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Qué hacer frente a un accidente en altura
Por Cristian Salazar Linfati, Enfermero clínico y Docente de AIEP Bellavista.
El trabajo de altura tiene el riesgo de caída, del cual un alto porcentaje presenta resultado de muerte. Ahora bien, la suspensión por accidente también es importante de considerar, ya que en pocos minutos puede empeorar el escenario.

El impacto de accidentes en altura es tal, que, independientemente de las lesiones que este genere, es clasificado y manejado como un accidente grave y, estadísticamente, también tiene fuertes repercusiones. Según informa el Sub departamento de Salud Ocupacional y Prevención de Riesgos de la Seremi de Salud, del total de accidentes laborales ocurridos entre los años 2008-2013 en la Región Metropolitana, el 35% correspondió a accidentes en altura y, en el mismo período, estos representaron el 36% del total de accidentes fatales. Estas cifras muestran una necesidad de generar planes de prevención y protocolos de acción para esta clase de accidentes. La primera medida que se debe adoptar es la prevención, mediante la modificación de factores de riesgo asociados.

Desde la misma Seremi de Salud, indican que los factores de riesgo comunes en la mayoría de los accidentes de altura son los siguientes:

A) Trabajadores no capacitados, no calificados y no aptos para la tarea.

B) Falta de procedimientos o infraestructura necesaria para un trabajo seguro.

C) Falta de barandas y puntos de anclaje.

D) Falta de supervisión.


Atención al accidentado

Una vez ocurrido el accidente, se debe contar con procedimientos y personal calificado para atender de forma segura al trabajador accidentado, disminuyendo los riesgos de lesiones relacionadas al manejo de este. Además, el personal que responda a esta emergencia debe estar capacitado para atender a pacientes con grandes traumatismos y tener conocimientos de trabajo en altura.

El riesgo más evidente que corre el trabajo en altura es la caída a distinto nivel, sin embargo, existe otro riesgo menos conocido: “el síndrome del arnés” (también denominado “mal de arnés”, “shock ortostático” o “trauma por suspensión”), en el cual nos concentraremos en este artículo.

Los trabajadores de altura saben que permanecer durante un tiempo prolongado en un arnés no tiene más consecuencias que las molestias ocasionadas por la presión de las correas del arnés sobre los puntos de contacto. La movilización de las extremidades y los cambios de posición de las mismas hacen que esta actividad se pueda realizar mucho tiempo sin complicaciones. Cuando se trabaja con un arnés, independientemente de su tipo, existe el riesgo de quedar suspendido de él como producto de una caída o un accidente. Después de esta caída, viene la fase de suspensión, que puede ser peligrosa y potencialmente mortal para el trabajador. Esto se debe a que los arneses actúan como un torniquete, impidiendo total o parcialmente el flujo de sangre, produciendo una falla en la irrigación de las extremidades (por lo tanto, déficit de oxígeno y nutrientes a las mismas) y acumulación de sangre en las extremidades afectadas por disminución del retorno venoso, lo que eventualmente disminuirá la irrigación sanguínea de otros órganos, como el corazón y el cerebro.

La sangre detenida en las extremidades acumulará toxinas provenientes de la muerte celular y de la falta de oxígeno, las que al liberarse a la circulación sistémica en la fase de rescate, pueden generar daño en distintos órganos vitales (cerebro, riñones, etc.) e incluso un paro cardiorrespiratorio.

Los síntomas del síndrome del arnés pueden aparecer entre 4 y 6 minutos desde iniciada la suspensión y no suele superar los 30 minutos.


Consideraciones para el rescate

De acuerdo a esto, el rescate de este paciente debe ser prioritario, pero realizado con mucha precaución, considerando los siguientes principios:

A) Zona segura: se deben evaluar los riesgos de la escena y ser manejados previo al rescate con el fin de no aumentar la cantidad de víctimas.

B) Inmovilización: estos pacientes, además del síndrome del arnés, pueden presentar traumatismos y, por lo tanto, deben ser debidamente inmovilizados antes de su traslado con el fin de minimizar lesiones secundarias (por ejemplo, complicar lesiones cervicales y vertebrales).


“Muerte del rescate”

Es importante destacar que se han registrado muertes de víctimas rescatadas vivas, minutos u horas después del rescate. La muerte inmediata al rescate, o “muerte del rescate”, podría deberse a una sobrecarga aguda cardiaca por aumento de flujo sanguíneo, al colocar a la víctima en posición horizontal una vez rescatada. El retorno masivo de la sangre acumulada en las extremidades durante el tiempo de suspensión llega bruscamente al corazón, produciendo una sobrecarga que puede llevar a la muerte. Para evitar esa sobrecarga, es aconsejable poner a la víctima en una posición que permita su recuperación, la que puede ser agachada, en cuclillas o semi sentada.

Si el herido está inconsciente, debemos colocarlo sobre el costado derecho en posición fetal. Esta posición se debe mantener entre 30 y 40 minutos antes de pasar a una posición horizontal.

Una vez en zona segura, se debe realizar una evaluación del paciente según el “ABC del trauma” en búsqueda de condiciones o lesiones que pongan en riesgo inmediato la vida del paciente, como fracturas, TEC y deshidratación. Posteriormente, hay que proseguir con el traslado a una unidad de emergencia de un centro de trauma (que tenga disponibilidad de UCI, banco de sangre, cirujanos traumatológicos, etc).

El traslado debe ser realizado por personal capacitado en atención avanzada en trauma, por lo tanto, por ambulancias avanzadas o medicalizadas del SAMU, o en caso de que el rescate sea en un lugar de difícil acceso, o lejos de la unidad de emergencia receptora, se puede barajar la opción de helitransporte.

El traslado debe ser lo más rápido posible. Si durante este el paciente presenta hipotensión arterial, es preferible la administración de vasopresores en vez de fluidoterapia. También se debe evaluar y manejar la glicemia del paciente, especialmente si esta fue la razón inicial del accidente. Finalmente, pero no por eso menos importante, la analgesia y correcta inmovilización del paciente son de suma importancia.

Diciembre 2017
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