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Obesidad como factor de riesgo de accidentes laborales
Por Janet Cossio Hidalgo, Directora de Carrera Nutrición y Dietética en Universidad Andrés Bello Sede Viña del Mar. jcossio@unab.cl
En la actualidad, Chile se encuentra entre los países con mayor obesidad a nivel mundial. Si consideramos que los trabajadores con sobrepeso y obesidad están más propensos a accidentes y enfermedades ocupacionales, resulta clave revertir esta situación a través de mantener un entorno laboral saludable e implementar medidas para incentivar una alimentación sana.
Janet Cossio Hidalgo.

El sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Algunas estimaciones recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a nivel mundial señalan algunos datos que no podemos dejar de ponerles atención:

En 2014, más de 1.900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales más de 600 millones eran obesos.

En 2014, alrededor del 13% de la población adulta mundial (un 11% de los hombres y un 15% de las mujeres) eran obesos.

¿Qué pasa en Chile? Según la última Encuesta Nacional de Salud 2009-2010, un 39,3% de la población adulta cursaba con sobrepeso; un 25,1%, con obesidad, y un 2,3%, con obesidad mórbida. Cifras que lo transforman, en la actualidad, en uno de los países con mayor obesidad a nivel mundial. Además, esta patología en Chile no es considerada como enfermedad laboral.

67% más de gastos en atención de salud en relación a las personas con un peso normal.


El impacto en el trabajo

La obesidad es una patología compleja y multifactorial, que se desarrolla por la interacción de variables ambientales y genéticas. Sin embargo, el incremento de la obesidad en los últimos años, demuestra que el factor etiológico primario proviene de elementos ambientales más que genéticos, ya que la evolución de la obesidad ha sido más rápida que la evolución genética.

El individuo enfermo es menos productivo y con ello, contribuye al detrimento paulatino de la economía familiar, tanto por el ausentismo laboral y eventualmente el desempleo, como por el incremento en el gasto familiar derivado de su tratamiento.

Se reconocen diversos factores que pueden dañar la salud de los trabajadores. En la actualidad, la obesidad es considerada uno de ellos y es una epidemia a nivel mundial que está dañando la vida de millones de personas, siendo además un factor de riesgo para el desarrollo de otras enfermedades, como diabetes 2, enfermedad arterial coronaria y cerebrovascular por arterioesclerosis, aumentando la morbilidad y mortalidad, ya que se asocia a otros trastornos metabólicos como resistencia insulínica, hipertensión arterial, dislipidemia. También se relaciona con apneas del sueño, aumentando la probabilidad de somnolencia en el trabajo; disminución de la movilidad y lesiones articulares, sobre todo en extremidades inferiores; aumento de las lesiones de espalda, mayor probabilidad de reflujo, esofagitis erosiva, alteraciones y desgaste articulares, gota, alteraciones emocionales o psicológicas como aislamiento social, depresión, carcinogénesis de mama, colon y aumento del comer compulsivo.

En materia laboral, es conocido que cuando el trabajador está sano:

Es más eficiente.

Está alerta y pleno de energía.

Disminuye el riesgo de sufrir accidentes.

Maneja mejor las situaciones de estrés.

Según un informe de la OMS, una alimentación adecuada y la práctica de actividad física en funcionarios o trabajadores, pueden incrementar los niveles de productividad en un 20%. Hoy, el lugar de trabajo es considerado como un entorno prioritario para la promoción de la salud, provocando una disminución de licencias por enfermedad, accidentes y gastos en salud, así como una mejora de las relaciones laborales y en la productividad de la empresa.

Numerosas investigaciones han establecido que el elemento central en la génesis de la obesidad es el desequilibrio energético, es decir, se consume más energía de la que se gasta. De esto se desprende que una alimentación adecuada y el combate al sedentarismo son elementos centrales que deben formar parte de cualquier esquema de prevención, más aun considerando que en la actualidad las horas laborales sentados frente a un computador, son en promedio 8 horas diarias en muchos casos.

Ahora bien, las pruebas bibliográficas demuestran que la obesidad tiene un claro impacto negativo al reducir las perspectivas de empleo, los salarios y la productividad laboral. Así, las personas obesas tienen menos probabilidades de ser contratadas que las de peso normal; y ganan menos (hasta un 18%) que las no obesas, incluso cuando ocupan puestos equivalentes y desempeñan las mismas funciones.


Entornos saludables

Para que exista un entorno laboral saludable, este debe tener las siguientes características: promover la participación de los empleadores, trabajadores y otros actores sociales interesados en la realización de acciones conjuntas para controlar, mejorar y mantener la salud y el bienestar de los trabajadores; y la realización de procesos orientados a lograr el empoderamiento de empleados y empleadores.

Un ambiente laboral saludable asegura la salud de los trabajadores y mejora las condiciones de la productividad y, por lo tanto, la calidad de vida de toda la población de esa organización y de sus familias. Entre estas, se han propuesto la promoción del consumo de agua pura y apoyos para que los grandes grupos industriales promuevan alimentación correcta y actividad física en sus empleados, determinando entre ellos contratos con empresas concesionarias de alimentación que cumplan con condiciones de alimentación diaria saludable, con baja cantidad de grasas saturadas y azúcares, lo que implica campañas educativas para volver a aumentar guisos tradicionales chilenos como legumbres, charquicán, carbonadas y cazuelas, tan propios de nuestra idiosincrasia y que se han ido perdiendo en la continuidad del día a día en la última década; cuidar que las porciones de alimentos sean acordes al gasto de energía diario; y promover actividad física diaria que vaya desde caminatas, subir escaleras, andar en bicicleta o trotar.

En el plano individual, las personas pueden optar por:

Limitar la ingesta energética procedente de la cantidad de grasa total y de azúcares.

Aumentar el consumo de frutas y verduras, así como de legumbres, cereales integrales y frutos secos.

Realizar una actividad física periódica (60 minutos diarios para los jóvenes y 150 minutos semanales para los adultos).

Lo importante en las empresas y a nivel individual es adoptar un plan de medidas saludables que se mantengan en el tiempo. Solo así se podrán lograr resultados positivos que, más allá de lo estético, se orienten al logro de un mejor estado de salud. La idea no es comer menos, sino comer bien.

Mayo 2017
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