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Francisco Mardones, Presidente de Chiletec:
“Chile debe convertirse en un país de creación tecnológica”

Contar con reglas claras y políticas que fomenten el desarrollo de nuevos servicios digitales, se hace imprescindible hoy cuando se debate acerca de la regulación de las plataformas electrónicas. Lo fundamental es eliminar barreras para que las tecnologías sean incorporadas e incentivar el uso productivo de estas.
Francisco Mardones.

¿Qué conceptos se deben considerar al regular una plataforma electrónica de economía colaborativa?
En primer lugar, vivimos en una era de globalización y de digitalización, lo que hace que los nuevos servicios sean mucho más complejos de regular por organismos locales en cada país.

Así también, queremos como país tener una posición de liderazgo en esta nueva economía, por lo que se requiere contar con reglas claras y políticas que fomenten el desarrollo de nuevos servicios digitales, para Chile y para el mundo.

En segundo lugar, nuestros grandes sectores económicos (principalmente relacionados con la extracción de recursos naturales y el comercio) requieren de herramientas digitales para ser más productivos. Sería lamentable que queden rezagados frente a sus competidores extranjeros.

¿Es posible generar una sola regulación sobre plataformas o se debe abordar cada una por separado?
Es posible pero no recomendable, ya que se debe separar las plataformas que se usan con fines productivos de las que se usan para el entretenimiento. Así, no es comparable aplicar un impuesto específico a Spotify o Netflix v/s uno de servicios en la nube que se usa para, por ejemplo, proveer servicios de firma electrónica o compras en línea. El uso de la tecnología para fines productivos es algo que debemos fomentar, no desincentivar.

¿Cuál es el posible impacto de esta regulación, en impuestos, sobre el desarrollo de nuevas plataformas en Chile?
El desarrollo tecnológico local tiene desafíos más importantes que los impuestos. Esperamos que un aumento de impuestos se utilice generosa y eficientemente en la formación de talento local y en la reducción de la burocracia. Necesitamos más personas con conocimiento en la creación tecnológica, ya sea por la vía de la educación formal (escolar, técnica y/o universitaria), así como por la reconversión laboral. También tenemos un grave déficit de competencia en inglés, lo que no nos permite competir de buena forma en el mercado global. Muchas de nuestras empresas hacen esfuerzos para capacitar a su equipo en este idioma, pero es una tarea lenta y costosa si la base es baja. Hacer de Chile un país bilingüe debe ser un objetivo país.

Respecto a inversionistas, el dinero se mueve hacia las oportunidades. Si hoy se invierte poco en tecnología es porque es más rentable extraer recursos naturales o construir edificios. Una vez que tengamos más casos de éxito en tecnología y un mayor número de inversionistas que comprendan los negocios digitales, estoy seguro de que el capital local se moverá hacia allá. Sería una gran ayuda que existan beneficios tributarios a la compra de empresas de tecnología, ya que en Chile prácticamente no existe una cultura -por parte de grandes empresas locales- de comprar emprendimientos digitales, pero entiendo que eso lamentablemente no está considerado en este proyecto.

¿Esta regulación podría afectar la innovación o los servicios digitales creados desde Chile?
En teoría un impuesto a empresas sin presencia en Chile debería fortalecer al ecosistema local, pero la realidad es que los jugadores globales tienen economías de escala cuya calidad y costos son difí- ciles de alcanzar por una empresa local (por ejemplo, en servicios cloud). Es mejor que nuestras empresas se enfoquen en el desarrollo de nuevas soluciones sobre estas plataformas globales, por lo que aplicar un impuesto a este “insumo” termina siendo un desincentivo.

Otro tema que se debe considerar es que podríamos llegar al absurdo de que para una empresa chilena sea mejor facturar desde el extranjero que desde Chile. Para empresas grandes instalar este tipo de mecanismos es más fácil que para las pequeñas.

Desde el punto de vista del desarrollo de industria local nos interesa que el diseño y desarrollo de productos se haga en Chile, y creo que eso se ve más afectado por factores como disponibilidad de talento y acceso de redes de negocios en el extranjero que por impuestos especí- ficos a los servicios digitales.

¿Qué pasaría con la inversión extranjera en nuestro país: Amazon, por ejemplo?
Es posible que para Amazon sea mejor facturar desde el extranjero (10%) en vez de hacerlo localmente (19% de IVA más impuesto a la utilidad por la operación local). Eso no tiene relación con el hecho de que hagan o no un data center de Chile, sino que solo modifica la forma de facturar.

¿Cómo afectaría a nivel de los usuarios de las plataformas?
Para el consumidor final es un aumento directo en el precio, lo que naturalmente puede no ser bien recibido. Para los usuarios empresariales y de productividad individual, es negativo.

¿Qué otras consideraciones o impactos importantes plantea la regulación de plataformas electrónicas?
Nos parece muy interesante la creación de la defensoría del contribuyente, ya que para muchas empresas el sistema tributario es complejo y asimétrico en su relación con el SII. También vemos con buenos ojos la digitalización obligatoria de la boleta electrónica, aunque no tenemos clara la situación de los comercios donde la cobertura a Internet en baja o nula, en caso de que la emisión se haga en línea.

Además, se debe estimar si la capacidad y resiliencia de las redes de datos será suficiente para soportar un eventual aumento de demanda. Imagino que el Ministerio de Hacienda y Subtel han trabajado esos temas.

¿Cuál es el modelo de economía digital al que debiéramos apuntar?
Chile debe convertirse en un país de creación tecnológica. Nuestros ciudadanos deben ser funcionalmente competentes en el uso de la tecnología para su día a día y nuestros empresarios deben insertarse totalmente en las redes globales de negocios. Tenemos muchos casos de empresas que logran exportar tecnología y servicios a nivel global, pero esto debe ser masivo, y aún estamos lejos de eso. Desde nuestro punto de vista, Chile no tiene oportunidad de ser un país desarrollado si no logra ser un creador y exportador de tecnología.

Noviembre 2018
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