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ILUMINACIÓN INDUSTRIAL PÚBLICA
Una evolución hacia la eficiencia energética y la seguridad
Por Equipo de Prensa de Revista ElectroIndustria
Los avances de la iluminación han permitido eliminar las limitantes de la luz natural. Hoy es prácticamente imposible pensar nuestra vida sin la luz artificial. Las consecuencias de los recientes y prolongados cortes de energía eléctrica en varias comunas del país dan cuenta de ello.

Se estima que el alumbrado público nace en el siglo XVI en Francia, cuando los vecinos se organizaban para tener iluminación vial. En 1807, el inventor Frederick Albert Winsor fue el primero que iluminó una avenida con farolas de gas; un farolero recorría todas las noches encendiéndolas y las apagaba a la mañana siguiente. Desde entonces, la industria y la tecnología han evolucionado considerablemente: desde 2010 a la fecha, se ha experimentado un recambio de luminarias de uso público, tanto peatonal como vial, por nuevas luminarias basadas en tecnología LED, que tienen una mayor vida útil (aproximadamente unas 50 mil horas) y optimizan la eficiencia energética.

“En Chile, la iluminación pública peatonal y vehicular está migrando hacia la luminaria LED, por los ahorros que ella representa. Indicadores del Ministerio de Energía muestran que un 10% del uso de energía eléctrica es alumbrado público”, explican Rodrigo Pinto Palma, Profesor de Electricidad, y Luis Camilla, Director de la Carrera Ingeniería en Electricidad, ambos de DuocUC sede San Joaquín.

Respecto a la iluminación en la industria, los docentes explican que las luminarias utilizadas siguen la misma evolución que el alumbrado público o vial, comenzando con las lámparas de gas hasta los actuales recambios de LEDs. “Los niveles de iluminación industrial dependen de las labores que se realizan y están establecidos en la NCh 4, de 2003”, agregan. Robert Schacht, Ingeniero de Proyectos Agencia Chilena de Eficiencia Energé- tica (AChEE), precisa que hoy en día pueden distinguirse dos tecnologías de iluminación: las incandescentes y las luminiscentes (la que a su vez se separa en dos subsegmentos: fotoluminiscencia y electroluminiscencia). “Las lámparas electroluminiscentes, como las LEDs, son las que actualmente se están posicionando fuertemente en el mercado gracias a su alta eficiencia y vida útil. Sin duda, hoy esta tecnología de iluminación es la más competitiva dentro del mercado”, indica.

Pamela Padruno, Arquitecta y Máster en Iluminación, sostiene que los LEDs efectivamente son una tecnología que permite grandes ahorros de consumo, siempre y cuando se hable de una solución profesional o certificada. “Desafortunadamente, en Chile se encuentran en el mercado LED señaléticos en formatos de aplicaciones de iluminación profesionales que no tienen la reproducción, eficiencia, y duración de los diseñados para uso profesional; y es aquí donde nace la desconfianza de las personas hacia estas aplicaciones”, comenta.


Tendencias

Por su parte, Anamaría Lisboa, Decana de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Paisaje de la Universidad Central, sostiene que tanto en el ámbito industrial como en el alumbrado público el foco está puesto en racionalizar el consumo de energía. “En el segmento industrial son fundamentales aquellas luminarias con buena reproducción cromática y de alta eficiencia, es decir aquellas de bajo consumo, de mayor vida útil, baja mantención y que, a su vez, permitan generar buenos ambientes de trabajo en términos de confort y seguridad”, añade.

La arquitecta agrega que, en el alumbrado público, el concepto de seguridad es fundamental: “En ese sentido, las luminarias han ido evolucionando hacia las que nos permitan hacer más visibles los espacios y recorridos, que entreguen iluminación uniforme y que eviten la contaminación lumínica”, detalla.

De acuerdo a Patricio González, Docente del Área Electricidad y Electrónica en INACAP Santiago Sur, lo que se está observando en la actualidad, tanto en alumbrado público como en la industria, va hacia la iluminación eficiente, de la mano de la tecnología LED. “En nuestro país se están desarrollando varios programas de recambio masivo en el alumbrado público (de HID a LED) para distintas comunas, avalado por la AChEE”, señala.

Como afirma el académico, ya no solo basta con presentar y desarrollar un proyecto de iluminación funcional para la industria, sino que también “se exigen estándares de eficiencia y performances de nivel superior”.

Coincidiendo con lo anterior, Schacht postula que la tendencia del alumbrado público es precisamente utilizar LED, pues es más eficiente, tiene mejor reproducción de color y mayor vida útil que el actual sodio de alta presión. “Además no contiene elementos tóxicos”, detalla.

Hoy existen soluciones LEDs para todas las aplicaciones de iluminación tradicional. Los altos desempeños en luz blanca han permitido ahorros cada día más relevantes, en todas las áreas: industrias, calles, oficinas, tiendas, museos, entre otros. En exteriores, se pueden ver soluciones de iluminación de fachada que son altamente rentables, debido a su bajo consumo, control óptico y versatilidad, entre otras variables. “Podemos ver varias implementaciones de iluminación en vías públicas dentro y fuera de Santiago, incluso en túneles como los de Costanera Norte o el que une Santiago con Viña del Mar, entre otros, donde es posible apreciar varias opciones de luminarias LED. Estos lugares son los mejores laboratorios, en donde podemos observar las diferencias de calidad, teniendo muy buenos y malos resultados a la vez. Cada uno de nosotros puede hacer su propia evaluación”, comenta Padruno.


