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Lunes 23 de Octubre de 2017         •         Dólar= $631,11         •         UF=$26.648,67         •         UTM=$46.786

POLVO EN SUSPENSIÓN
Un riesgo que flota en el ambiente

Muchas actividades productivas deben lidiar con el polvo en suspensión, viéndose obligadas a realizar acciones que mitiguen su proliferación. Para lograr medidas preventivas eficaces y generar conciencia, resulta relevante conocer su impacto en la salud y bienestar de los trabajadores.

En diversos procesos industriales, el polvo en suspensión surge como un enemigo tanto para los trabajadores al poner en riesgo su Seguridad y Salud, como para comunidades vecinas y medioambiente, al mermar su calidad de vida. Para controlar este riesgo, el DS 594 del Ministerio de Salud, sobre Condiciones Sanitarias y Ambientales Básicas en los Lugares de Trabajo, indica los parámetros de exposición conforme a la naturaleza de los polvos en suspensión, decretándose que el lí- mite máximo permitido es de 0,08 mg/ m³ para 8 horas de trabajo, mientras que la exposición a concentraciones bajo el 50% del LPP no representa un riesgo para la salud.

Otros datos importantes para comprender la problemática del polvo y cómo afecta a las personas los entrega el Ministerio del Medio Ambiente, a través del Registro de Emisiones y Transferencias de Contaminantes (RETC). Este da cuenta de los efectos de las partículas PM10 (de diámetro menor o igual a 10 micrones), también conocidas como material particulado respirable, las que, por su tamaño, son capaces de ingresar al sistema respiratorio del ser humano. Su potencial daño en la salud está definido por el diámetro de estas partículas:

• Fracción gruesa: de 2,5 a 10 micrones. Puede llegar hasta los pulmones.

• Fracción fina: menor a 2,5 micrones. Puede ingresar hasta los alvéolos y luego a la sangre.

Los efectos del polvo, tanto en ambientes de trabajo como en la comunidad y medioambiente, dependerán de sus características toxicológicas. Según Luis Arturo Valenzuela, Especialista en Ingeniería Ocupacional de ACHS, “el polvo de origen rocoso podría contener sílice cristalina, agente generador de silicosis, mientras que polvo con contenido de plomo podría generar saturnismo en las personas expuestas”. En otras palabras, los efectos en la salud dependerán de la composición y toxicidad de la sustancia emitida, así como de su concentración en el ambiente, tiempo de exposición y susceptibilidad individual. En este sentido, resultan especialmente preocupantes los efectos severos del polvo de sílice, pues pueden generar fibrosis pulmonar crónica, incurable e irreversible, que altera la capacidad respiratoria del trabajador.



Experiencias en el manejo del polvo en suspensión

De acuerdo a las indicaciones de las normativas y del compromiso de las empresas afectadas por el riesgo del polvo en suspensión, es que han surgido acciones que potencian la prevención y fortalecen la conciencia entre sus trabajadores. Dos empresas representantes de sectores donde este riesgo es crítico, comentan algunas claves para su gestión.


Melón Cementos: Una industria que asume la responsabilidad

Marcelo Rey, Gerente de Planta La Calera de Melón Cementos.
Para Marcelo Rey, Gerente de Planta La Calera de Melón Cementos, el cemento es el material básico para el desarrollo sustentable de la sociedad, pero su producción no está exenta de riesgos ambientales si la dirección de la empresa no es la correcta. El profesional enfatiza que nuestro país cuenta con una correcta orientación regulatoria en materia de emisiones de polvo, que le guía y permite fabricar este producto de manera responsable. Además, especifica que en vez de ser una problemática, “es una gran responsabilidad de la industria mitigar este riesgo, no solo en estricto cumplimiento normativo, sino buscando un desempeño ambiental de excelencia y que permita la sostenibilidad en el tiempo”.

Asimismo, afirma que las líneas de gestión ambiental deben considerar principalmente el cumplimiento riguroso de la normativa ambiental. “Lograr esto implica conocer muy bien el marco regulatorio que aplica a nuestra industria, y enfocar adecuadamente a todo el equipo de trabajo para su cumplimiento, robusteciendo, además, a través de equipamiento y tecnología los procesos productivos. La gestión ambiental debe estar incorporada plenamente en el ciclo de gestión del negocio, buscando siempre la excelencia y la mejora continua”, señala.

En relación a los resultados obtenidos con estas prácticas, Rey indica que han sido positivos. “Desde una mirada cualitativa en Melón, se observa una cultura de cuidado del ambiente transversal a toda la organización. Cuantitativamente, nuestras emisiones de fuentes fijas están consistentemente por debajo de las normas exigidas”, agrega. “Creemos en la mejora continua y, por tanto, tenemos identificadas nuestras áreas de mejora de mediano y largo plazo, con el objetivo de lograr la excelencia”, concluye.


Situación de la minería desde la experiencia de ACHS

Rómulo Zúñiga, Especialista Senior en Seguridad y Salud en el Trabajo de ACHS.
Rómulo Zúñiga, Especialista Senior en Seguridad y Salud en el Trabajo de ACHS, comenta que en la explotación de minerales, el polvo es uno de los principales contaminantes, debido al volumen de las emisiones. “Por ejemplo, para extraer un kilogramo de cobre, se requiere moler del orden de 100 kilogramos de roca. Y a esto se agrega la toxicidad de los agentes químicos presentes en las partículas emitidas”, explica.

Entre los contaminantes más peligrosos que se encuentran en esta actividad, el profesional menciona a la sílice cristalizada, que afecta principalmente a los trabajadores, y al arsénico, que también puede dañar a la población aledaña. Por esta razón, el Estado estableció un Protocolo de Vigilancia Epidemiológica de trabajadores expuestos a sílice cristalizada, y disminuyó, en la última modificación realizada al Decreto 594, el lí- mite de concentración permisible de arsénico en los ambientes de trabajo en el orden de 10 veces.

Respecto a algunas recomendaciones para abordar la situación del polvo en la minería, el experto recuerda que en general, y como ocurre con todos los contaminantes químicos, existen para el polvo normas legales que regulan las emisiones al medio ambiente y las concentraciones máximas permisibles en los ambientes de trabajo. “Es recomendable que a partir de estas normas legales, las empresas implementen sistemas de Gestión de Medio Ambiente y de Seguridad y Salud en el Trabajo, para mitigar las emisiones y controlar, dentro de los límites permisibles, la exposición de los trabajadores y del público en general”, finaliza.

Septiembre 2017
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