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ERGONOMÍA
Cuando el espacio de trabajo se adapta a la persona

Al enfocarse en elementos que pueden modificarse, la Ergonomía genera espacios laborales acordes a los requerimientos de determinadas actividades. Las soluciones desde esta mirada, no solo generan mayor confort para el trabajador, sino que también incrementan la productividad.

Sin importar el área de desempeño, el ambiente laboral puede provocar efectos nocivos cuando las personas tratan de adaptar su cuerpo a las condiciones existentes y si sumamos el tiempo de exposición a estos escenarios -muchas veces, más de ocho horas diarias-, las lesiones suelen aparecer rápidamente. Entonces, resulta clave el paradigma que brinda la ergonomía al acomodar los espacios laborales a la forma y límites que entrega el cuerpo.

No obstante, ¿conocen las empresas cómo aplicar los conceptos de esta disciplina y sus implicancias? Para Mauricio Santos, Presidente de la Sociedad Chilena de Ergonomía (Sochergo), “a nivel industrial, es necesario crear mayor conciencia de cómo entendemos y organizamos el trabajo. El cuerpo humano tiene límites, y cuando estos se sobrepasan se crean las condiciones para generar una enfermedad o un accidente”, menciona.

En esta línea, preguntas como “¿cuánto peso puede cargar un trabajador en una jornada?”, o “¿cuántos movimientos repetitivos se pueden estimar en una hora de trabajo?” deben plantearse al realizar la planificación de las actividades laborales. Al respecto, el experto sostiene que “comprender correctamente el puesto de trabajo es lo que nos permite ser realmente preventivos”.

Isabel Altamirano, Docente Ergonomía Aplicada de la Universidad San Sebastián, menciona que para lograr lo anterior, se debe ir más allá de solo crear conciencia. “En la práctica, pasa más por un tema de voluntad de las organizaciones de hacerse cargo de sus riesgos y abordarlos cómo corresponde. Pienso que, con el nivel de conocimiento existente, se podría hacer mucho más, principalmente en prevención”, manifiesta. Además, explica que hay una problemática respecto a la escasa fiscalización del cumplimiento normativo y una nula capacitación para asegurar su cumplimiento.

Mauricio Santos, Presidente de la Sociedad Chilena de Ergonomía (Sochergo).
Isabel Altamirano, Docente Ergonomía Aplicada de la Universidad San Sebastián.
Claudio Angulo, Director de Carreras Ingeniería sede Osorno IP-CFT Santo Tomás.

Mirada “macro”

La ergonomía tiene cuatro objetivos: la salud, la seguridad, el confort y la eficiencia, compartiendo los dos primeros con la higiene industrial. “Logrando el confort del trabajador se consiguen los demás objetivos; el confort dice relación con la pertinencia de las características y requerimientos del hombre”, comenta. Asimismo, el especialista detalla que “cuando se pierde el confort (disconfort), se generan factores estresores que se transforman en disonancias y luego en riesgos, no tan solo musculoesqueléticos sino que también psicosociales, ambientales, etc., los que generan como consecuencia el ‘error humano’”.

Por su parte, Claudio Angulo, Director de Carreras Ingeniería sede Osorno IPCFT Santo Tomás, agrega que “hablar de confort del trabajador es hablar de puestos de trabajo saludables y, para ello, se debe entender que cada individuo tiene características únicas, porque de no considerar esto, caeremos en la generación de puestos de trabajo con sobreesfuerzo físico y mental”.

Tales visiones van enfocadas en producir una sinergia, la que se manifiesta en espacios laborales donde el trabajador está a gusto y donde la producción es más eficiente. “Usualmente en un proyecto de intervención de ergonomía, el confort es el objetivo que le importa a RR.HH. o los dirigentes sindicales, pero la eficiencia es el que le interesa a los encargados de producción. Esta dualidad es la que finalmente determina que la naturaleza de toda intervención de ergonomía es una inversión”, opina Santos.

En este sentido, los avances tecnológicos y la automatización de ciertas tareas han permitido que se disminuyan riesgos en los trabajadores de la industria, pero esas acciones han tenido otras repercusiones. “Si bien hay una disminución de los esfuerzos físicos, hemos visto que se ha aumentado la carga mental en otros casos, porque en algunas industrias, un gran porcentaje de las tareas son monótonas y repetitivas con un gran nivel de exigencia cognitiva”, sostiene Angulo. “Por esto, siempre es necesario realizar una mirada ‘macro’ respecto de las consecuencias que tendrán las intervenciones”.