Sistema eficiente

Según los expertos, un sistema de iluminación eficiente siempre será aquel que equilibra requerimientos, inversión y costos operacionales, por lo que el conocimiento de las características de las lámparas es fundamental a fin de cumplir con las condiciones establecidas. “En general, la inversión en luminarias LED en la industria no tiene retorno inmediato. Sin embargo, la mejora de los ambientes laborales genera impacto en los procesos productivos, haciendo más eficiente el trabajo y disminuyendo, a su vez, los gastos operacionales”, aclara Lisboa.

Resulta importante destacar que para lograr una iluminación eficiente se debe tener en cuenta las condiciones ambientales y espaciales del proyecto y también considerar el factor humano: quién lo usa, cómo lo usa, cuáles son las actividades y qué objetivos se quieren lograr.

Por otro lado, para que la iluminación sea la más eficiente se deben considerar la fuente de luz, óptica, difusor, distanciamiento, deslumbramiento, equipo eléctrico y sistema de control. Lo más importante, a juicio de Pamela Padruno, es diseñar pensando en las personas y establecer las mejores condiciones para tener un buen espacio laboral. “Si lo pensamos bien, pasamos casi un tercio de nuestra jornada diaria o más en el trabajo”, acota. Por lo general, agrega, el ahorro del recambio de luminarias de tecnología tradicional a LED es del 30%, y se puede llegar hasta un 70% si se usa un sistema automatizado de control. Por su parte, González estima que los sistemas de iluminación modernos deben contar con al menos tres características básicas exigidas por el usuario final: debe ser un sistema de iluminación eficiente y de alto performance; flexible y controlable; y capaz de integrase al medio donde se va a desarrollar. “Con un buen proyecto o sistema de iluminación, podemos alcanzar hasta un 60% de ahorro de energía y un 90% de ahorro en mantención”, destaca.

Respecto a cómo se diferencian los requerimientos de la iluminación pública de la industrial, González afirma que si bien ambas se desarrollan bajo el mismo concepto de eficiencia y seguridad, tienen diferencias claras al momento de los requerimientos, entre los que sobresalen los alcances del nivel de iluminancia solicitado; las intenciones de generar un ambiente o atmósfera en el recinto para lograr un mayor desempeño en los trabajadores, y los tipos de productos o luminarias específicas necesarias para el área industrial.


Criterios a evaluar

Para proyectar una iluminación industrial eficiente, lo primero es investigar y estar actualizado; lo segundo es tener siempre presente que la iluminación pública e industrial son conceptos totalmente opuestos. Luego, hay que fijarse en una serie de aspectos tales como: objetivos a lograr, actividad a desarrollar, espacio a iluminar, niveles de efectividad deseados, dirección y tipo de luz (puntual, difusa o indirecta), períodos de funcionamiento, colores de luz adecuados, y sistemas de control requeridos. “Lo ideal es comenzar los proyectos diseñando un sistema óptimo para cada cual, donde se pueda plantear una solución pensada, definiendo altura, distanciamiento, que no encandilen y que la luz esté donde tiene que estar de acuerdo a la actividad”, enumera Pamela Padruno.

“Como en todo proyecto, la eficiencia energética es la variable fundamental. Junto a esto, el diseño lumínico incorpora otras variables, que son esenciales y que se relacionan con los requerimientos del proceso productivo, de modo que este se pueda realizar de manera eficiente”, comenta Anamaría Lisboa. “El bienestar de las personas, la seguridad en el trabajo y el costo operacional son los criterios que están en juego”.

Para González, los principales criterios para la evaluación y diseño de proyectos industriales pasan por tener claras las actividades a desarrollar en el recinto industrial y los recursos económicos disponibles para el desarrollo e implementación del sistema de iluminación. “Hay que cumplir además con el estándar mínimo recomendado para el recinto y saber elegir las luminarias adecuadas para el recinto a iluminar, tanto en sus características constructivas como en las de desempeño”.


Buenas prácticas

En general, la iluminación busca generar ambientes confortables, seguros y que permitan el desarrollo de las actividades de manera eficiente. En ese sentido, los estándares están establecidos, especialmente, por la función de cada lugar. “Las buenas prácticas radican fundamentalmente en la racionalización del uso de la iluminación artificial, como la incorporación de interruptores de presencia, evitar la iluminación excesiva, entender el uso de la iluminación artificial como complementaria a la luz natural en horario diurno, y el control de la contaminación lumínica, entre otras”, detalla la académica de la Universidad Central.

De acuerdo a Pamela Padruno, las buenas prácticas pasan por aspectos básicos y directos: “Ver, investigar, pensar, analizar y luego diseñar, en ese orden”. En tanto, para el docente de INACAP, los principales estándares corresponden al cumplimiento de normativas y criterios de iluminación que van enfocados principalmente en la seguridad y confortabilidad del usuario final, velando siempre por el fiel cumplimiento del diseño de iluminación desarrollado por profesionales de la materia para asegurar la fiabilidad y resultados del mismo. “No hay que olvidar que los sistemas de iluminación deben integrarse al recinto o lugar a iluminar, respetando el medioambiente que lo rodea. Una de las buenas prácticas desarrolladas en el último tiempo es transformar sistemas de iluminación tradicionales en autosustentables; por ejemplo, luminarias alimentadas por paneles solares, que permiten ser más amigable con el entorno”, concluye.

Septiembre 2017
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