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Jueves 14 de Diciembre de 2017         •         Dólar= $652,02         •         UF=$26.783,46         •         UTM=$46.972

CONTROL DE EMERGENCIAS Y DESASTRES
Hacia una gestión multidisciplinaria

Sin importar el rubro de una empresa, siempre existe la posibilidad de que sea afectada por un siniestro, ya sea a nivel interno (accidente o emergencia en un proceso productivo) o externo (incendios, sismos o aluviones). ¿Cómo estar preparados para mitigar estos riesgos? Tres expertos en la materia lo explican en el siguiente reportaje.

Aprincipios de julio de 2017, una fuerte explosión afectó a una empresa de productos químicos en la comuna de Quilicura, Región Metropolitana. El siniestro dejó cuatro personas lesionadas y activó una serie de protocolos de seguridad entre Carabineros y Bomberos para todos los vecinos y trabajadores de empresas aledañas a la Ruta 5 Norte, lugar donde se encontraba esta planta. No solo existía el riesgo de que el incendio se propagara, sino también la emisión de fuertes gases tóxicos a la atmósfera.

Este ejemplo demuestra que una emergencia o desastre no solo influye en el personal y las procesos de una empresa, sino que, debido a su magnitud, puede tener distintas implicancias, afectando los comunidades vecinas y la credibilidad de una compañía en la sociedad, por lo que resulta fundamental coordinarse con agentes externos.

En este contexto, realizar un Mapa de Riesgos de Emergencia y Desastres es una tarea primordial para cualquier rubro, ya que nos permitirá actuar correctamente antes, durante y después de cualquier situación repentina que revista peligro.

Alejandro León Stewart, Universidad de Chile.
Cristóbal Mena, Consultor en Gestión del Riesgo de Desastres.
Ian Gorayeb Fuentes, Magíster (C) en Gestión y Planificación del Riesgo de Desastres.

Modelamiento de los riesgos

Según explica Alejandro León Stewart, Ph.D. y Profesor Asociado del Departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Renovables de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, y quien también forma parte del Programa de Reducción de Riesgos y Desastres de la misma casa de estudios, “un mapa de riesgos puede representar una herramienta valiosa para una empresa que se enfoca en la disminución de pérdidas humanas, financieras y físicas frente a un desastre. Es un instrumento que permite identificar cuáles son las áreas, productos y procesos de mayor riesgo, presentando además a la comunidad de usuarios una jerarquización”.

El especialista añade que esta definición de roles y responsabilidades, tanto al interior como al exterior de la organización, permitirá identificar las áreas o procesos de mayor riesgo, y cómo actuar frente a un eventual desastre. Entonces, si además de realizar el mapa, se entrena a los diferentes estamentos que trabajan en la empresa, se logrará disminuir el riesgo y las pérdidas. Ello, debido a que sus miembros estarán concientizados respecto a la probabilidad de ocurrencia de un desastre.

Lo anterior es una práctica habitual en países mucho más desarrollados. Cristóbal Mena, MSc Risk, Disaster and Resilience de la University College London y Consultor en Gestión del Riesgo de Desastres, asegura que “las mejores prácticas internacionales hacen referencia a gestionar los posibles riesgos de desastres. Es decir, debemos considerar tres fases: antes, durante y después de un desastre natural o accidental, y abarcando desde planificar los tiempos de respuesta, capacitación a personal interno/externo y los protocolos de acción una vez ocurrido el incidente”.


Métodos, normativas y objetivos

Para Ian Gorayeb Fuentes, Ingeniero Civil Industrial, Diplomado en Gestión y Planificación del Riesgo de Desastres y Magíster (C) en Gestión y Planificación del Riesgo de Desastres, todos estos pasos antes señalados permitirán salvar vidas, bienes y elementos medioambientales, aspectos claves de una correcta Gestión del Riesgo, la que también debe abordar la continuidad del negocio. “Un buen mapa de riesgos nos permite enfocar recursos para prevenir o para responder bien, según la severidad del evento, pero, por sobre todo, continuar o no funcionando como empresa”, sostiene.

Actualmente, tanto a nivel local como internacional, encontramos una serie de protocolos y normativas que nos guían para establecer un estándar de comportamiento para enfrentar este tipo de situaciones. A modo de ejemplo, las normas ISO 31000:2009 proveen una guía en materia de gestión del riesgo al interior de las organizaciones, mientras que el Sistema de Gestión Ambiental (SGA) nos posibilita identificar las externalidades que se generan continuamente en una organización, y pueden ser aplicadas tanto en el sector privado y público, como en organizaciones grandes o pequeñas.

“Dentro de los SGA, se encuentra la familia de normas ISO 14000, que proporcionan a las organizaciones un marco de referencia para proteger el medioambiente y, al mismo tiempo, evitar desastres. Dentro de esta familia se encuentra la ISO 14001:2015 ‘Sistemas de gestión ambiental-Requisitos con orientación para su uso’, que especifica los requisitos que las organizaciones deben cumplir”, recomienda Alejandro León.

