido suerte en no accidentarse”, aclara.

En esta misma línea, la falta de conocimiento sobre las enfermedades profesionales presentes en este sector también aparece como un tema pendiente. “Como evaluador de competencias laborales, me llama la atención que al consultar al trabajador minero acerca de los riesgos a los cuales está expuesto, solamente un 15% cita riesgos de carácter higiénico de origen físico o químico, y ninguno de origen biológico. Por ende, existe una gran oportunidad de avanzar en esta área”, sugiere Gómez.


Acciones prácticas

Las compañías mineras que llevan la delantera en materia de seguridad, han realizado acciones específicas en la prevención de la gravedad de los accidentes. De acuerdo a Jorge Antonio Villarroel, algunas de estas acciones son:

Desarrollo de campañas de comunicaciones: de lecciones aprendidas y de compartir aprendizajes de los accidentes ocurridos en otras faenas o simplemente de otros trabajos similares.

Campañas de cuasi accidentes: desarrolladas en todos los niveles de la organización, con altísima participación de los trabajadores operativos.

Desarrollo de la política del área de trabajo limpio y ordenado: de forma de poder percibir los problemas.

Involucramiento de la familia en la gestión de la seguridad: con participación activa en capacitaciones y motivaciones conjuntas entre el trabajador y su familia.

Autocrítica y autocontrol: El trabajador debe ser llamado a que cuando esté realizando un mal trabajo (del que tiene absoluta noción), inmediatamente debe detener su trabajo y enmendar. En este sentido, este tipo de acciones se asocia fuertemente a las acciones de involucramiento de la familia.

Desarrollar fuertemente el trabajo en equipo, con sentido crítico: Es decir, si un compañero está realizando mal un trabajo debe decírselo y el que recibe la reprimenda detener su gestión, ser autocrítico y mejorar.


El desarrollar cualquiera de las alternativas anteriores de forma unitaria, no tiene ninguna utilidad, sino que es el trabajo conjunto de todas ellas, entre muchas otras más, las que debiesen todavía seguir disminuyendo la tasa de fatalidad.


Control de emergencias en minería

Las características de la minería en Chile configuran un escenario que complejiza la respuesta a emergencias. Muchas faenas se encuentran a tres, cuatro o más horas de centros urbanos, situadas a gran altura y con vías de acceso en ocasiones limitadas a ciertos vehículos. “Por ello, es una necesidad para estas compañías situar sus potenciales escenarios de emergencia y de su eventual respuesta sin apoyos externos. Deben generar sus brigadas, contar con equipos de intervención especializados y prever la llegada de ayuda externa como un respaldo o un relevo, como algo necesario”, enfatiza Ferrán Arias, de la Escuela de Construcción Duoc UC.

En esta misma línea, Jorge Villarroel, de la Universidad San Sebastián, sede Concepción, prioriza en la capacitación del personal que responderá ante estas emergencias. Estas instancias deben entregar herramientas sobre qué hacer en caso de amago de incendios, capacitaciones en primeros auxilios, desarrollo de brigadas de emergencias, simulacros permanentes y evacuaciones una vez al año, tal como lo establece el Reglamento de Seguridad Minera. Asimismo, “otras actividades imprescindibles son la revisión permanente del estado de los equipos e instalaciones una vez al mes, o el chequeo de los sistemas de detección y de extinción de incendios”, detalla.

En este sentido, el académico añade que si llevamos la prevención de emergencias a la pequeña y mediana minería, la situación cambia, “ya que es usual que acciones preventivas tales no se lleven a cabo. Muchas veces son los mismos trabajadores que sin capacitación ni competencias, hacen frente a las emergencias poniendo en riesgo sus propias vidas”, finaliza.

Abril 2018
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