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CHILE, LÍDER EN ENERGÍAS RENOVABLES
Un siglo de aprendizaje
Por Darío Morales, Director de Estudios de ACERA A.G.
El primer lugar obtenido por nuestro país en el ranking de países emergentes atractivos para la inversión en energías limpias, preparado por Bloomberg (Climatescope), es una muestra clara de que efectivamente vamos por el camino correcto.

En la actualidad, hablar de energía eólica, solar o biomasa es algo cotidiano y, por lo tanto, es muy fácil caer en la trampa de pensar que ya no queda mucho más por hacer y que solo queda esperar que estas tecnologías se sigan desarrollando por sí solas. En este sentido, es claro que para entender los desafíos del futuro es fundamental comprender el pasado.

El proceso de electrificación en Chile comenzó hacia finales del siglo XIX, siendo un gran hito la iluminación de la Plaza de Armas de Santiago en 1883 y la instalación de Chivilingo, la primera central hidroeléctrica de Sudamérica en 1897, cuyo propósito era abastecer de energía a la pujante industria del carbón en Lota. Desde los inicios del proceso de electrificación, la matriz eléctrica de nuestro país estuvo dominada por dos grandes tecnologías: la hidroelectricidad y la termoelectricidad.

Esto no cambió dramáticamente sino hasta ya comenzado el siglo XXI. La primera central de generación eólica de Chile entró en operación en 2002 en la región de Aysén, mientras que el primer parque eólico conectado al sistema nacional se puso en operación en 2007. Es decir, la energía eólica hace su aparición más de 100 años después de iniciado el proceso de electrificación del país. Algo similar sucede con la energía solar, cuya primera instalación en Chile fue en 2012, año en el que -con una potencia instalada de 1 MW- entra en operación la primera planta fotovoltaica de escala industrial de Sudamérica y la primera en el mundo construida sin subsidios. A finales de ese año, la capacidad fotovoltaica total instalada en Chile era de solo 5,4 MW.

Sin ir más lejos, según datos de la CNE, en 2006 la capacidad instalada del país estaba compuesta por un 17% de carbón, 26%, gas natural, 6% diésel y 49% hidroeléctrica. Por su parte, cifras de la Agencia Internacional de Energía muestran un panorama similar para la generación eléctrica mundial: 41% de carbón, 20% gas natural, 15% nuclear y 16% hidroelectricidad.


Las barreras a superar

Las condiciones de mercado y los cambios regulatorios en Chile permitieron que, recién a partir de 2013 (hace tan solo cinco años), comenzáramos a ver un aumento significativo de la participación de las ERNC en la matriz eléctrica.

Por más de 100 años nuestro sistema eléctrico, la regulación, el mercado y sobre todo los ingenieros eléctricos, nos hemos preparado para diseñar y operar sistemas basados en centrales hidráulicas y termoeléctricas. Como consecuencia de lo anterior, la irrupción de las ERNC desafió el status quo y, por lo tanto, el cambio que debemos hacer es profundo. Y no se logra de la noche a la mañana.

A pesar de los importantes avances en la penetración de ERNC que hoy alcanzan el 18,2% de la matriz eléctrica, aún existe un sinnúmero de barreras regulatorias, de mercado y también culturales que deben ser abordadas. Como en todo proceso de adopción de nuevas tecnologías, con las ERNC hemos sido capaces de aprovechar los llamados “frutos tempranos”, teniendo la posibilidad de lograr que un 20% de la generación eléctrica provenga de estas tecnologías, incluso varios años antes de lo planificado. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, a medida que la tasa de penetración ERNC aumente, cada punto porcentual adicional será cada vez más difícil de obtener.

Desde esta perspectiva, el análisis de Bloomberg que sitúa a Chile como Top 1 para la inversión en energías limpias, entrega una guía de los esfuerzos que debemos realizar para seguir en esta senda. Este ranking destaca que, más allá de las buenas y constantes calificaciones que obtiene nuestro país en términos macroeconómicos, la verdadera palanca para atraer más inversiones en energías renovables es la política pública. Sin una política pública amplia, que apoye de manera decidida un proceso paulatino -pero sostenido- de descarbonización de la matriz, no será posible seguir manteniendo una posición de liderazgo mundial en materia energé- tica. Solo así lograremos reemplazar más de 100 años de uso de centrales que operan con combustibles fósiles.

Abril 2019
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