En tanto, si pensamos en riesgos asociados a la naturaleza (muy comunes en Chile, como es el caso de sismos, inundaciones, tsunamis, incendios o erupciones volcánicas), Ian Gorayeb recomienda acudir a instituciones estatales. “Muchas de estas zonas de riesgo han sido identificadas y las pueden encontrar en las fuentes oficiales como Onemi, SHOA o Sernageomin. Para otros riesgos más específicos, será necesario recurrir a la ayuda experta de ingenieros, arquitectos y bomberos, entre otros profesionales acreditados”, asegura.


Tecnología y capacitación

Una vez identificados todos los riesgos productivos y naturales a los cuales nos podemos ver enfrentados, viene una segunda etapa que está relacionada con el tipo de equipamiento o tecnología con la que se debe contar: elementos de protección personal (EPP), radiocomunicadores, espumas para derrame de combustibles, herramientas para mitigar fugas químicas, trajes especiales, sistemas de extinción del fuego, vehículos acondicionados, luminarias en zonas especí- ficas, demarcación de accesos o vías de escape, entre otros.

A ello se suma que todos los colaboradores de una industria, sin importar su nivel o tareas a desempeñar, deben conocer los protocolos de emergencia para este tipo de situaciones. De ahí en adelante, y dependiendo de la realidad de la organización, se deberán seleccionar a las personas más capacitadas para integrar una brigada de emergencia. Acá deberemos considerar si necesitarán exámenes psicológicos, pruebas físicas, capacitaciones o talleres para utilizar cierto equipamiento. La idea es que sus compañeros y compañeras de trabajo los identifiquen como especialistas a quienes recurrir en caso de un siniestro. “Es muy importante que la Gestión de Riesgo de Desastre no solo incluya a las personas que trabajan en una gran empresa, sino que también debe considerar a la sociedad o las familias que vivan cerca de estas instalaciones. Esto implica hacer una bajada con las autoridades locales y actores sociales, para que también sepan cómo actuar frente a una emergencia. El objetivo es minimizar el riesgo a nivel interno y externo, por lo que se requiere un trabajo multidisciplinario y de capacitación constante”, complementa Mena.


Chile, un país “reactivo”

Pese a que, como sociedad, estamos familiarizados con los siniestros de origen natural, la gran mayoría de las empresas que opera en nuestro país se caracteriza por ser reactivas y no proactivas frente a este tema. Ya sea por un tema cultural o de financiamiento, lo cierto es que queda mucho por avanzar. “Las malas prácticas están constituidas por la falta de prevención. Las compañías transnacionales existentes en Chile aplican medidas de prevención, debido a las exigencias de sus casas matrices. Sin embargo, no es parte de nuestra idiosincrasia planificar a futuro para prevenir desastres y disminuir el riesgo”, contextualiza León.

Una visión similar posee Mena, quien afirma que “casi siempre encontramos reacciones a los desastres cuando ya ocurrieron, en vez de preverlos o prevenirlos con todas las herramientas y acciones señaladas anteriormente. Es decir, terminamos más invirtiendo en los daños que en la prevención”. “A ello deberíamos añadir la falta de certificaciones y capacitaciones para muchos de los profesionales que trabajan en el área. Todavía nos falta avanzar como país para adoptar buenas prácticas en este tema”, asegura.

Finalmente, Gorayeb critica el hecho de que casi nunca se practican los planes, protocolos y estándares de emergencia. “Hay que hacer simulacros permanentemente, incluyendo varios riesgos a la vez. Evaluar la respuesta, buena o mala, y hacer siempre una retroalimentación a toda la organización y sociedad a fin de readecuar el plan en caso de que sea necesario”, aconseja.

¿Lo bueno? Gracias a la economía chilena y su condición exportadora, muchos países desarrollados exigen la aplicación de medidas de prevención de un alto estándar para la comercialización de un producto. Esto es una luz de esperanza, pues como ocurre en muchas industrias, estas restricciones serán exigidas, tarde o temprano, a los proveedores, quienes deberán implementarlas. Sin duda el primer paso para tener una idiosincrasia que considere la prevención de desastres y riesgos como una inversión y no como un gasto de tiempo y dinero.

Noviembre 2017
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Comentarios acerca de este artículo
FLORENCIA DIAZ G. ATENCION PREHOSPITALARIA (29/11/2017)

Me alegra que en este articulo se incluyan profesionales experto en la materia ,calificados y certificados, y al estar técnicamete calificado, escapaz de ver en forma multisectorial el riesgo y desastre, y las necesidades de nuestro pais en esta materia, con conocimiento de causa, y lo mucho que estamos en pañales en el tema , siendo uno de los paises más catastroficos del mundo, y muchas veces un referentes en esta materia a otras naciones, siendo vital importancia enfocarnos la prevención preparacion y mitigación, y dejar de ser un estado de respuesta .Felicitaciones por el articulo.

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