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Eficiencia Energética en edificios

El calentamiento global ya está afectando a diferentes sectores productivos y de servicios, desde la agricultura y la ecología hasta la industria y el turismo, lo que nos obliga a asumir diferentes estrategias para adaptarnos mejor a este nuevo escenario, instalándose desde hace unos años en nuestro país el concepto de Eficiencia Energética. En esta oportunidad, veremos cómo este concepto se aplica a los edificios.

En nuestro país, uno de los sectores donde mejor se puede aplicar la Eficiencia Energética (EE) son los edificios, los que -según expertos internacionales- son responsables a nivel mundial de entre 25% y 35% de las emisiones de CO2. En contrapartida, y de acuerdo a estos mismos expertos, los edificios nos ofrecen múltiples instancias para implementar estrategias de Eficiencia Energética efectivas y con costos abordables, las que se pueden traducir en una disminución del 11% de toda la demanda energética.

Las estrategias de Eficiencia Energética en edificios comprenden tanto la construcción como la rehabilitación de las edificaciones, otorgándoles no solo una menor demanda, sino que además una mayor autonomía en el uso de energía. Para ello, existen básicamente tres líneas de acción:

Reducir la demanda energética: se relaciona directamente con la envolvente térmica, es decir, se trata de técnicas de construcción y materiales que afectan la fachada, los vidrios, las techumbres, suelos y cubiertas del edificio. Su propósito es reducir el consumo energético garantizando una temperatura y humedad internas de confort durante todas las estaciones del año, otorgando la mayor hermeticidad posible al edificio, evitando la pérdida o adquisición de temperaturas no deseadas por transmisión. Dicha hermeticidad permitirá ahorros importantes de la energía que empleamos al disminuir el uso de elementos para regular la temperatura a través de sistemas de refrigeración o calefacción. Asimismo, una adecuada orientación del inmueble nos permitirá una reducción en la demanda de energía, por ejemplo, al elevar los niveles de iluminación natural en intensidad y tiempo.

Esta estrategia se denomina “pasiva”, ya que es propia del diseño, orientación y materiales de la construcción, sin que tengan que mediar mayormente acciones de sus moradores.


Aumentar la Eficiencia Energética de las instalaciones: es una estrategia activa, ya que depende de las acciones concretas que tomen sus moradores. Esta se relaciona básicamente con el racionamiento en el uso de algunos recursos o el empleo de determinadas tecnologías.

Un ejemplo es el uso más eficiente de los sistemas de iluminación con sensores que no solo miden la luz natural disponible, sino además detectan la presencia de personas en espacios como pasillos, escaleras o estacionamientos. Lo propio ocurre con sistemas de ventilación y calefacción vinculados a plataformas de monitoreo y accionamiento automático, los que, si bien pueden tener un alto costo inicial, son altamente rentables en el tiempo, pues logran disminuir los costos de consumo eléctrico al regular más eficientemente los tiempos de encendido y apagado. También cabe recordar los sensores que permiten detectar rápidamente fugas de gas o consumos anómalos de electricidad por parte de equipos y maquinarias, posibilitando tomar acciones oportunas para atacar la falla, evitando consumos innecesarios y accidentes.


Aumentar el uso de energías renovables: en esta, el énfasis está puesto en contar con nuevas fuentes de energía, renovables, más limpias y de bajo costo para que estas cubran, al menos parcialmente, los requerimientos de energía. Un ejemplo es la energía solar captada a través de paneles fotovoltaicos, que se ha comenzado a masificar desde hace varios años en las construcciones de altura. Otro ejemplo lo constituye el uso de la propia basura que eliminan los habitantes de estos edificios, la que, sometida a ciertos procesos, es capaz de producir energía combustible limpia. Finalmente, el propio diseño de algunos edificios les permite captar de mejor forma los vientos que circundan la construcción para capturar energía eólica.


El aporte del IoT a la Eficiencia Energética

Para que un proyecto de Eficiencia Energética, independiente de su tamaño y alcance, tenga éxito, debemos ser capaces de garantizar algunos elementos que resultan básicos, entre ellos nuestras capacidades de “Medir”, de “Hacer disponible la información” y de “Actuar”. El Internet de las Cosas (IoT) logra hacerse cargo de estos tres elementos para simplificar su manejo.

Un proyecto de Eficiencia Energética nos obliga a medir en forma permanente una serie de variables, entre las que se encuentran temperatura ambiental, humedad, luz, presencia de personas, consumo eléctrico, flujos de aire, consumo de agua, entre otras. En ese sentido, el mercado ofrece una amplia gama de dispositivos y sensores para medir estas variables. La contribución que hace el IoT en este sentido es que recoge todas estas mediciones y las envía a una plataforma de gestión.

Además, las soluciones IoT nos permiten disponibilizar toda la información relacionada con las mediciones, simplemente accediendo desde Internet a una plataforma virtual. En dicha plataforma, no solo podemos comparar entre consumo calculado y consumo efectivo, sino que además nos permite obtener perfiles de comportamiento, detectar áreas críticas de consumo, almacenar y revisar información histórica de variables ambientales y generar alertas y reportes, entre otras funcionalidades.

Es importante señalar que, dado el impacto que está teniendo el cambio climático, es altamente probable que en un futuro próximo la certificación de sustentabilidad o Eficiencia Energética pase a ser una obligación para las nuevas construcciones de altura de nuestro país, instancia en la que disponer de toda la información para elaborar nuestro Índice de Eficiencia Energética (IEE) será un elemento crítico. Por lo tanto, la plataforma de IoT elegida deberá ser capaz de integrase con otras aplicaciones, lo que permite, por ejemplo, externalizar las funcionalidades de la plataforma para el manejo y análisis de datos.

Por último, las aplicaciones IoT nos permiten, en muchos casos, tomar acciones en forma remota y oportuna sobre los dispositivos y la edificación misma (por ejemplo, activar o desactivar las luminarias y los sistemas de ventilación y refrigeración, o la reorientación de paneles solares, entre otras).

En definitiva, los sistemas IoT nos permiten el monitoreo de todas las variables factibles de ser medidas, en tiempo real y en forma remota, permitiéndonos contar con información crítica para la toma de decisiones y tomar acciones en base a información válida y completa.


Artículo gentileza de Veto. / www.veto.cl
Enero 2020
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