Observaciones a la norma

El Protocolo de Vigilancia de Trastornos Musculoesqueléticos Relacionados al Trabajo (TMERT) es uno de los principales modelos en el país que entregan directrices para la prevención y control de los trastornos musculoesqueléticos (TME), que se desarrolló debido al alto número de personas afectadas por estos malestares (de acuerdo a cifras de ACHS, un 30% de las enfermedades profesionales corresponde a este ítem).

A juicio de Angulo, “en un principio, las empresas, por desconocimiento y falta de información, no aplicaron la normativa en los tiempos correspondientes. En tanto, otras, en donde existían profesionales de prevención de riesgos, tuvieron algo de ventaja al realizar las evaluaciones. Sin embargo, cuando se aplica este protocolo, muchas compañías no están de acuerdo en invertir para mejorar las condiciones laborales, por lo que se mantendrán condiciones inadecuadas para trabajadores”.

Ahora bien, si bien Isabel Altamirano valora que el Estado regule sobre esta materia, cree que “la norma es muy general y poco eficiente para dimensionar la realidad específica de los puestos de trabajo. Está pensada desde una relación lineal de causa-efecto que no es real, sin evaluar de forma sistémica los riesgos del trabajo. No está claro que la norma sea adecuada, ya que no hay (o al menos, yo no conozco) estudios que demuestren que desde el inicio de su aplicación, hayan disminuido los factores de riesgo o la incidencia de lesiones musculoesqueléticas”.

Por su parte, Santos propone que se necesita mejorar el hecho de que esta norma está centrada en el tiempo de exposición por sobre otros importantes factores. “Permite que un riesgo musculoesquelético evidente sea evaluado como riesgo bajo. Resulta entonces imprescindible revisar la metodología para que sea efectiva en la pesquisa, ya que los factores de fuerza, por ejemplo, quedan en segunda jerarquía en la evaluación, siendo un importante factor a considerar”, aclara.

Entonces, una lesión de miembro superior producida por un manejo manual de cargas puede resultar en un riesgo aceptable por TMERT, porque evalúa de mejor manera el tiempo de exposición que el factor de fuerza.


Pymes y ergonomía

Para los expertos entrevistados, es claro que la situación en las Pymes difiere de las acciones que las grandes y medianas empresas puedan estar desarrollando sobre ergonomía, incrementándose las condiciones precarias del trabajo y una escasa gestión sistemática de los riesgos. Al respecto, una manera de abordar esta situación pasaría por fortalecer las herramientas de gestión de bajo costo. Isabel Altamirano señala que el desarrollo de estas técnicas ayuda significativamente a tener un mayor control de los riesgos. “Además, en las Pymes se tiene la ventaja que, al ser organizaciones pequeñas, los gerentes están más involucrados en las actividades de la empresa, lo que puede traducirse en una mayor flexibilidad que permite una rápida toma de decisión”, sostiene.

Santos, en tanto, postula que la ergonomía es un paso natural después de resolver los temas de higiene industrial. “Para que la Ergonomía pueda optimizar los puestos de trabajo, debe haber resuelto temas básicos del DS 594. Por esta razón, esta disciplina no tiene gran relación con las Pymes, sino más bien con la Mediana y Gran Empresa, que ya han resuelto temas de higiene industrial”, asevera.


Caso práctico de aplicación de confort en la ergonomía

En una fábrica de pisos vinilíticos, existía un puesto de trabajo en el cual se debía seleccionar cada pieza por su color o por errores de producción, tarea que obligaba al trabajador a estar sentado al lado de la línea de producción para revisar a gran velocidad cada pieza que pasaba. Una de las exigencias que tenía este cargo era el confort visual y la empresa se preocupó solo por mejorar el nivel de iluminación, incrementando el número de lámparas.

Al respecto, Santos hace hincapié en que, para este caso, era necesario ampliar el espectro de colores en los equipos de iluminación y permitir discriminar sombras para identificar burbujas y otros errores en la producción. “Mejorar la percepción del trabajador con el confort visual permite un mejor desempeño y disminuir errores, así como reducir malestares, como dolores de cabeza”, destaca el especialista.

Finalmente, como solución para este caso, se agregaron otros equipos de iluminación, dispuestos inclinados sobre la línea. De igual modo, se agregó una baranda retráctil controlada por un pulsador para evitar el movimiento repetitivo del brazo mejorando el tiempo de respuesta del trabajador.
Julio 2017
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