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GESTIÓN ENERGÉTICA
La combinación más eficiente entre productividad, sustentabilidad y capacidad de competir
Por Equipo de Prensa de Revista ElectroIndustria
Cada vez más empresas están optando por implementar Sistemas de Gestión de Energía para monitorear y mejorar sus consumos energéticos. Una estrategia que asoma como muy atractiva en un mundo donde una actitud ambientalmente responsable hoy está en boga, así como la necesidad de hacer más competitivas a las empresas.

Según la definición del Ministerio de Energía, un Sistema de Gestión de Energía (SGE) es el conjunto de elementos de una organización, interrelacionados o que interactúan entre sí, con el objeto de asegurar una mejora continua en el uso de energía a través de procedimientos y métodos establecidos.

A nivel local, los SGE han ido cobrando cada vez más relevancia; un ejemplo de esto, es que la Asociación Nacional de Empresas de Eficiencia Energética (Anesco Chile) considera a la gestión de la energía como una herramienta muy valorada, y la han promovido para que la Eficiencia Energética (EE) sea la norma o el mínimo principal en las decisiones de energía de cualquier organización, especialmente en aquella de altos consumos.

“Idealmente nos inclinamos por un estándar internacional, pues vemos que los servicios energéticos no son solo locales, sino que los estamos exportando, y eso debe ser validado bajo una misma óptica”, explica Mónica Gazmuri, Gerente General de Anesco Chile.

Las soluciones de gestión energética actúan como un modelo sistemático, asegura la ejecutiva, para alcanzar una mejora continua en el rendimiento energético, teniendo en cuenta objetivos tanto ambientales (menor emisión de gases) como económicos (más competitividad y productividad) de una entidad. A juicio de Juan Pablo Payero, Jefe de Industria y Minería de la Agencia de Sostenibilidad Energética, es preciso considerar que la mejora del desempeño energético debe ser siempre vista desde el punto de vista de la EE y del uso y consumo de energía.

“En la actualidad, el SGE es una política pública, que se ha incluido en la Ruta Energética 2018-2022, lanzada por el Ministerio de Energía en mayo de este año. Desde la agencia apoyamos su masificación y reconocemos a las empresas que han optado por ser más competitivas, productivas y sustentables, gracias a un manejo eficiente de la energía”, señala.

De acuerdo a lo que añade Ricardo Irarrázabal, Subsecretario de Energía, el SGE es el elemento fundamental del proyecto de ley de EE -actualmente en discusión en el Congreso-, para fomentar su uso al interior de las empresas energointensivas.

“A través de los SGE, se detectan e implementan diferentes iniciativas de mejora en los distintos sistemas consumidores de energía, lo que permite altos niveles de eficiencia y fortalecer la calidad y seguridad. La forma de lograr una correcta estrategia es con la implementación de una alternativa de administración que introduce elementos básicos para que exista un ciclo de mejora continua, permitiendo que se desarrollen diferentes iniciativas que perduren en el tiempo”, enfatiza.


Beneficios concretos

Para Claudio Huepe, Coordinador Centro de Energía y Desarrollo Sustentable de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Diego Portales, pueden existir beneficios directos para la empresa en términos de resultados económicos, pues se puede lograr una mayor eficiencia técnica y económica en procesos que tengan relación con energía, identificando objetivos diferentes para avanzar en una mejora continua.

“Adicionalmente, esto puede traer beneficios ambientales en la medida que se reduce el consumo y se introducen energías más limpias”, añade.

Payero señala que también hay un aumento de la competitividad, ya que, a diferencia de otros sistemas, el SGE genera impactos reales en la operación de las organizaciones que lo adoptan.

“Las empresas que hoy cuentan con un SGE en Chile reportan ahorros por más de US$87 millones al año, además de reducciones del consumo de energía en promedio de un 4,5% al año”.

Según los entrevistados, esta herramienta ofrece a quien lo implemente y mantenga de buena manera, más control y seguridad en la operación, permitiéndole también gestionar mejor sus activos y riesgos.

“Entre los beneficios directos, podemos destacar que se genera mayor competitividad y productividad; ahorro de costos energéticos; y seguridad energética. En tanto, entre los indirectos, podemos mencionar que hay una reducción de emisiones y una mejor relación con las comunidades”, enumera Irarrázabal.

