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José Miguel Piquer, Vicerrector de Tecnologías de la Información de la Universidad de Chile:
“Los TI logramos que el mundo siguiera funcionando a pesar de las restricciones propias de la pandemia”

A fines de agosto, la Universidad de Chile presentó oficialmente su nueva Vicerrectoría de Tecnologías de la Información (VTI), orientada a potenciar la transformación digital en la administración y la academia, y actuar como un agente de cambio aplicando innovación en TI. José Miguel Piquer, quien lidera la unidad, reflexiona sobre la misión de esta y cómo la pandemia ha marcado un punto de inflexión en la mirada que se tiene de la tecnología.
José Miguel Piquer.

¿En qué visión se enmarca la creación de esta Vicerrectoría?
Es un tema que veníamos conversando hace varios años dentro de la universidad y que era parte de lo que queríamos hacer con el Rector, por lo que diseñamos y planificamos cómo concretarlo, y la pandemia, que precipitó el paso hacia una universidad con gestión y clases online, aceleró la toma de decisiones en este sentido, al demostrar lo clave que ha sido la tecnología en este período de crisis.

Como VTI, nuestro camino es apurar la transformación digital y repensar cómo apoyar a la universidad en los desafíos que nos imponen los cambios a nivel global. Y esto no solo se trata de generar más y mejor infraestructura y software que funcionen y solucionen problemas, sino que de innovar.

¿Contar con una Vicerrectoría TI implica que la tecnología ha “subido” como actor estratégico?
El concepto esencial, que además implica a toda la industria y organización, es que el encargado de TI en la empresa tiene que estar en la mesa de discusión del directorio como actor estratégico. Antes, la visión tradicional era TI al servicio del negocio: la gerencia definía la estrategia del negocio y se la informaba a quien estaba a cargo de la tecnología, quien debía implementarla en términos tecnológico, pero no participaba en la discusión de futuro.

Eso, en los últimos cinco años cambió, y hoy estamos debatiendo cómo la tecnología nos transformará y cómo nuestro negocio será otro. Para eso se tiene que generar un diálogo. No se trata de poner al TI a cargo de la empresa, ni tampoco de que el gerente general tenga que ser un experto en tecnología, pero tiene que existir un diálogo de primer nivel entre los dos, y eso no es sencillo. Esto porque el TI, como es un mercado muy diná- mico donde la tecnología cambia muy rápido, tiende a ser una persona que sabe mucho, pero a quien el resto no le entiende, lo que hay que modificar radicalmente. El líder TI debe saber comunicar y eso requiere un cambio de los dos lados: la gente tiene que querer escuchar y él también querer que lo entiendan.

Es fundamental, porque toda la estrategia futura y la supervivencia tienen que ver con la tecnología. Y entender la evolución que se tiene que hacer implica que seamos capaces de comunicarnos todos. En ese sentido, lo más importante de poder ser Vicerrector de TI es poder estar sentado en esa mesa.

En el rol de las TI en las universidades, ¿hay un antes y un después de la pandemia?
Prepandemia, el diagnóstico inicial era que las TI habían revolucionado la vida en todos los aspectos; no obstante, las universidades estaba situadas en una posición un poco “ambigua”. Internet nació en las casas de estudio y en la Universidad de Chile fuimos pioneros en muchos temas, lo que hizo que nos trasformáramos en algunos procesos muy fuertemente, por ejemplo, en la investigación, Sin embargo, el resto de la universidad: la administración, extensión, e incluso, la docencia, ha sido tremendamente conservador.

Las universidades en general hemos cambiado muy poco en esas otras áreas durante los últimos 30 años. Y la visión que teníamos con esta Vicerrectoría y que se ha ido viendo en otros países del mundo, es que ha llegado el momento en que esto deje de ser así, por lo que todo el trabajo de la institución debe pensar en su transformación digital.

Las universidades son una de las instituciones más longevas creadas por la humanidad y hoy el concepto sigue siendo muy parecido, pero en 20 años será muy distinto, tal como le ha pasado a otras áreas o negocios. Las entidades de educación superior se verán muy desafiadas en los ámbitos donde no se ha incorporado la tecnología.

