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Dr. Gustavo Contreras, Sochmet:
“Existen diversas actividades
donde las personas están expuestas a sílice”

Así como los trabajadores que se exponen directamente a polvos de origen industrial, las comunidades aledañas también están sometidas a estos riesgos al convivir con nubes emanadas de instalaciones cercanas. Para conocer más sobre esta problemática, conversamos con el Dr. Gustavo Contreras, especialista en enfermedades respiratorias y miembro de la Sociedad Chilena de Medicina del Trabajo (Sochmet).
Gustavo Contreras.

¿Qué polvos industriales son los más perjudiciales?
Cuando se analiza este problema desde el punto de vista del trabajador, podemos distinguir una gran diversidad de factores. Hay muchas actividades en las que las personas se exponen a polvos que provocan una neumoconiosis o la reacción del pulmón frente a la inhalación de partículas minerales, siendo las más conocidas la silicosis y la asbestosis. Sin embargo, si bien la exposición a sílice suele estar asociada a la minería, existen diversas actividades donde la gente está expuesta a este mineral. De hecho, el mismo Instituto de Salud Pública estima que aproximadamente 450 mil personas están en potencial riesgo.

¿Qué actividades emiten sílice?
Por representar una exposición muy alta para sus trabajadores, las actividades más fáciles de identificar están relacionadas con los laboratorios dentales o con la fabricación de muebles de cocina, vanitorios o de artículos de loza. Asimismo, las personas que -de alguna u otra forma- se exponen al cuarzo, sustancia que se utiliza, por ejemplo, como filtro para purificar agua tanto en piscinas como en los riegos por goteo de los campos. Entonces, aquel que está trabajando con el filtro probablemente tiene una exposición muy baja, pero quien debe prepararlo está altamente expuesto.

¿Hay riesgos para la comunidad que rodea a estas industrias?
Hay riesgos dependiendo de a qué están expuestos. Si hablamos de sílice, la exposición de las personas es alta si están muy cerca de un proceso productivo de tipo minero, como, por ejemplo, las actividades de las canteras, donde hay trituración de roca y transporte de áridos. Afortunadamente, la exposición a sílice baja rápidamente en la medida que la persona se aleja de la fuente. Por ejemplo, en la fabricación de cemento se emplea con frecuencia la puzolana, que se halla en depósitos naturales. Entonces, en esos procesos de extracción, cuando la persona debe estar muy cerca, hay una exposición considerable para los trabajadores, pero si esta faena se ubica a 500 metros de la zona poblada más cercana, la verdad es que la contaminación que pueden sufrir es muy baja.

¿Es el asbesto un contaminante mucho más peligroso?
Sí. No existe un límite de exposición al que sea seguro exponerse al asbesto, un elemento que se ha comprobado que provoca cánceres de pulmón y de la pleura, este último intratable. La sílice también es cancerígena, pero el asbesto lo es mucho más. Adicionalmente, se potencia con el hábito tabáquico, por lo que en las personas que fuman y se exponen a asbesto, el efecto de ambos agentes sobre el pulmón se multiplica por 10.

Sin embargo, el Decreto 656 prohíbe en nuestro país el uso del asbesto, por lo que ya no existen muchos trabajadores que se expongan en dosis muy altas a este material. Los que todavía deben exponerse son quienes lo remueven en demoliciones de construcciones antiguas, a pesar de que ya se cuenta con equipos especializados para esta labor. No obstante, existe desafortunadamente la posibilidad de que una persona no sepa que está manipulando asbesto y que lo haga sin ningún tipo de protección.

¿A qué se expone la población cercana de una construcción con asbesto?
Si se derrumba una construcción con materiales hechos en base a asbesto, hay una liberación de esta sustancia al ambiente, la que habitualmente no es muy alta. Pero, insisto, aunque la exposición sea baja, existe igualmente un riesgo.

A pesar que su uso está prohibido, no implica que el asbesto no exista en nuestras construcciones y, al ser productos que ya llevan bastante tiempo instalados y en contacto con el medioambiente, se empiezan a deteriorar. Por ejemplo, una plancha de techo que contiene asbesto, no genera ningún riesgo mientras está en buenas condiciones, pero sí al cabo de unos años, cuando su superficie se resquebraja y empieza a liberar esta sustancia, aunque sea en bajos niveles. No obstante, para este elemento particular, no hay un nivel mínimo seguro. Entonces, ¿cuál es el impacto real sobre la comunidad? Eso aún no lo sabemos.

¿Es difícil determinar el origen de estas enfermedades?
En muchas ocasiones, la persona presenta cáncer de pleura, sin tener antecedentes. Puede ser una dueña de casa sin actividad laboral en la que se reconozca una exposición al asbesto. No obstante, como el cáncer por asbesto demora entre 30 a 40 años en aparecer, quizás esa persona, en su niñez, pudo haber jugado con asbesto sin saberlo o bien ya se olvidó de haberlo hecho.

¿Hay conciencia del riesgo de la exposición a polvo tóxico?
En los planes que tiene el Ministerio de Salud hay una iniciativa para generar conciencia, de manera que la gente se cuide, identifique dónde existe riesgo y se proteja. Lo que uno puede hacer frente a un elemento que contiene asbesto y que está deteriorándose, es retirarlo con procesos muy bien resguardados con especialistas o restituir la matriz (por ejemplo, repintando una plancha, con lo que se forma una capa protectora que impide que el asbesto salga al aire), eliminando así el eventual riesgo.

¿Afecta el movimiento de áridos a la comunidad?
Sí, además de que se puede liberar sílice al ambiente durante el proceso de construcción misma. Es una de las actividades donde el Instituto de Salud Pública ha encontrado una alta exposición, aunque reitero que, en el caso de sílice, hay que estar muy cerca de la fuente para tener una contaminación significativa, y que el riesgo disminuye considerablemente cuando nos alejamos de la fuente.

¿Qué otros elementos pueden resultar potencialmente dañinos?
Hay muchos elementos orgánicos que pueden generar asma, y si esa exposición ocurre como parte de la actividad laboral se genera un asma ocupacional. Un ejemplo muy común es la harina de trigo, que puede producir asma ocupacional a la persona que trabaja en el molino, así como también a la persona que manipula la harina en panaderías y pastelerías. Si nos enfocamos en la comunidad aledaña a un molino, lo cierto es que existe en el ambiente una cantidad tan alta de distintos elementos que provocan alergias, que una exposición a harina de trigo, aunque no sea prolongada ni próxima, puede terminar generando un asma.

Abril 2017
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