Gazmuri coincide agregando que entre los logros directos están la baja de consumo y los económicos; y entre los indirectos, una mayor cohesión del grupo, más comunicación interna y la creación de una cultura de EE. “Es un proceso que se lleva a cabo por personas y cada una de ellas es clave para lograr el éxito”, señala. “Adicionalmente, se observa con frecuencia que al realizar esfuerzos de gestión de energía, se detectan situaciones anómalas en mantenimiento, producción o seguridad laboral”.


¿Externalizar o in-house?

Esta decisión dependerá mucho de la situación en la que se encuentra la empresa y de su tamaño; no es una “obligación” asumir uno u otro camino. “En ausencia de capacidades internas o de recursos necesarios, es importante contar con apoyo especializado para un buen plan y un proceso de implementación coherente y eficaz. Si se desarrollan capacidades internas, es posible reemplazar tareas del sistema de manejo por equipos internos, siempre buscando mayor eficacia. No obstante, empresas grandes y con experiencia pueden beneficiarse de una mirada externa que colabore con la sofisticación de las acciones”, explica Huepe.

Salvo en casos particulares en los que la energía no sea un aspecto relevante en la producción de la industria, es la propia organización la que debe liderar la gestión y mantener la operación diaria, dice Mónica Gazmuri. “La participación de consultores expertos es recomendable como acompañamiento en el diseño de la estrategia, en la fase de implementación y en actividades técnicas como modelado del comportamiento energético de procesos”, comenta.

En general, los expertos señalan que los procesos de EE deben ser transparentes, y no puede ser una misma empresa la que implemente y mida, por ejemplo, dado que despertaría duda. Esta lógica es importante para futuros procesos de EE más globales, donde será fundamental corroborar la trazabilidad de los certificados blancos.

“La realidad de cada entidad es diferente en cuanto a tamaño, organización y consumo, por tanto, cada una debe evaluar ventajas y desventajas de contar con una administración interna o externa”, afirma Irarrázabal. “Sin embargo, lo ideal es que una entidad cuente con capacidades necesarias para mantener un ciclo de mejora continua que perdure en el tiempo, ya sea de forma externa o interna”.

Si bien no hay recetas para realizar o implementar un SGE, es importante señalar que es imperativo asegurar que los conocimientos se queden dentro de la empresa, ya que, de lo contrario, difícilmente se tendrá una estrategia que sea sostenible en el tiempo. “Definir a un responsable de la gestión es fundamental, y se debe entregar el apoyo para que sea él quien lidere”, acota Payero.


Normas y recomendaciones

La Norma ISO 50001 es el estándar internacionalmente utilizado. Actualmente en Chile, existen 27 empresas que tienen un SGE certificado tipo ISO 50001, las que han logrado reducciones de consumo energético en torno a 12% respecto a su línea base o desde su implementación. Payero sostiene que la Agencia de Sostenibilidad Energética ha promovido la implementación y certificación de SGE en el marco de esta norma, “la que ofrece un modelo estandarizado, efectivo y fácilmente integrable a otros sistemas, para que las compañías mejoren su desempeño energético, sean más competitivas, productivas y sustentables”.

La implementación de este estándar internacional pretende guiar a la disminución de las emisiones de gases efecto invernadero y de otros impactos ambientales, así como a la reducción de costos a través de un manejo sistemático. “El sello de EE del Ministerio de Energía es un reconocimiento oficial a las organizaciones que hacen esfuerzos en esta materia. Existen acreditaciones internacionales para profesionales expertos en gestión, como el CEM (Certified Energy Manager)”, explica Gazmuri.

En cuanto a las recomendaciones, Huepe afirma que para que un SGE funcione es fundamental que haya un compromiso desde la dirección de la empresa. “Lo tanto, lo primero es establecer políticas y objetivos claros respecto a la energía”, sentencia.

Por su parte, Irarrázabal añade que la principal recomendación es tener un gestor energético capacitado y empoderado al interior de la entidad. “Solo de esta forma se podrán llevar a cabo diferentes proyectos de EE que impacten positivamente en la productividad energética y, a su vez, se mantenga un ciclo de mejora continua”.

Payero afirma que la implementación de un SGE debe siempre ser pensada a la medida de cada organización y que depende del compromiso de todos los niveles de la firma; es por eso que la alta dirección debe siempre comprometerse en primer lugar con la administración energética, asignando recursos, responsables y encargándose que la EE sea uno de los pilares vitales.

“Aquellas organizaciones sin experiencia deben partir por conocer su situación. Una buena herramienta es realizar una auditoría energética orientada a soluciones de gestión. También deben hacer un esfuerzo en mejorar sus sistemas de medición”, concluye Gazmuri.

Noviembre 2018
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