La universidad, en general, siempre ha tenido el conflicto entre ser universal, de allí el concepto, y ser local a la vez, porque representa una comunidad, estando al servicio del lugar donde se ubica y generando capacidad de pensamiento local. Con la pandemia y necesidad de conectividad, se ha puesto en entredicho este fundamento, ya que al hacerla ubicua surgen interrogantes como: “¿Para qué quiero tener una universidad en cierto lugar cuando está todo el mundo en línea?”. Nuestro desafío es responder esas preguntas.

Estamos en un mundo que está apuntando a que esté todo conectado, y que yo pueda tomar cualquier carrera o grado, en mi propio idioma, ritmo, horario y desde el lugar en que prefiera. Entonces, cuando eso ocurra, ¿cómo vamos a competir y existir en este universo?, ¿cómo destacaremos? Sin duda, es un momento de interrogantes abiertas que tienen que ver con tecnología, pero también con repensar qué hará esa universidad en ese espacio-tiempo, lo que es una tarea muy importante.

La pandemia ha sido un “remezón”…
Totalmente, porque veníamos discutiendo la idea de crear esta Vicerrectoría y de repensar cómo la tecnología podía cambiar la universidad, con opiniones encontradas de si este era o no el momento de hacerlo o si habían otros temas que eran prioritarios, porque la entidad tiene muchos retos que enfrenta a nivel de país, como gratuidad, aranceles regulados, nuevas formas de enseñar, etc., a los que también debe dar foco.

Sin embargo, la pandemia limitó esta discusión, y fue un “remezón” para decir: “En realidad, sin tecnología no hubiéramos sobrevivido a esta pandemia”. La universidad no podría haber seguido operando y dando clases en un mundo donde la tecnología no hubiera funcionado. Después de los profesionales de la salud, ha sido como el “segundo héroe” de la jornada; los TI logramos que el mundo siguiera funcionando a pesar de las restricciones propias de la pandemia.

¿Cómo se proyecta la universidad en 2021, con las TI apalancando esta nueva “normalidad”?
Algunas clases probablemente se retomarán porque es imposible hacerlas online. Lo que se observa en el mundo es pensar un retorno a un sistema hí- brido. Estoy convencido de que no volveremos nunca más a nuestra versión antigua, tampoco será igual a ahora, sino que un formato de educación hí- brido, que tenemos aún que inventar y desarrollar.

Independientemente de que en 2021 se retorne físicamente a las aulas, ya no será igual, deberemos implementar medidas de protección, como clases con menos alumnos, con distancia social, y también estudiantes que asistirán a la misma clase, pero de manera remota. Ese mix entre la docencia local y remota, donde también las clases puedan ser consultadas después, debemos aprender a hacerlo bien, porque estamos en un proceso de adaptación.

¿Qué tecnologías serán fuertes en este nuevo modelo?
Creo que hay dos caminos relevantes que explorar y que deberíamos impulsar, más allá de la tecnología para las salas, y es el apoyo a las clases remotas, así como las versiones online de los cursos. Por ejemplo, será relevante generar los videos de las clases, y no solo la grabación, también aprovechar funcionalidades muy útiles que hoy existen y que permiten generar transcripciones en texto, las que el profesor podría editar, y luego ser revisadas por los alumnos, quienes podrían buscar una palabra clave para hacer clic e ir al punto de la grabación donde el docente habló específicamente de eso.

Asimismo, será necesario trabajar en transformar los cursos, que deberían tener su versión 100% online, con material, videos breves, etc., para que los estudiantes puedan aprender solos y a su ritmo.

¿Cuál es el principal reto hoy?
Pensando en la docencia, que es el área más clásica donde la universidad se va afectada por la pandemia y esta nueva normalidad, es momento de que todas las universidades pensemos qué rol nos cabe en el mundo, porque podríamos tener estudiantes en cualquier parte del planeta, lo mismo que profesores, y entonces deberíamos analizar cómo podemos proyectarnos y posicionarnos a otro nivel, por ejemplo, abrirnos a toda Hispanoamérica y luego avanzar hacia dar clases en inglés con una mirada ya internacional.

Con la pandemia vivimos un punto de inflexión, donde se abre un universo de posibilidades muy desafiantes y esa es nuestra principal motivación: pensar cómo no posicionaremos como una de las mejores universidades, no solo de Chile, sino de Latinoamérica y más.

Octubre 2020
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